domingo, 30 de diciembre de 2007

Si el tiempo no fuera así


Deberías mentir menos y no ser tan intempestivo. Así mínimo sabría a que atenerme. Seguramente es imprudencia o distracción, no quieres pero causas daño sin desearlo. Cuando corres con esa demencia que te caracteriza de izquierda a derecha haces imposible lo mortal y duele.

No me malinterpretes. No quiero vivir mil años. Ni siquiera conservar mi cabello en tono obscuro. Te pido en cambio, que camines. Que le des la oportunidad a ese atardecer de abril de durar un segundo más. No seas tan exacto, dale valor al acto... que nos ves que me mata ver que pasan las mañanas y sigo aquí.

Tiempo, tiempo, tiempo.
Nunca estás de mi lado.
Tiempo para enamorarme, escribir y disfrutarte.
Tiempo pa’ tranquilizarme, que mi alma angustiada no aguanta que los segundos huyan en retirada.

Me pone triste que un suspiro dure más que un beso, aunque sea un momento olvídate de mi y pasa de largo.

Que me voy, me voy, me voy....


- escrito una noche antes de que el tiempo vuelva a girar 360°

jueves, 27 de diciembre de 2007

Las flores no tienen la culpa

Parece mentira que las horas de planeación y los días para tomar valor hayan llegado a su fin de forma tan repentina y resultados tan nefastos. Sigo sin saber de dónde saco el animo para cometer siempre alguna idiotez que le impida realizarse del todo a mi corazón.

1. Semanas atrás...


Y es que ella dista mucho de ser una chica común. Ni su personalidad ni su belleza podrían considerarse como ordinarias. La primera vez que le dirigí la palabra me sonrío, después comenzó por hacerme reír; semanas después, la noche ya tenía su nombre. Todo éste lío surgiera por un ‘chismografo’ que lentamente fue desatando una avalancha de sentimientos en mi interior hasta convertirlo en una ola de deseo irrefrenable por ella y todo lo que constituye su mundo. Mi primer intento de romance laboral no pudo haber comenzado mejor, ni terminado peor.

Con el paso de los días me volví el más detallista, el más atento, el más romántico. Vigilándola a lo lejos, capturando cada uno de sus gestos y perfiles para después, en la soledad de mis tardes. Siempre buscando pretextos para ir hasta el lugar en el que te sientas y poder robarle unos segundos a una jornada que gracias a ti dejó de ser un tormento. Decidí ir más allá, provocarte con recados, mensajes y palabras llenas de los mejores deseos de perder la cabeza por ella.

Hace una semana fui con ella a Coyoacán, o más bien, la rapté con cualquier pretexto que me permitiera alargar un poco más el privilegio de estar a su lado. Como nunca mis tonterías, siempre fuera de lugar, fueron cayendo en el lugar y momento correcto provocando varias veces su risa. Pensé que no tenía nada que perder... como siempre que el corazón está de por medio, me equivoque.

2. Que las flores hablen por mi...

Se supone que me dieron unos días de descanso en el trabajo, por eso lo extraordinario era estar despierto a las seis de la mañana de hoy jueves. Yo que siempre me quejo de mi trabajo actual, lejos de aprovechar estos días de tregua gracias a las fiestas decembrinas y dormir el mayor tiempo posible, me encontraba ya vestido y con un píe en la calle.

“Sigo preguntándome cómo logras hacer
de lo ordinario, algo especial.
Cómo en cuestión de semanas has hecho
que todo se llame, huela y sepa como tú.

Semanas y ya me tienes medio loco

Conjugas inocencia e inteligencia en ti misma.
Te veo una y otra vez y la perfección de tu ser me atrapa y seduce,
me lleva por un camino del que no sé si saldré vivo,
pero que jamás quiero abandonar.

Además eres dueña de una belleza perfecta
en la que mis ojos han encontrado su adoración.
Dime, ¿cómo no quieres que éste loco por ti y me obligue a cuidarte,
protegerte y exigirme hacerte sonreír hasta el cansancio?

Ojalá y estás flores te susurren al oído las poesías de amor más bellas del mundo y te convenzan de regalarme una tarde...”

Decía la carta que escribí en una hoja de papel con dibujos del gato Garfield. Me dirigí a un mercado y en la zona de florería recorrí nervioso los pasillos en los que tantos arreglos florales terminaron por marearme. ¿Cómo saber que flores regalarle a una chica a la que se tiene la intención de robarle el corazón?. Un ramo de rosas... mejor un gigantesco arreglo integrado por diversos tipos de flores... mejor no llevo nada y dejo de hacer el ridículo.

Al final elegí un arreglo de rosas y flores rojas, finamente acomodadas en un recipiente del mismo color. Pagué por él, y con la pena de un adolescente me fui corriendo hasta mi auto. Apenas eran las ocho de la mañana. A ella le tocó hacer guardia los días que me tocó descansar... si los cálculos no me fallaban, tenía tiempo de sobra para completar mi fechoría.

A cuatro días de que el año llegue a su fin las calles de la Ciudad de México lucen libres de trafico. Llegar a mi trabajo no me llevó más de veinticinco minutos. Y ahí estaba, como un estúpido temblando de emoción y miedo en el interior del auto mientras en el stereo del auto seguía tocando el ultimo cd de Alejandro Sanz. Impulsado por un calor al que me da por llamar ‘valor’ descendí del auto y entre decidido al edificio. Me dirigí a la recepción, saludé al vigilante y le entregué aquel juego de flores pidiéndole que lo entregara en el quinto piso en cinco minutos.

Le recalqué el nombre de la victima... ‘Para Tania...’ y salí rogándole al destino que este día marcara el inicio de algo especial. Al amor hay que buscarle siempre, hasta en vacaciones.

3. Cuando se hace difícil llorar

Un compañero mandó un mensaje a mi celular diciendo que mi plan había sido todo un éxito, que todos comentaban lo sucedido y que Tania y sus amigas leían una y otra vez la carta. Llegué feliz a mi casa seguro de que haber roto la tranquilidad de uno de mis pocos días de descanso había valido la pena.

Tres horas después recibí otro mensaje en mi celular. Era de Tania. Me agradecía los enormes detalles que había tenido con ella pero también decía que no quería desilusionarme. Dos mensajes después todo quedó claro. Tania escribió que le doy mucho y que ella sólo puede brindarme su amistad... Le pregunté si acaso habría un talvez. Dijo que no era posible, pero que ‘soy grande’. Ya no quise contestarle nada más. Ocho horas después sigo releyendo cada uno de esos tres mensajes que por masoquista no me atrevo a borrar. Siento coraje y frustración, estoy cansado de perseguir al amor y que éste se escurra justo cuando comienzo a soñar que es posible. En la tarde quise llorar y no pude. Cuando la falta de amor ha secado hasta el llanto se ha tocado fondo.


4. Las flores no tienen la culpa.

Tendría que estar escribiendo sobre el final de año, los propósitos para el 2008 o cualquier otro tema más alegre y no de un corazón que ya de tan roto ha dejado de latir. Las flores no tienen la culpa de que éste como el resto de los años el desamor me haya ganado la batalla, y que sigan siendo escasos los momentos en los que el destino quiso que mi vida se vistiera de color rosa.

Ellas jamás serán culpables de que siempre me vean como al amigo maravilloso y confidente, con el cual reír y pasar el rato, pero que jamás será el hombre de sus vidas. Por eso me duele dejar ir a Tania, porque mi corazón de nuevo, iluso él, se llenó de ideas que no dejan de ser ridículas para alguien inutilizado para el amor. Sospecho que el próximo año será lo mismo pues no aprendo. Ahora mismo, estoy programando mi despertador para que suene a las 5 de la mañana y le mande un mensaje de buenos días a Tania.

martes, 25 de diciembre de 2007

No hay duda, es Navidad

Es 25 de diciembre y como cada año el ambiente está lleno de una apatía inmensa. Después de las reuniones y cenas familiares de noche buena, el día de navidad se caracteriza como el día de mayor flojera del año.

Su servidor ahora mismo se encuentra sumido en esa condición de no tener ganas ni de salir, ni de moverse, ni de levantarse, ni de nada. Es más, si supieran el esfuerzo sobrehumano que significó el ponerme de pie y llegar hasta está computadora y más aun, el ponerme a escribir, me darían un par de medallas al medito.

El consuelo siempre está en no saberse el único, por eso cuando hace un par de horas tuve que verme en la necesidad de salir y dirigirme a casa de mi abuela al clásico recalentado, respiré aliviado al darme cuenta de que el calendario no me engaña y hoy es Navidad. Las calles más desiertas que nunca hacen que está inmensa ciudad, siempre tan caótica, de miedo. Ya con la familia, me uno al ritual de los cuerpos desparramados en los sillones después de haber comido a la temprana hora de la una de la tarde. Escuchando música de fondo y las conversaciones de siempre el tiempo pasa lento-lentísimo.

Como lo que sobra es tiempo me puse a pensar idioteces, que es lo que hago cuando no tengo absolutamente nada que hacer. ¿Por qué si el 24 de diciembre todo se vuelve caótico y lleno de excitación, el ambiente al otro día parece digno de un escenario de fin del mundo?. Ayer risas, cohetes tronando por todos lados, música a todo volumen, mucha comida, mucho alcohol, regalos, abrazos, prisas, brindis. Hoy, caras somnolientas, abandono y horas cargadas de los mismos programas y películas en televisión de cada año... ¿habrá quién en estás fechas siga viendo Titanic, El Grinch, Mi Pobre Angelito o El Expreso Polar y todavía se emocione?, ¿de dónde sacan energía mis primitos, sobrinos y el resto de los niños para ser los únicos sobrevivientes al paso del 24 al 25?. ¿Por qué si como cada año, el 24 de diciembre es imposible mandar mensajes de texto por celular debido a la saturación de red, Telcel no hace nada por remediarlo?... más aun... ¿por qué esa necesidad de toda una ciudad de mandar mensajes ese día?.

Bostezo por centésima vez en la tarde y veo los foquitos multicolores que alumbran el arbolito de navidad y la ventana y puerta de mi casa, y que ya han provocado como cinco corto circuitos en un mes. A mi el monitor de la computadora me ilumina el rostro, el resto de mi casa esta en tinieblas pues mi mamá y mi hermana decidieron ver una película más (ya han visto tres y creo que va para largo) y supongo que con la oscuridad se sienten el cine. Quién sabe si estén despiertas o el sueño ya las haya vencido (yo lo estaría con ese bodrio de película española cuyos diálogos ya me tienen cansado).

Este año sentí un poco extraña la navidad. Como que no se sentía en el ambiente o se tardó en llegar. Pero ya no hay duda, tanta pereza por todos lados es símbolo irrevocable de que finalmente es Navidad. Escribiría un poco más, pero van a poner una nueva película y no quiero perdérmela.
Mis mejores deseos para ustedes en este día eterno.

domingo, 23 de diciembre de 2007

No andaba muerto...

Si mi blog y yo tuviéramos una relación sentimental, ya me habrían pedido el divorcio por abandono de hogar. O quizá ni es para tanto y cómo siempre exagero las cosas. Seis días, de domingo a domingo, fueron los que dejé a la deriva a este espacio que tanto me gusta.

Nunca, ni en la primera etapa de éste blog, ni en la actual (que en total suman ya casi dos años), habían pasado más de cuatro días sin que publicase algo. Lo malo es que siempre hay una primera vez y en esta semana, cargada de cosas, anécdotas y eventos, paradójicamente no escribí nada.

Supongo que un regaño en el trabajo, el prenderse con unos ojos de mujer, una borrachera de grandes dimensiones, un romántico viaje a coyoacán, una fiesta de graduación, una diarrea, una noche sin dormir, una fiesta en la azotea, dos intercambios navideños y muchísima confusión es lo que dejaron estos días. Y aquí está el dilema: tengo tanto que contar que me cuesta trabajo saber por dónde comenzar; y más aun, hay historias que no sé muy bien cuál fue, o cual será, su desenlace.

Generalmente uno de los problemas de sostener un blog es el encontrar temas interesantes para desarrollarlos, en mi caso el problema se invirtió.

Perdóname querido blog, por haberte dejado abandonado una semana entera sin hacerte caso ni a ti, ni a los otros espacios que suelo leer. Supongo que era hasta cierto punto dedicarme ha vivir un poco más, pues es eso más que nada, lo que hace a un buen escritor. Mejor que nadie sabes la confusión que se cierne sobre mi corazón y que es tan grande que quisiera guardármelo... aunque ya me conoces, tarde o temprano terminaré contándote todo.

domingo, 16 de diciembre de 2007

Billie Jean

“She was more like a beauty queen from a movie scene...”

A veces me olvido de su existencia. Sin embargo, sólo hace falta un pequeño instante para que ese solo de batería me introduzca de nuevo a una atmósfera que sigo considerando mística. Ayer, mientras manejaba por las calles de la ciudad la radio sintonizó ‘Billie Jean’; de nuevo, la canción me hizo estremecer.

Todos alguna vez han escuchado este sencillo de Michael Jackson incluido en su disco Thriller; no es necesario repetir que esta producción revolucionó la industria de los años ochenta, y mucho menos lo que significó para la historia de la música. Antes que hablar de récords, cifras o teorías musícales (rubros en los que por cierto me considero bastante descalificado), prefiero narrarles la manera en la una mujer seductora convertida en canción me conquistó.

No tendría más de siete años, cuando a mis manos llegó un cassette en formato Beta que contenía un especial de Michael Jackson grabado de un especial de televisión. Yo no tenía ni idea de quién era Michael ni el porque mis papás insistían tanto en que viera ese video que decían ‘me iba a gustar mucho’. No estaban equivocados, Thriller, su recomendación, resulto espectacular tanto por su duración, como por la trama y sobre todo, por los efectos visuales que ese video derrochaba de manera generosa y precisa. Lejos de darme miedo, la imagen de un sujeto delgadísimo bailando y cantando entre muertos significó el nacimiento de mi primer ídolo musical. Si la memoria no me falla, vi toda la cinta con el especial de Michael unas cinco veces seguidas, la tarde no me bastó para asimilar todo lo que el universo Jackson de un solo golpe.

Si bien el video Thriller es espectacular y punto de referencia obligado para los videos actuales, éste no fue lo que más me impactó; tampoco fue el video ‘Beat it’ con toda su tendencia al rock y un video más sencillo pero con un final inolvidable o la pequeña entrevista y reportaje de a quién en se momento me enteré, apodaban el Rey del Pop. Lo verdaderamente mágico, la canción y el video que me hicieron enganchar desde un principio y por primera vez en mi vida decir ‘qué buena canción’, fue Billie Jean.

Uno a los siete años sabe muy poco de cultura musical, en parte por lo poco que se ha vivido y en parte porque honestamente, a esa edad se tiene muchas ocupaciones mucho más interesantes que pasar larguísimos cinco minutos de nuestras vidas escuchando una canción que para colmo, está cantada en otro idioma. Teniendo lo anterior en cuenta, valoro mucho más que desde el primer instante, videoclip y canción me apresaran vaciando de mi mente cualquier otro pensamiento que no sea: Una batería, un bajo, una voz. Un sujeto de color vestido de traje negro con una camisa rosa llena de luz y cambia todo su alrededor quiere escapar con desesperación de todo y de nada. Vanguardistas encuadres y juego de tomas de cámara dividiendo la pantalla. Un detective lo sigue. Calles llenas de soledad en los suburbios de una ciudad muy norteamericana. Una escalinata en un callejón. El anuncio Neón de un hotel de mala muerte. Una cama. Un rostro desolado. Un gato.


Desde entonces se convirtió en mi canción favorita, sobre todo después de ver un video con la historia actuación de Michael en Motown vestido con un traje y sombrero de lentejuela negro y un guante blanco de diamantes. No saber de qué hablaba la letra no tenía la menor importancia. La tristeza, fuerza y melancolía, mezclada con un toque de misterio bastaban para que mi corazón latiera a un ritmo diferente cada que vez que la escuchaba. Desde entonces esa canción que quién-sabe-de-que-hablaba nunca me abandonó. Como un Traje Encantado se fue moldeando a mi figura, a mi tamaño y al peso de mi vida. Estuvo cuando en tercero de primaria me pasaba las tardes enteras pensando como pedirle a la niña más guapa de todo el salón que fuera mi novia y posteriormente, para consolarme al año siguiente en la que ella se cambió de grupo sin saber mis intenciones. No dejó de estar en esas primeras fiestas a las que asistía sin entender por qué yo era el único excéntrico al que Billie Jean le parecía lo mejor del mundo. Mi fiel canción no me abandonó cuando en la secundaria me sentía tan sólo e incomprendido como parecía sonar la voz de Michael al cantar. Aun hoy, cuando la vida se me complica por gusto o el amor parece tan ausente que me hace dudar de su existencia, la canción está allí para transformarse en lo que siento y siempre darme la razón.

Después supe que Billie Jean era el nombre de una mujer seductora, y mi canción, lejos de reducir su significado, creció infinitamente. Supuestamente, el narrador de la historia es utilizado por Billie Jean, enamorado y después engañado, no conforme ella lo hace responsable de la maternidad de su hijo. Cuando una mentira se cuenta muchas veces termina por tomarse como real, parece que eso le sucede al relator de la canción, que comienza a dudar si la mirada de ese niño es igual a la suya.

En cierto modo, las historias románticas siempre se me complican. He estado enamorado de mi propia mujer seductora y peligrosa, por la cual podría haberme condenado al mismísimo infierno de haber sido ese su deseo. Podrán pasar muchas y siempre podré darles el mismo nombre: Billie Jean.

Han pasado más de quince años desde aquella primera vez que escuché Billie Jean. En ese entonces no sabía nada de Michael Jackson ni de sus canciones. El mundo ha cambiado mucho para él y para mi. Ahora tengo sus discos cargados de canciones, listos para cualquier tarde sacarme delante de las trabas que me da la vida. Eso es lo único que importa.

Siempre he sido melancólico, por eso no es difícil que está canción me enchine la piel y a la vez sea como un puñal clavado en mi corazón, provocándome dolores insoportables pero sin la cual, no imagino vivir. En cierta forma yo también quiero escapar de un mundo que cada vez me es hostil y en el que solo el amor podría salvarme. No comprendo lo que sucede a mi alrededor. Sé que tengo luz y facultad para cambiar las cosas pero no sé muy de qué me sirve. También el destino me persigue como un detective implacable que quiere recabar pruebas de que soy algo que no quiero. A mi también me gusta la soledad de la ciudad en un atardecer nublado mientras tengo la sensación de que para bien o para mal, algo importante está por suceder.

Si siento que mi alma se agrieta ¿por qué decido volver a ese track por quinceava vez en la tarde?

“People always told me be careful of what you do
and don´t go around breaking young girls´ hearts.
And mother always told me be careful of who you love
And be careful of what you do ´cause the lie becomes the truth”

jueves, 13 de diciembre de 2007

Chismógrafo

Como lo prometí, éste blog vuelve a la normalidad después de dos semanas en las que lo único de lo que escribí fue de fútbol. Después del final feliz que ya todos conocen, sólo agregaré que esta semana me he sentido como toda una celebridad, pues desde el domingo he recibido innumerables llamadas, visitas a mi casa, mensajes al celular, mails, comentarios en mi hi5 y en el blog, todos felicitándome por el triunfo del Atlante... vaya, hasta parece que yo jugué la final. Si usted le va a otro equipo, muérase de la envidia.

Ahora sí, pasando a otros temas, quisiera lanzar la pregunta al aire... ¿alguno de ustedes se acuerda de ‘los chismógrafos’?. Si la respuesta es no, seguramente es porque o naciste antes de 1970, o peor tantito, tuviste una infancia y adolescencia espantosa.

Como no sé si el termino ‘chismógrafo’ se empleé en otros países además de México, considero justo y necesario dar una definición. Se entiende como ‘chismógrafo’ a un cuestionario de preguntas personales, destinado a ser contestado por los miembros de un circulo social, con la finalidad de que estas conozcan más aspectos de la vida de los demás miembros del grupo, gracias a la información obtenida de dichos cuestionamiento.

Ahora que releo la definición, creo que está confusa. ¡Ni modo!, en primer lugar me da mucha pereza ir por el diccionario, y en segunda, estoy casi seguro que la Real Academia de la Lengua Española no se ha dignado a incluir ‘chismógrafo’ como palabra en el vocabulario castellano.

Antes, cuando era un niño gordo (más que ahora) y estudiaba en la primaria, los chismógrafos se elaboraban en algún cuaderno y contenían preguntas cómo: quién te gusta, a quién le darías un beso, quién es tu mejor amigo, a quién no soportas, cuál es tu color favorito, etc, etc, etc. El cuadernito entonces circulaba de mano en mano entre la mayoría de los alumnos (los menos populares eran saltados cínica y cruelmente), quienes ponían su nombre y revelaban sus propios secretos, a cambio de enterarse de ‘chismes’ sobre los demás. Obviamente, la emoción de esta tradicional practica estribaba en eso, en ver como uno es catalogado por los demás y sentir, si hay suerte, la emoción de ver, siempre y cuando la pregunta no fuera de índole negativo, su nombre escrito en ese rustico medio informativo. En mi caso, lo normal era que mi nombre no figurara en las respuestas, situación que tomaba con un poco de tristeza y con un mucho de tranquilidad.

Con el tiempo, decir verdades, declarar amores y enterarse de los verdaderos sentimientos de los demás se va haciendo más complicado y más complicado. Dicen que los adultos tienden a complicar todo y uno de los motivos principales es justamente, el callarse las cosas. Pero eso sí, el chismoso que llevamos dentro, y las ganas de confesarnos siempre permanecen latentes, supongo que por eso, la idea que tuve ayer en la oficina de mi trabajo de elaborar y contestar un chismógrafo fue tan bien recibida.

Ya que todos andamos alrededor de los veinte a treinta de edad, no hubo necesidad de explicar el procedimiento a seguir, aunque eso sí, tuvimos que ver la forma de ‘modernizar’ el chismógrafo para no utilizar un cuaderno como en nuestros años mozos. Fue así como se llegó a la conclusión de que el ‘chismógrafo’ no cambia, evoluciona. ¿Alguna vez has recibido un mail-cadena con una serie de preguntas que tienes que responder y reenviar a tus contactos, para que a su vez estos también las contesten?. Eso es un chismógrafo virtual.

Por supuesto que en la oficina pensamos en el mail como medio idóneo para chismografear (el verbo existe, por lo menos en una canción). Pero el andar enviando y recibiendo correos le quitaría la emoción a tener todas las respuestas en una sola entrega; problemilla resuelto gracias al ingenio de una compañera que sugirió usar la red interna de la impresa para crear un documento de Word con las preguntas, mismo que esconderíamos en alguna de las carpetas más recónditas e inexploradas del sistema. Entre todos elaboramos veinte preguntas, entre las cuales recuerdo: Nombre; Edad; Signo Zodiacal, Color de ropa interior favorito; tienes pareja, amigo (a) cariñosa o amante; comida favorita, quién te gusta de la empresa; a quién deseas de la empresa; qué motel recomiendas; a quién matarías de sexo; alguna vez te han cachado en ‘la movida’; posición sexual favorita; a quién detestas en la empresa; a quién le das el calificativo de ‘la sabrosa sabrosura’; en que lugar de la oficina te gustaría hacerlo; eres Guadalupano; etc.

Ya sé que las preguntas o están muy tontas o muy sexuales, pero en ese momento consideramos que eran buenas. Después vino lo bueno, cada uno comenzó a abrir el documento y ha contestarlo, al cabo de un rato, lo divertido era leer las respuestas en las que había desde el típico ‘santito’ que contestaba a todo con evasivas bajo el argumento de ‘soy un caballero’, hasta los que de plano perdieron la brújula y dejaron ver al pervertido que todos llevamos dentro.

Intentando un termino medio, decidí contestar con la verdad sin parecer ni Madre Carmelita, ni violador de la Merced, mi error (o inocencia) fue haber puesto nombres en mis respuestas, por lo que ahora, a quién considero sexy, quién me gusta y a quienes detesto, entre otras cuestiones, han dejado de ser parte de mi vida privada para transformarse en un secreto a voces. Ahora, cada que una de las ‘chicas mencionadas’ pasa por mi lugar, nadie dice nada, pero siento la mirada de todos esperando que haga o diga algo ingenioso o romántico. Afortunadamente en el ‘chismógrafo’ sólo participamos una parte de los miembros de la oficina; así que ni la que me gusta, ni la que deseo y mataría de sexo participaron en nuestro juego clandestino. Lo malo, es que hoy ese chismógrafo con toda la información desapareció y ninguno de los ocho que conocíamos su existencia, sabemos qué paso con él.

Ahora soy el más preocupado, pues a los que pusieron hasta santo y seña de su vida sexual parece no preocuparles en lo más mínimo, pues repito, no pusieron nombres. En cambio yo me siento como el héroe de un cómic al preguntarse ‘¿qué pasaría si esa información cae en manos equivocadas?’. Fue divertido jugar al chismógrafo, por lo menos rompió la monotonía. Aunque presiento que muy pronto, una vez más haré el ridículo....

lunes, 10 de diciembre de 2007

Atlante Campeón


“Somos atlantistas porque soportamos la desventaja histórica que nos acompaña, el poco favoritismo, la inferioridad numérica; pero tenemos el corazón azulgrana porque consideramos que, como nosotros, pocos; y por lo tanto, si a unos les da vergüenza, a nosotros nos enorgullece.

Somos atlantistas porque preferimos transitar por el camino sinuoso; porque nos gusta facilitar lo complicado y complicar lo más sencillo... porque nos adaptamos rápido, porque si valoramos tanto la victoria, es debido a que hemos experimentado tanto la derrota; porque guardamos el festejo para ocasiones verdaderamente notables y lo hacemos de manera muy ruidosa”.

- Félix Fernández, portero y campeón con Atlante en la temporada 1992-1993.


¿Cómo empezar a escribir sobre algo que todavía no alcanzo a asimilar y que desde ayer me tiene en los cuernos de la luna?. ¿De qué manera quitarme el miedo de que de un momento a otro abra los ojos y me entere que todo no fue más que un perfecto sueño? ¿Cómo hacerle para que esta emoción y alegría me dure mucho, mucho tiempo?.

Tendrá que ser poco a poco. Convencerme que por esta vez la realidad superó cualquier fantasía será el ejercicio más dulce. Si alguien hace seis meses me hubiera dicho que el Atlante, mi Atlante, sería campeón después de hacer un gran torneo y practicando un fútbol lleno de espectacularidad y alegría simplemente lo habría llamado ‘loco’. Y eso es precisamente lo que este equipo y todos sus aficionados somos... unos locos empedernidos que siempre hemos luchado contra la corriente, aguantado burlas que lejos de amedrentarnos, no nos hace sino gritar a los cuatro vientos la pasión y el amor que sentimos por los colores azulgrana.

91 años de historia y tradición que ayer se vieron coronados con el tercer título en su historia después de vencer en el estadio Andrés Quintana Roo de Cancún 2-1 a los Pumas de la UNAM. Me gustaría relatar lo que fue el partido, lo tensó que resultó ser dominados por el rival a lo largo del primer tiempo o lo atinado de las intervenciones de Federico Vilar que una y otra vez se vistió de héroe para impedir la caída de la portería atlantista. De poder tener la tranquilidad para hacerlo, narraría la tranquilidad que tuvo el venezolano Giancarlo Maldonado para resolver la jugada que nos ponía con la ventaja de 1-0, lo paralizante que fue el gol del empate, lo reñido y épico de una batalla en la que cualquiera de los dos equipos podía resolver en cualquier jugada... de poder escribir con coherencia, relataría con mis mejores letras la belleza del gol de Clemente Ovalle a cuatro minutos del final: un disparo desde fuera del área que alejaba los tiempos extras y de paso, ponía al Atlante al borde de un sueño largamente alcanzado.

Sin embargo, veinticuatro horas después sigo siendo incapaz de hacer, escribir o pensar coherentemente. Mi mente sólo tiene cientos de recuerdos y sensaciones archivadas para toda la vida.

No fui a Cancún, pero viví el encuentro desde mi casa con la emoción de quién está en el estadio. Al silbatazo final no recuerdo si corrí, si grité o me quedé pasmado; sólo una inmensa alegría comparable a nada. Después de ver por televisión como Fede Vilar, el mejor portero de México (no sé qué diablos esperan en argentina para llamarlo a esa selección) levantaba la copa y el equipo diera la vuelta olímpica salí de mi casa rumbo al Ángel de la Independencia para festejar con mi mejor amigo Ángel y con cientos de atlantistas más el poder, a partir de hoy, ser los campeones del fútbol mexicano y con los que me abracé, grité, lloré, di la vuelta olímpica y pasé una de las mejores noches de mi vida.

Y ahí fue trepidante, cientos de banderas, de porras, de gente que como yo sienten, y muy fuerte, el amor por este equipo. Ya no había lugar para el sufrimiento que por años sentimos. Debo confesar que hace seis meses, cuando anunciaron que el Atlante se mudaba de la Ciudad de México a Cancún por falta de afición sentí que una parte de mi se moría. Hoy, con un el titulo me doy cuenta de que a este amor ni la distancia ni nada en el mundo podrá pararlo. Dicen que no había afición y ayer la hermosísima calle de Reforma se llenó de frenéticos seguidores que a pie o en sus autos hicieron de la noche una fiesta. Y no sólo aquí, en Cancún los festejos duraron hasta el amanecer, el equipo recorrió la turística ciudad caribeña en autobús y en ciudades como Guadalajara y Monterrey también hubo fiesta porque el ‘Equipo del Pueblo’ está más vivo que nunca.

Hoy no fui a trabajar, pero en cambió compré todos los periódicos y traigo puesta mi playera azulgrana. Hace unos años el equipo estaba casi muerto, hoy, con el mismo orgullo de siempre (y un poco más), grito la porra más tradicional de los Potros de Hierro del Atlante:

Les guste o no les guste, les cuadre o no les cuadre, el Atlante es su padre, y si no... ¡¡¡chinguen a su madre!!!

Gracias Pumas, por ser un dignísimo rival. Gracias a los jugadores, entrenador y directiva. Gracias a mi Papá que me enseñó a amar a éste equipo y que de seguro ahora está dando de saltos allá arriba. Gracias a toda la afición: la de siempre, a la que nos ha tocado sufrir tanto, la de la Ciudad de México, la de Cancún, la de todo México.

Gracias por existir Atlante, eres el amor de mi vida.


Después del cuento de hadas, el blog vuelve a la normalidad.

viernes, 7 de diciembre de 2007

Zombie por un día


Nunca me han simpatizado los zombies, y no precisamente porque me den miedo o se roben mi tranquilidad, no, a mi estos muertos vivientes más que otra cosa me despiertan lastima, asco, repulsión. Vagar condenados a soportar una eternidad de limosna en las noches de luna, actuar sin real voluntad, ser un vegetal andante. Por eso, cada que veo una película de zombies, mi lógica no alcanza a explicarme el porque ‘los humanos’ huyen teniendo más inteligencia, fuerza y resistencia que los tristes pedazos de cartón andante.

Ahora soy uno de ellos. Mi piel luce maltratada, uno de mis ojos esta entrecerrado y tengo la pupila roja-negruzca y el parpado entrecerrado, camino sin conciencia, intento hablar pero mis palabras son incomprensibles y mi aspecto es más deplorable que de costumbre. Sin necesidad de haber muerto o sido mordido por estos seres malditos, mi estado ‘catatonico-zombiesco’ se debe a que ayer, contrario a todo lo que yo pensaba y a todos los pronósticos, logré entrar a la final Pumas-Atlante en el Estadio Olímpico Universitario, en la que grité, salté y me emocioné tanto, que al llegar a mi casa a la 1 de la mañana, me encontraba tan exhausto que me dormí inmediatamente. Lo malo, es que hoy entre a trabajar a las 5 de la mañana, más malo todavía, es que me levante desde las 3:45 de la madrugada, y lo peor, peor, es que tengo tres días y tres noches en las que en promedio he dormido tres horas por día. ¿checaron?, puros números tres.

Además de que me duelen todas las extremidades y de que tengo la garganta destrozada por tanto grito, debo agregar que me duele el ojo izquierdo debido a que soy tan idiota que ayer al subir al auto, sin querer me piqué el ojo con el palo de mi bandera del Atlante. Nunca me había dolido tanto el ojo como en ese momento, tanto que me tardé como diez minutos en poder abrirlo de nuevo.

Para completar el look, me siento lleno de polvo debido a que cada diciembre, a mi mamá le da por ‘remodelar’ la casa y se pone a mover todo de lugar y a hacer composturas siempre innecesarias. Así, toda la semana mi casa ha estado llena de albañiles, polvo, piedras y un caos absoluto. Tuve que desconectar momentáneamente la computadora, y presiento, que con tanto polvo y movimiento el internet dejará de funcionar… así que si me ausentó más de cinco días sin publicar ya saben por qué es.

Ahora escribo desde el trabajo. Tengo sueño y dudo pase algo que me entretenga. Volteó a mi alrededor, hago alguna broma que rompa la monotonía y vuelvo a sumirme en esta batalla por no cerrar los ojos… afortunadamente salgo en media hora.

Es asqueroso sentirse así, como zombie crudo (con resaca). Pero valió la pena. El haber pasado esa angustia junto a cientos de fanáticos del Atlante. Encontrar boletos sin necesidad de recurrir a la reventa. Entrar al estadio, hacerle saber a la porra del equipo local que aunque menos, tenemos igual o más agallas que ellos. Ver al equipo de mis amores jugando el primer juego de una final que se decidirá el domingo. Gritar todo el partido hasta que la garganta ya no emitiera más sonidos. Confirmar que tenemos a Federico Vilar, el mejor portero de México y de América en nuestro equipo. Ver que no soy el único enfermo por esta pasión de toda la vida llamada Atlante.

Escribo esto en el trabajo, y aunque no debería, en mi mente sólo queda espacio para estas líneas y para las mil y un imágenes que ayer retrate en mi mente y que ahora repito una y otra vez, y que ahora, más que nunca, hacen que éste más enamorado que nunca de mi Atlante.

0-0… y todo se decide en Cancún el próximo domingo por la tarde. Pumas no pudo hacernos daño en su casa, llegó el momento de hacer historia 14 años después. Se acerca la hora de mi salida, de marcharme a mi casa en destrucción a dormir todo el día hasta el domingo con ganas de que sea uno de los días más importantes de mi vida.

Sigo considerando la locura de irme a Cancún a pesar de que sea casi imposible encontrar boletos. (aunque también lo era aquí). Como siempre, les cuento.

martes, 4 de diciembre de 2007

Maldito Ticket Master

Imaginen el momento de mayor tristeza, desesperación, enojo y melancolía en sus vidas. Multiplíquenlo por mil ocho mil y súmenle cinco... ahora tienen una idea de cómo me siento. Si leyeron el último post de éste, su blog de confianza, sabrán que el equipo de fútbol al que le voy llegó después de catorce años a una final por el titulo del fútbol mexicano. Todo sería maravilloso de no ser por el pequeñísimo detalle de que a 48 horas del primer juego aun no tengo boletos.

Cuando David Copperfield desapareció la Estatua de la Libertad, pensé no habría mayor truco de magia en la historia, hasta el día de ayer, cuando misteriosamente, más de cincuenta mil entradas desaparecieron en cuestión de segundos. Según la versión más coherente, ayer la venta de boletos empezó a las dos de la tarde en los centros Ticket Master ubicados en algunas Tienda de Mega Comercial Mexicana y en librerías Gandhi, por ahí de las 2:15 se fue el sistema por más de una hora, después volvió un momentito y a las 3:00 comenzó a correr el rumor de que los tickets estaban agotados. Ridículamente la pagina de Internet de Ticket Master no tenía información acerca de la venta de boletos, hasta que de buenas a primeras, apareció un mensaje con la leyenda ‘Boletos para la final UNAM – Atlante, agotados’ ¡¡¡¿¿¿pues a qué hora estuvieron a la venta???!!! lo mismo ocurría si uno intentaba hacerlo vía telefónica, siempre ocupado, o con diversos horarios sobre la venta de boletos y lo peor, de repente anunciaron lo mismo: boletos agotados.

En mi caso la búsqueda ha sido extenuante, pero sin resultados favorables. Ayer, desde muy temprano mi amigo Ángel y yo hemos estado hablando, preguntando y hecho fila en diversos lugares con el fin de encontrar un boleto. Ayer tan solo pasamos la tarde entera formados en la Mega Comercial de Pilares soportando la desinformación de empleados y encargados que por única vez en su vida sienten las delicias del poder. Obviamente, desde un principio supe que conseguir boletos para la final del Atlante contra uno de los equipos más populares del país sería difícil, pero no que alcanzara éste el nivel de imposible que hasta ahora parecen tomar las cosas.

Se supone que la función de la venta de boletos por vía telefónica es para facilitarle las cosas a los clientes.... ¡no pues felicidades, lo han logrado con creces!. Platicando ayer y hoy con la gente, uno se entera que nadie tiene boleto, que en todos los locales en los que supuestamente vendieron entradas la fila avanzó casi nada y que de un centro de venta los mandaban al otro. No hay que ser un genio para saber que Ticket Master y las directivas de los equipos deben tener un acuerdo con la mafia de la reventa, pues hoy en las noticias apareció el caso de un revendedor que la policía atrapó en las afueras del Estadio Olímpico Universitario y que portaba trescientos boletos. Lo malo, es que seguramente estos policial y el maldito revendedor hijo del demonio habrán terminado negociando la libertad por unas cuantas entradas.

Ahora que lo pienso bien, creo que nada ganó con insultar a la gente de Ticket Master (corruptos deshonestos disfrazados de empresa respetable), los revendedores (malditos delincuentes hijos de los diez mil infiernos) o de las autoridades (que no pueden solucionar los problemas del país, pero bien que le friegan la vida a los pobres aficionados); no, no voy a insultar a nadie (pero, váyanse al carajo), pues dudo que al hacerlo Dios diga: ahhh mira, que enojado está Gabriel, voy a mandarle de la nada un par de boletos. No, eso sólo pasa en las películas de navidad gringas y francamente las detesto.

Lo único que me queda es aceptar lo que esta pasando: que a pesar de seguir a mi equipo e ir al estadio siempre, ahora tendré que conformarme con ver el primer partido por televisión. Del partido de vuelta el domingo en Cancún, mejor ni hablamos, conseguir entradas allá es imposible. Si ya no hay boletos en taquillas, los revendedores están escondidos quién sabe dónde y ninguno de mis conocidos tiene boletos, ¿qué diablos voy a hacer? ¿alguna sugerencia?.

Supongo que a pesar de que las mayores huestes de seguidores del Atlante se encuentran en la Ciudad de México, habrá muy pocos en el estadio ¿mano negra?, quién sabe, de todas formas mi equipo les va a ganar aquí en la Ciudad y allá en Cancún, y así vengaremos todas las miradas que ayer los cientos de aficionados Pumas nos dirigían al vernos como ‘bichos raros y exóticos por irle al Atlante'.

Platicando con Ángel llegamos a la conclusión de ir a Ciudad Universitaria desde muy temprano el jueves, ofrecer no más de mil pesos por dos boletos de cabecera visitante, reunirnos con los porristas del Atlante a ver qué se puede hacer y si esas dos opciones no funcionan, regresar a nuestras casas unas dos horas antes del partido con el corazón partido pero los ánimos por el partido intactos. Con el dinero que nos ahorremos comprarnos la última playera (local y visitante) y ver el juego por televisión.

Estoy tan enojado, que creo que me convertiré en Súper Saiyajin Nivel 4.

No sé que pase... me quedan dos días para que un milagro (de esos de película gringa) suceda. Les estaré contando.

PD. Les juro que la otra semana, en cuanto pase está semana sui generis en mi vida, éste blog volverá a tratar de otros temas, además del Atlante y la final. Gracias por su paciencia.

PD2. ¿No tienen un boleto que les sobre?

domingo, 2 de diciembre de 2007

A un paso del sueño

Pocas veces el tiempo ha sido tan agónico, inexorablemente largo y a la vez, breve como un suspiro. Pocos sábados como el de ayer. Cinco de la tarde y yo como una fiera, cansado de caminar para matar el tiempo, pero a la vez tan inquieto como para estar encerrado en casa. Por eso, casi en vano intenté matar el tiempo leyendo a Kundera, en internet repasando algunos blogs o viendo sin ver algún programa de televisión. Ocho de la noche y yo en la iglesia, orando como desde hace mucho no lo hacía, pidiendo con toda la fe contenida por años en mi corazón.

Así hasta las nueve de la noche... y fue la locura.

Me acuerdo y vuelvo a vibrar, pues está historia de amor no se terminó cuando tus dueños decidieron mudarte de la Ciudad de México a Cancún hace seis meses. Hablo de ti Atlante, y sólo la vida sabe lo mucho que te amo y la intensidad con la que desde que tengo razón he vivido cada uno de tus partidos en el estadio, por radio o televisión. Siempre sintiéndome no tu aficionado, sino una parte de tu grandeza.

Dicen que todo atlantista tiene un poco de masoquista, pues irle al ‘equipo del pueblo’ en parte significa verse obligado a sufrir más penas y tiempos difíciles, que triunfos; pero quizá es por eso mismo que tras 91 años de existencia te has convertido en mucho más que un equipo de fútbol. Eres un estilo de vida, reflejo de una de las leyendas más añejas del balompié nacional, tradición e idiosincrasia de México.

Ayer, aunque la distancia me impidió estar en el estadio, me regalaste una noche inolvidable, llena de 90 minutos de tensión y después, horas de un sueño que después de casi veinticuatro horas continúa. Después de un torneo de ensueño y de pasar ante Cruz Azul en cuartos de final y vencer en la semifinal a Chivas, el día de ayer conseguiste (¿está mal si digo conseguimos?) con ese 1-0 el pase a la gran final del fútbol mexicano. Han pasado catorce años desde ese mítico 1993 en que te coronaste Campeón. Desde entonces he vivido loco esperando éste momento.

El rival será Pumas de la UNAM, rival duro pero que no debe espantarnos ni tantito, pues como siempre, el Atlante está acostumbrado a engrandecerse con éste tipo de partidos. El jueves en Ciudad Universitaria en la Ciudad de México y el domingo en Cancún, mi corazón estará en la cancha, con ustedes, pues si en los tiempos difíciles jamás les retire mi apoyo, menos lo haré ahora que me has llevado a lo más alto.

No sé cual sea el marcador final, ni si conseguiré boletos para ir al juego del jueves o en una de esas, me aventuro y me voy a Cancún el próximo fin de semana. Solo sé que hoy más que nunca estoy orgulloso de ser parte de ti, que me siento más enamorado que nunca de tus colores y que por siempre, sin importar las circunstancias, gritaré tu nombre con todas mis fuerzas.

Gracias por siempre Atlante.

jueves, 29 de noviembre de 2007

Mientras te espero



“Y eso me pone más nerviosa, sospechar que
de seguro los años te han sentado de maravilla mientras que en mí sólo han
causado estragos”


Me llamaste la semana pasada, querías que nos viéramos hoy. No lo esperaba, quizá por eso me inquieté tanto. Quién iba a decir que un encuentro casual entre dos amigos ocuparía mi pensamiento de lunes a domingo. En otras condiciones, el reencontrase con un viejo conocido no tendría porque volverse un tormento, al contrario.

Estoy parada en la entrada del Sanborns de Coyoacán. Y mientras te espero, para que negarlo amigo, pienso en ti. Me doy cuenta que esta tarde de domingo no soy la única persona que fijó como punto de encuentro el acceso a esta tienda-bar-restaurante, fácilmente somos una docena, o quizá un poco más, cada uno sumido en sus propios pensamientos. No dudo que entre nosotros, alguien espere con impaciencia al amor de su vida, o a un familiar. Hoy, tal vez alguno de los presentes declare su amor, o todo lo contrario. A veces me gustaría leer los pensamientos ajenos; así, sin problema alguno sabría por qué aquel hombre de cabello canoso revisa su reloj impacientemente, o por qué la jovencita que esta frente a mi sonríe justo cuando termina de quitarle el último pétalo a una flor que deshoja.

Se supone que tendrías que estar aquí desde hace tres minutos, ¿exagero?, probablemente no encuentras donde estacionar el auto, o el trafico... ¿en domingo?... te mantiene varado en una de las calles de la ciudad. Ahora, mientras te espero, estoy segura que no estaría tan nerviosa por tu ausencia si no hubiera llegado veinte minutos antes a nuestra cita.

Ya son cuatro minutos. Los segundos corren y como a cualquier mujer me exaspera que me hagan esperar.

Mientras te espero un par de niños pasan corriendo a mi lado, suenan las campanas de un carrito de helados y un grupo de jóvenes rodean un puesto de pulseras y artesanías. Miro a la gente que este día libre recorre este pintoresco barrio; vienen, van, se detienen, compran chicharrones con limón y salsa. Y tú que no llegas, y está bien, pues una parte de mi desearía no verte y ahorrarme así un mar de explicaciones que a mis treinta años no tendría que estar dando. Para matar el tiempo saco el espejo de mi bolsa, reviso que el labial y las sombras aun permanezcan donde deben. Me veo guapa, pero sospecho que ni todo el maquillaje podría maquillar la tristeza y el cansancio físico y mental de mi semblante.

Y así, entre pensamientos y divagaciones siguen pasando los minutos de tu retraso, que ahora son diez y que espero, sepas justificar. O mejor no. Tal vez sea demasiado paranoica para armarte un drama por nada, sobre todo si tomamos en cuenta que hace siete años que no te veo. Mientras te espero, una chica de suéter rojo que también esperaba afuera de este negocio se reencuentra amorosamente con quien a leguas se ve que es su novio. Una brisa refresca el cálido ambiente, un perro duerme debajo de una banca del parque y por cuarta vez en la tarde te confundí con uno de los muchos peatones que frente a mi pasan.

Ahora temo no recordar bien las facciones de tu cara, pero automáticamente desecho este pensamiento llamándome ‘tonta’. Te sigo esperando, y sin querer recuerdo que pasé toda la secundaria y preparatoria enamorada de ti. Entonces cometiste la estupidez de embarazar a tu novia de la universidad y casarte cuando aun no cumplías los veinte años. Mientras te espero, comprendo que desperdicié una vida mientras empeñaba mi corazón en una causa perdida. Poco a poco perdí el contacto contigo. Sé que eres un abogado exitoso y que tuviste dos hijos más, la última una niña. Y eso me pone más nerviosa, sospechar que de seguro los años te han sentado de maravilla mientras que en mí sólo han causado estragos. Te juro por mi vida que esta falda y mi blusa roja no tienen otro motivo que el verme un poco más saludable. Y si de casualidad, llegaras a encontrarme un poco más atractiva, te prometo no hacerme ilusiones. Sé que amas a tu esposa y que si en el pasado no te fijaste en mi, ahora menos tendrías por qué hacerlo.


Una pareja de ancianos compran una bolsita de pepitas. Te espero afuera del Sanborns de Coyoacán, mítico lugar donde nacen y mueren historias citadinas. Ya son doce minutos y sin querer te veo a lo lejos. Vestido casualmente, no hace falta que te acerques más para darme cuenta que te ves mejor que nunca. Temo que no me reconozcas. Me gustaría escapar pero es demasiado tarde. A lo lejos me saludas. Finalmente estas frente a mi, me saludas y abrazas cálidamente, y siento como si el tiempo se congelará tan sólo en ese instante para dos. Lo intentas, pero no puedes aparentar que mi estado físico te sorprende: lo escueto de mi delgadez y la escasez de mi cabello que intento cubrir con una boina. Me invitas a tomar un café al local más próximo. Quizá ahí, tome el valor suficiente para confesarte que desde hace años padezco leucemia. Me quedan cuatro meses de vida.

lunes, 26 de noviembre de 2007

La gripa mortal

Según el doctor el rimbombante nombre de lo que tengo es “Infección en las vías respiratorias”, aunque según yo es una gripa elevada a la novena potencia. Denle el nombre que quieran, de todas formas me siento a casi nada de abandonar el mundo de los vivos.

Todo comenzó hace dos días, cuando de buenas a primeras percibí ese ‘cosquilleo’ que antecede los resfriados. A pesar de las advertencias que mi cuerpo me daba, seguí normalmente el día con la confianza que me daba el saber que a mi las gripas poco me hacen. No sé que pasó en el transcurso del sábado al domingo (sospecho de la brujería) pero ayer desperté con dolor de cabeza, ojos y extremidades, la garganta inflamada, abundante flujo nasal y temperatura. Después de pasar toda la mañana en estado vegetativo, decidí aceptar la propuesta de mi mamá que preocupadísima llevaba horas rogándome (como si me hiciera un favor) que fuéramos a ver a un doctor.

No me gusta visitar a los doctores. A menos que realmente esté al borde de la muerte, suelo confiar en mi factor curativo mutante del que me dotó la naturaleza, antes que en la medicina. Pero en éste caso, fue mi madre sacrosanta la que me hizo reflexionar al decirme la siguiente frase llena de ternura: ‘ahora si te ves bien jodido’.

A un hombre cualquier novia, amante, esposa, amiga o conocida puede criticarle su apariencia, pero cuando quien lo hace es su progenitora la cosa cambia. Como pude me vestí y al verme al espejo lo confirme: Me veía, además de jodido, miserable, ojeroso, despeinado, con los ojos llorosos y la piel amarillenta. En calidad de cadáver fui trasladado al consultorio medico más cercano resignado ya, a que ese domingo soleado no saldría a jugar mi tradicional partido dominical con mis amigos.

El doctor me revisó rápidamente y llegó al diagnostico mencionado al inicio de éste post. Me preguntó si quería que los medicamentos fueran inyectados o tomados vía oral, y aunque la primera opción es mucho más rápida y efectiva, decidí declinar la opción de las inyecciones no por cobarde (bueno, también por eso) sino porque en mi familia la que pone las inyecciones es mi tía y madrina Rosy, y pues a mi edad no me gusta que de buenas a primeras anden viendo mis pompitas lindas.

Total, que me recetan unas gotas para la nariz, un jarabe, y dos tipos de pastillas diferentes. Se supone que una de esas pastillas me iba a hacer toser mucho para poder así sacar las flemas de mis pulmones y garganta, pero yo m pregunto en medio de mi grandísima ignorancia: ¿no se supone que fui al doctor precisamente para que me quitara la tos?.

Antes mi vida se regía por los horarios de los programas de la televisión, desde ayer me la pasó tomando pastillas a cada rato. Además, mi mamá me prohibió bañarme hoy, por lo que espero que en el trabajo nadie se haya dado cuenta que tenía más de 24 horas sin asearme. Y así estoy hoy, ya mejor aunque todavía con el cuerpo cortado (¿por qué se dirá así?), a veces dolor de cabeza, mis mocos de velorio y una tos de carcacha descompuesta que ya me tiene fastidiado.

No debí hacerlo, pero fui a trabajar. Como ya falté esta quincena, no quiero ni imaginar el daño que le haría una segunda falta a mi de por si ‘mísero sueldo’. No sé si mañana vaya a ir o no, eso depende de la “Infección en las vías respiratorias” que vive en mi y que no parece muy dispuesta a dejarme en paz.

Se supone que debo tomar muchos líquidos y no comer carne de puerco. Se supone que por ahí del miércoles ya estaré bien y que éste padecimiento es muy común por los cambios de temperatura. Será el sereno, pero yo siento que moriré y todo por una gripa mortal y desgraciada.

Dicen que es al borde de la existencia cuando uno revalora su vida. Por si las dudas les confesaré uno de mis más grandes secretos: me gustó mucho el último disco de RBD, es más, me lo compre hace justo una semana, y llámenme loco o atribúyanselo al delirio, pero noto una gran evolución en su música.

¿Ya se dan una idea de que tan grave estoy?...

Me les voy, y sin haber conocido el amor.

viernes, 23 de noviembre de 2007

La Casa Verde

Pocas veces terminar de leer un libro me ha costado tanto como “La Casa Verde” de Mario Vargas Llosa, novela a la que en parte llegué gracias a su fama de ‘ejemplar del boom latinoamericano’ y por las buenas referencias que diversos escritores y personajes de la cultura hacían de dicha obra.

Fueron más de tres meses los que me llevó recorrer esta historia que por momentos me apasionaba, a ratos me desesperaba, pero a la que nunca pude serle indiferente. Tres meses de sumergirme en un apasionante recorrido por el Perú de mediados del siglo pasado y quedar atrapado por dos de las regiones más emblemáticas del país sudamericano: La selvática amazonía peruana y la desértica Piura.

Desde el inicio Vargas Llosa pone a prueba a sus lectores con un planteamiento literario que según sus propias palabras aprendió de William Faulkner y que en mi opinión perfeccionó y dotó de un estilo propio. Lo complicado en un principio es ir atando cabos con las ‘cápsulas narrativas’ que el autor nos va soltando de principio a fin de la narración y que poseen tal independencia una de otra, que no sólo varían en tiempos, lugares y contexto, sino que además poseen diversos estilos narrativos que hacen de “La Casa Verde” un mosaico riquísimo en imágenes, tradiciones, personajes y aplicaciones del lenguaje.

Tal variedad hace difícil definir la historia dentro de la cual se sustenta toda la novela. Por supuesto, La Casa Verde, mítico prostibulo fundado por Don Anselmo ubicado a las afueras de Piura podría ser el centro de este universo en el que Vargas Llosa eficientemente nos atrapa, pero conforme se profundiza en la lectura otras historias van creciendo argumentativamente hasta ser, a veces, más grandes y apasionantes que la misma historia central: la historia de Fushía, un contrabandista de ascendencia japonesa cuya ambición por dominar comercialmente la amazonía peruana lo lleva al más trágico de los finales; las aventuras, desventuras y traiciones del grupo de cuatro amigos llamado ‘Los Inconquistables’ en La Mangachería; La vida de Bonifacia, novicia del convento de Santa María de Nieva que es expulsada de la orden religiosa y años después, termina vendiendo caricias en La Casa Verde, inmersa en un triangulo amoroso difícil de adivinar. Es, además, la narración de la vida del practico Adrián Nieves y su amor por Lalita; la historia de un sangriento crimen sin resolver o de un alegre trío de músicos.

Una anciana lavandera, un gobernador corrupto, un sacerdote y su obsesión por el pecado, un general con sed de venganza, un divertido cuarteto de soldados, la pasión oculta, un comerciante llamado Aquilino que recorre el Río, una isla escondida en el corazón de la selva, un incendio injustificado, el secreto de un amor prohibido pero inmensamente grande, una apuesta mortal en una noche de borrachera... y tantos personajes, y tantas situaciones, y tanta vida contenida en 525 páginas que después de leerlas parecen mil por la cantidad de detalles que en ellas caben.

Además, no sólo narrativamente es un festín, también el contexto en la que la novela nos sumerge es digno de destacarse. La noción que tenía de Perú como nación y de su proceso histórico se enriqueció y esclareció con la narración de Vargas Llosa, sino que me abrió nuevos horizontes que me ayudan a entender más lo que realmente son los peruanos y algunos de los conflictos que han tenido que sortear en los últimos cien años: el trafico de materias primas en su selva, la creciente urbanización de algunas zonas del país, la segmentación que existía tanto ideológica como socialmente hablando, el abuso a los grupos indígenas, y también, el calor de un pueblo que hoy más que nunca, encuentro tan semejante al mexicano. Conocí más un gran país que me enamoró, sin haber puesto un pie en él, milagros así solo los logra la literatura.

Si a principios de éste texto dije que me costo trabajo terminar éste libro no fue porque fuera aburrido, sino porque el estilo narrativo de ‘rompecabezas’ que Vargas Llosa usa (al menos en la que para mi es su obra cumbre ‘La Guerra del Fin del Mundo’ y que también recomiendo mucho) a veces no es fácil de abordar, pero una vez que uno logra captar la orientación del tiempo y espacio de la novela, la repartición de escenas se agradece y se vuelve un elemento de vital importancia para que ‘La Casa Verde’ sea un reloj perfectamente sincronizado.

La Casa Verde, a fin de cuentas, encierra un secreto. Por eso jamás fue olvidada por los habitantes de Piura, ni por quienes tengamos la fortuna de leer esta excelente novela.

martes, 20 de noviembre de 2007

Mi grandísimo problema (beautiful girl)

Lo malo de ésto que creo me está pasando, es que no hay manuales o formulas para salir ya no victorioso, sino al menos libre de heridas o sufrimiento. No obstante los miles de libros motivacionales o de ayuda personalizada que han publicado cientos de seudo escritores, la verdad es que nadie puede enseñarnos qué hacer cuándo caemos presa del amor.

Somos multitudes los que en algún punto de nuestras vidas nos hemos atrevido a decir ‘Estoy enamorado’. Sin embargo, estás multitudes raramente nos detenemos a pensar qué es realidad ‘estar enamorado’, y desde ahí empieza la complicación, pues detectar el punto exacto en el que la admiración o cariño se vuelve amor prácticamente es imposible.

Descubrirse enamorado es como descubrirse de pronto en una dimensión desconocida qué no comprendemos y cuyos límites ni siquiera alcanzamos a divisar. Flotamos sin dirección entre un continua miedo y curiosidad cuyo final ni siquiera somos capaces de imaginar. Si no tenemos ni idea de cómo llegamos a ese lugar, menos la tendremos de cómo y en qué condiciones saldremos. Por eso, si ahora mismo me preguntan cómo fue que llegué a está dimensión (sí es que verdaderamente estoy en ella) les diré con toda sinceridad que no tengo ni idea, ¿desde cuando traigo el estomago en la garganta y esa sensación de vértigo en los ojos?. A estas alturas dudo que sirva poco saberlo.

Una buena bebida, una novela seductora o una gran canción, por citar algunos ejemplo, son aquellos que al disfrutarlos ni se sienten, pasan ligeros, pero cuya sensación se queda en nuestros sentidos por semanas enteras. De esa misma manera el amor acostumbra a intoxicarnos cada una de nuestras células hasta que demasiado tarde uno se descubre desahuciado de cualquier actividad que no sea pensar en otra mirada, otro rostro, otro perfume al que, desde quién sabe cuándo, le pertenecemos incondicionalmente. Lo malo no es descubrirme contagiado del veneno toxico de ‘ella’, sino el saber qué hacer conmigo.

Siempre me llamó la atención, pero de unas semanas para acá el no saber de ella se me hace insoportable, situación un tanto estúpida si tomamos en cuenta que realmente nos vemos una vez al mes, a veces hasta menos, y siempre de forma convencional. Cada que la tengo enfrente (momento glorioso e indescriptible) quisiera decirle algo inteligente, alguna frase que cautive sus sentidos, que conquiste su corazón y presente a nuestras almas ‘si, hola ¿qué tal?, soy el alma de Gabriel y te encentro a ti, alma de mi vida, encantadora’. Parecerle maduro, interesante, sensible, con buen sentido del humor, parecerle justo y sin más, lo que ella necesita. Lo malo es que soy un idiota y, o me quedo callado o digo alguna tontería incomprensible.

Me leo en párrafos anteriores y me leo no cursi, sino cursilisimo. Sin ser un ‘doctor del corazón’ me atrevería a decir que estoy enamorado.

Tenía un buen tiempo que no me sentía así y en parte, ahí está el problema, pues por desgracia el amor no es decir “¡chin, ya ni modo, me enamoré!; bueno, no importa, amémonos y seamos felices”. En realidad, ese es apenas el principio de una serie de líos y enredos que en un sitcom estarían muy bien, pero no en nuestras vidas, donde nos gustaría que todo fuera perfecto y en dónde el fracaso no se asomara ni por error. Habrá que tener en cuenta que está batalla no depende del todo de nosotros, y es justamente esa falta de control la que nos hace trastabillar y sentir una dosis de riesgo disfrazada de ansiedad. ¿Qué significamos para la otra persona? ¿somos tan esenciales como ella para nosotros? ¿será muy pronto? ¿será muy tarde? ¿seremos los correctos para hacerle feliz?.

Justamente son preguntas las que durante las últimas noches me han bombardeado sin cesar. La gran mayoría de ellas carecen de respuestas que me acerquen aunque sea un poco a la tranquilidad que ni sé cómo perdí y la que humanamente aspiro. Porque ella me inquieta, me gusta y me hace sentir mariposas en cada uno de los nervios del cuerpo; pero ella también, en su aura sagrada de mujer cautivante, me hace sentir ridículo ante mis sentimientos.

Mi grandísimo problema no es ir y confesarle lo que siento, sino creérmela. Desvanecer con el arte de un poeta exquisito la imagen que en su ser dejó aquel que ocupaba el lugar al que hoy, aspiro ocupar con todas las ganas y empeño que pueden caber en mi 1.70 de estatura.

Le había pedido al cielo enamorarme de nuevo. Para que alguien tan complicado como yo se enamore se deben conjugar muchas circunstancias, pero una vez que pasa (como creo, es el caso) amo con todas las fuerzas de mi alma, soy capaz de volar hasta el mismo sol y posarme en cualquier estrella; mi grandísimo problema es la perdida y caída de la nube. ¿No querer seguir adelante para no sufrir un nuevo fracaso es valido?.

Dejémonos de tanta palabrería, mi grandísimo problema es que me tomo demasiado en serio al amor. Tanto que ahora mismo, mientras armo las frases más sinceras de las que soy capaz para confesarle a ella lo que en verdad siento, no puedo dejar de temblar, de armar miles de escenarios y respuestas posibles. Pedirle una oportunidad al amor y salir vivo. Supongo que por su sonrisa vale la pena.

Quizá cuando alguno de ustedes lea estás palabras, ella ya sepa lo que siento... o en el más probable de los casos, quizá aun no reúna el coraje necesario para hacerlo.

sábado, 17 de noviembre de 2007

Entre bloggeros te veas

Cuando se tiene un blog como éste, sobre todo al inicio, uno a menudo tiene la sensación de navegar solo en medio de un inmenso mar. No obstante los comentarios, que siempre son como un oasis en el desierto, siempre están latentes las mismas preguntas: ¿y si nadie me lee? ¿sirven de algo todas esas horas que invierto en escribir y que al final, nadie me garantiza que lleguen a otras personas?.

Con el tiempo toda incertidumbre queda atrás y entonces, de manera gradual se va descubriendo que dentro de lo infinito que puede ser el ciberespacio uno nunca navega solo, al contrario, se va descubriendo que muchas otras personas también están atrapadas en está loca manía de escribir. Postear y ser leído se vuelve así un circulo vicioso en el que no sólo confirmamos nuestra recién adquirida certidumbre de compañía, sino que además, permite que poco a poco vayamos rompiendo la barrera que lo virtual nos impone.

Lo anterior viene a colación porque a lo largo de esta semana tuve la oportunidad de conocer a algunos de los bloggeros más famosos de México, en el marco de la FILIJ (Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil) que como cada año, se celebra en el Centro Nacional de las Artes de la Ciudad de México. Sucede que durante toda la semana hubo varias conferencias dedicadas al tema de la creación literaria por internet y como yo, cada que hay una Feria de Libro en la ciudad es como si estuviera en Disneylandia, pues asistí a casi todas, principalmente, a aquellas que trataron sobre los blogs.

Para no hacerles el post largo (ya ven que ni me gusta) les hablaré de las dos conferencias que más me gustaron. Probablemente solo los mexicanos sabrán de que les hablo, pero alguien recuerda el reallity virtual ‘Caza de letras’ que hace unos meses promovió la UNAM y en el cual varios concursantes anónimos mantenían una competencia por ver cual de sus blogs era el mejor. El concurso tenía atractivos premios, además de un interesante sistema de competencia en el que el trabajo de los bloggeros era calificado por un jurado y sus lectores, quienes paulatinamente iban eliminándolos hasta llegar al inminente ganador. Por eso, en cuanto me enteré que Ajo Kano, Barrita de Mandarina y Kusco, finalistas del virtuality literario estarían presentes decidí acudir y conocerlos en persona.

Lo interesante, es que lejos del mundo del blog y de la parafernalia o ‘glamour’ que un concurso tan exitoso podría darles, los tres personajes (ya sin su seudónimo) resultaron ser tan desconcertante y atractivamente normales. Después de leerlos por semanas y saber casi nada de ellos, el tenerlos frente a mi con esa sensación de ‘conocer más su interior, menos que su exterior’ me devolvió la confianza en que Internet no está acabando del todo con las relaciones humanas. Lo tenía como teoría, pero ahora lo compruebo, uno puede soltar mentiritas a través de sus letras, pero no puede evitar, tarde o temprano, verse reflejado en ellas.

Supongo que eso paso con el grupo de conferencistas del jueves. Quizá al escuchar de primera intención los nombres de Tamara de Anda, Wendolin Perla y Rubén Galindo nada se nos venga a la mente. Sin embargo, si mencionamos los blogs de Plaqueta y ya, Puras Letras y El yo-mero, más de uno recordará haber oído hablar de ellos, o incluso, es uno de los miles de lectores que cada día los lee y que los han hecho de los autores más populares en la blogosfera. Yo tenía cierta noción de su fama, pero al ver que el espacio destinado a la charla con estos tres excelentes autores se llenó de fans, confirmé el verdadero alcance que un blog puede alcanzar y lo valioso de que otra persona, en cualquier parte del mundo, se tome la molestia de leerte.

Lejos de conocer a tres personajazos (plaqueta simplemente tiene un carisma que se le escapa por los poros y Wen es la chica agradable con la que podría platicar por horas), siempre será reconfortante saber que como uno, otras personas dedican buena parte a esta manía de escribir y leer. Los alcances de un espacio literario... los suponía, me faltaba comprobarlos.

Ahora sé que voy por el camino correcto.

Les dejó las direcciones de estos buenos blogs:

http://www.cazadeletras.unam.mx/
http://plaqueta.blogspot.com/
http://elyomero.blogspot.com/
http://purasletras.ciudaddeblogs.com/

¡¡¡Nos estamos leyendo!!!

jueves, 15 de noviembre de 2007

¿No soy como él?

Debe ser que el mundo sigue teniendo tantos
problemas, el motivo por el que ayer Dios te llamó para que te convirtieras en
uno de sus Ángeles.

A menudo decías, querida Tía Rosa, que me parecía mucho a tu hermano, que por cierto, era mi papá. Jurabas que soy su viva imagen, cada día el parecido era más asombroso e incluso en una ocasión me llamaste ‘mi hermanito’. Y me hacías el día, porque quizá ni tu ni nadie lo sabía, pero el que me digan que me parezco a él es el más grandioso cumplido que pueden hacerme.

Ahora mismo, a unas horas de tu partida, querida Tía, quería escribir acerca de ti y sobre ese extraño pesar del que el aire se vistió desde ayer en la noche... y sabes, no sé que decir. Probablemente te diría que efectivamente, puedo comenzar a parecerme físicamente a mi papá, pero para mi desgracia jamás seré como él. Si tuviera su inteligencia, su agilidad mental y su sentido de ver siempre lo positivo en lo peor de la vida habría sabido que decirte en aquellas tantas veces que en alguna reunión familiar nos topábamos y en las que era evidente que a pesar del esfuerzo que hacías por sonreír, no podías ni con tu alma. De parecerme realmente a mi papá, habría intentado hacer alguna broma, un comentario brillante o un pequeño chascarrillo que te hiciera reír y liberara en cierta forma y momentáneamente el dolor intenso que te paralizaba.

Decías que era como él, pero la verdad es que me falta lo más importante: saber que hacer y no perderme en ese silencio absurdo. Pero nada, tu partida me hizo darme cuenta que sigo sin saber nada de la vida, que en muchas cosas sigo siendo un niño y que hay veces en las que el miedo y las dudas me dejan congelado. Saber que desde años peleabas por tu vida, que seguías teniendo ganas de seguir en este mundo y que hasta el último momento seguiste siendo tú, me hace sentirme orgulloso de ti, y a mi un poco más alejado de lo que mi papá fue y sigue siendo.

La última vez que te vi estabas dormida en un cuarto de hospital, dude si entrar o no. Preferí dejarte descansar... hoy me preguntó si hubiera sido mejor entrar y decirte ‘algo’. ¿Ves como no soy como tu hermano? ¿Ves como ahora, ni con palabras soy capaz de encontrar algún consuelo que mandarte al cielo en una burbuja de cristal?. De ser como mi papá habría procurado ser un poquito más actor, y un poco menos publico.

En mayo de este año, en el marco de una fiesta de quince años me diste uno de los abrazos más emotivos de mi vida. No solo eras tú, era mi papá el que a través de mi te abrazaba y seguramente todo ese amor algo dejó en mi.

Ahora que tú, querida Tía Rosa, ya estás con él, quiero pedirles perdón a los dos por seguir sin saber cuando actuar como adulto, y por lamentablemente no parecerme a ustedes. Y eso, hoy me pesa en el alma.

Descansa y ríe mucho, allá, en dónde los sueños son un suspiro eterno.

lunes, 12 de noviembre de 2007

La Soledad de Manzanares (tercera parte)

4. Ella es Soledad.



Cerca de las once de la noche ‘La Yiyí’ terminará su jornada de aproximadamente seis horas de trabajo. Fue un buen día. Atendió a ocho clientes, les dará la respectiva cuota a su padrote y a la dueña de la vecindad en dónde da sus servicios sexuales y regresará a casa con casi mil pesos que ahorrará para algún día retirarse de este trabajo y quizá, formar un hogar; caminará con sus tenis Panam y su vestido rojo por Anillo de Circunvalación, atravesará la Plaza de la Soledad y jugará con mil y un pensamientos mientras pasa por las siempre inseguras calles de la Merced. Por su mente cruzará un pensamiento que considerara ocioso ‘Que cosas tiene la vida: Atravieso en soledad la Plaza de la Soledad, los hombres recurren a mí para curar su soledad. ¿No es una cruel broma del destino que Soledad precisamente sea mi nombre?’.




5. La Surrealista Realidad

Dos semanas después de mi primera visita, escribo estas líneas desde una de las cantinas de ‘mala muerte’ en el Callejón de Manzanares. Tenía que volver a comprobar dudas y reafirmar certezas. Durante los días pasados busque mucha información. En general encontré datos y más datos de la prostitución en la Merced. Cifras que se contradicen, estadísticas que no coinciden más que en la gravedad del asunto.

Estoy en el Callejón de Manzanares, escribiendo en una pequeña libreta y aun estoy asombrado. Mi maestra de la Universidad tenía razón. Uno nunca se acostumbra al surrealismo de un lugar como éste.

¿Qué esperan las autoridades del Distrito Federal para reglamentar de una vez por todas la prostitución en el barrio de la Merced?. Delegados y Jefes de Gobierno vienen, van y el sub mundo del sexo servicio sigue sin ser regulado, generando la expansión del SIDA, el aumento de la corrupción, la mafia y la delincuencia en la zona. He buscado hablar con autoridades gubernamentales encontrando siempre la misma respuesta ‘Estamos trabajando en eso’ o la ya clásica ‘esta dependencia no se ocupa de esos asuntos, mejor acuda con...’ Y así, uno recorre escritorios sin obtener al menos un poco de convencimiento de que el asunto puede mejorar. Al contrario, mientras más se escarba más realidades repugnantes saltan a la vista.




Descubrir que, por ejemplo, en las calles de Manzanares, Circunvalación y la Soledad, por citar algunas, existen hoteles que no cumplen con el mínimo de requisitos estipulados por Salubridad para operar. La mayoría de estos cuartos sólo cuentan con un catre o camastro, y un lavabo que prostitutas y clientes utilizan para asearse y orinar. Esto y más tienen que aguantar estas mujeres para ganarse la vida. La mayoría de las veces sufren la extorsión de sus padrotes quienes mediante engaños las traen de provincia, luego las explotan sexualmente, las vuelven adictas a la cocaína u otra droga para finalmente amenazarlas para que no puedan salir de la red de prostitución que unos cuantos dominan. Sobre esto hay un sin fin de casos documentados, como el de Beatriz Elena Chávez Tejas, alias ‘La Claudia’, que obligaba a varias jovencitas a buscar clientes y darle al menos 700 pesos diarios. De no ser así, ‘La Claudia’ mandaba a sus golpeadores para que las amedrentaran.

Por increíble que parezca, lo anterior no es lo peor de esta historia. Lo aterrador es lo que todos saben pero nadie documenta. Lo que todos niegan pero pasa: La prostitución infantil. Se dice que en muchos rincones de las vecindades e inmuebles de la Merced viven niños entre los siete y doce años. Se dice que se les permite dormir en algunas bodegas o cuartos a cambió de tener encuentros sexuales con los dueños. Padrotes, prostitutas y autoridades lo contradicen. Se dice que por las mañanas estos niños deben de tener la misma clase de encuentros con cargadores y comerciantes para obtener comida.

Dentro del callejón en el que escribo con mi bolígrafo negro ocasionalmente veo niños por aquí y por allá. De nuevo, todos lo negarán.






*** Tercera de 3 entregas. Todo lo descrito: lugares, situaciones y datos son completamente reales.

viernes, 9 de noviembre de 2007

La Soledad de Manzanares (segunda parte)

3. Un callejón sin ley

Hasta ese momento, si bien todo lo que había visto en la calle de Manzanares, y en general en el barrio de la Merced era bastante interesante, no podría decir que aquella experiencia fuera impactante o surrealista como mi maestra de la Universidad me había dicho.

A punto de abandonar aquella calle vino a mí la inquietud de adentrarme en el dichoso callejón que se encontraba a unos pasos del templo. Con un mero afán turístico, y un poco prendido de la mirada de aquella joven con la que me acababa de topar decidí entrar en el ‘Primer Callejón de Manzanares’.

Levemente Obscuro. Eso es lo primero que uno percibe al poner un pie en el callejón. Cinco pasos después percibes música de ‘Los Caimanes’, algunos locales en las orillas del callejón y una vecindad abandonada. Casi en automático sientes que el ambiente se torna tenso, pesado y un poco depresivo. Y ahí está la gente. Justo en medio del callejón miré a varios hombres de pie, formando un círculo, hundidos en silencio. ¿Qué hacen ahí? es algo que te preguntas y que al segundo descubres: Las miran a ellas. Más de una veintena de prostitutas que caminan en forma circular, mientras son observadas por sus posibles clientes.

Como hipnotizado me uní al ritual. Me hice un lugar dentro de los observadores y las contemplé a ellas. Algunas muy jóvenes, otras rayando en los cincuenta. Delgadas y menudas, robustas y toscas, de rasgos finos o indígenas. La variedad es sorprendente y sin querer parecer vulgar me atrevería a decir que hay ‘gallas’ para todos los gustos. Vestidos, blusas escotadas, pantalones de mezclilla ajustados. Miro a mi alrededor: la misma diversidad se observa en los hombres que las miran, y entre los que identifico cargadores y trabajadores de los comercios del barrio, jóvenes curiosos con su uniforme de secundaria pública, señores que vienen ¿o apenas van? de la oficina, padres de familia, borrachos y solitarios que como yo, esa tarde no tienen otra cosa que hacer que ir en busca del amor comprado, ese que por su misma naturaleza nostálgica y comprensiva no se le niega a nadie.

Repuesto del impacto inicial comienzo a reconocer el entorno. Aquel callejón techado cuenta con algunas cantinas en las orillas. No hay menús. Sólo cerveza y más cerveza. Esas loncherías permanecen casi solitarias. Dos o tres mesas ocupadas en cada uno de estos negocios que en realidad son grandes accesorias de aspecto lúgubre. Algunos hombres prefieren mirar desde ahí a las mujeres mientras toman, beben y hacen que la rockola no deje de escupir música de rock, cumbias y boleros.

Queriendo ocultar mi asombro por estar en un lugar así intenté poner rostro duro para ocultar así mis escasos veinticuatro años. Mientras las notas de ‘Rata de dos patas’ inunda cada uno de los rincones del tristemente célebre callejón. En medio de aquel circulo de observadores clavaba la mirada en aquellas mujeres que caminan una y otra vez con la mirada perdida; algunas solas, otras caminando en pareja mientras platican sobre quién sabe qué cosas, peregrinando eternamente sin llegada ni regreso. Metafóricamente así debe ser su vida: un callejón sin salida.

Y ahí me topé de nuevo con la joven de vestido rojo. Escuché que la conocen como ‘La Yiyí’. Supongo que me reconoció, pues me dirigió una mirada de complicidad y siguió hablando con un señor pelón y barrigón que se encontraba a mi izquierda. Minutos después ‘Yiyí’ y su acompañante parten al centro del callejón y entran por una puerta negra a una especie de vecindad habilitada como hotel de paso. En este recinto hay varios cuartos precariamente construidos (algunos tapados sólo con una sabana obscura), cuyo interior descuidado y sucio complica la idea de considerarlos lugares de placer. Una vez despachado, el cliente abandona la vecindad mientras la prostituta en turno reporta en un pequeño cuarto (construido a modo de caja para cobrar) cuánto dinero ganó y el número de ‘trabajos’ que lleva en su jornada de trabajo. Por cierto, los servicios van desde los 40 pesos.




Mujeres salen y entran con los clientes. Mientras que en el callejón el siniestro catalogo de sexo-servidoras continúa de ronda. Girando, provocando. Alguna de ellas pasa rozando con la mano la zona genital de los espectadores buscando provocarlos y convencerlos de contratarlas. Después de casi una hora en este lugar uno pensaría que termina por acostumbrarse al entorno. No es así, al contrario, cada segundo en un sitio como éste equivale a descubrir nuevas y desconcertantes realidades que el resto de la Ciudad prefiere ignorar. Descubrí así que hay varios ‘Padrotes’ aposentados en lugares estratégicos y a los cuales uno puede reconocer fácilmente por su ostentosa forma de vestir y porque la mayoría portan una pistola en el cinturón. La señora de la tienda tenía razón, el callejón de Manzanares es peligroso, en todos lados se respira esa sensación. Peligro con los padrotes siguiendo los movimientos de los posibles clientes. Peligro por la venta de droga que en ese lugar se desarrolla con la libertad y cinismo de quién vende globos en cualquier parque. Peligro por los ladrones que no dudo, acuden a ese lugar en busca de potenciales víctimas.

Una de las refaccionarías del callejón es una tiendita en la que los hombres y las prostitutas compran dulces, agua, chicles, etc. El lugar es atendido por una señora y su hija, quienes prudentemente me advierten del riego que corro si intento entrevistar a cualquiera de las sexo-servidoras. Eso explica porque este lugar, si bien es conocido por muchos habitantes del Distrito Federal, ha sido muy poco documentado. Hacerlo equivale a correr un riesgo de muerte. Entonces sucedió lo que hasta la fecha me intriga mucho más: la chica de la tienda tenía consigo a su hija, la cual no pasaba los cinco años de edad. ¿Cómo le explicará su madre a esta niña todo lo que sucede a su alrededor?, ¿A los ojos de la infancia qué significado tienen estas mujeres que son codiciadas y compradas por un rato de placer?.

Esto me intriga más que la vida de ‘La Yiyí’, más que la protección o solapamiento de las autoridades en lugares como el Callejón de Manzanares o la cantidad de delitos y violaciones a la ley que aquí se perpetúan. Un tanto asqueado siento deseos de escapar de allí. La realidad me rebasó desde hace mucho.

Antes de salir doy un vistazo a esos rostros de los hombres y mujeres que interactúan en éste callejón, todos diferentes, todos duros e inexpresivos pero con una constante... en todos ellos hay abandono, soledad, y una tristeza en el corazón que sólo poseen aquellos a los que la vida les muestra la peor cara de la miseria humana. ‘La Yiyí’ enganchaba otro cliente. Dudo que se haya percatado de mi huida.

Decidí salir por el otro costado del callejón, donde también hay algunas loncherías, cantinas y algunas vecindades que parecen en ruinas y cuya oscuridad impide mirar en su interior. En un principio supuse que eran inhabitables, o que a lo mucho podrían servir como bodegas. Eso pensaba hasta que vi a un niño de unos nueve años salir de una de estas viviendas. Intenté hacerle la plática, preguntarle cosas. Se fue corriendo al instante.

Salí del callejón, y la luz de un soleado día me recibió de golpe. Mucha gente transitaba entre puestos ambulantes. Me perdí en medio de ellos, sólo quería llegar a casa y quitarme esta opresión que sentía en el pecho.





*** Segunda de 3 entregas. Todo lo descrito: lugares, situaciones y datos son completamente reales.

martes, 6 de noviembre de 2007

La Soledad de Manzanares (primera parte)

El corazón del barrio bravo de La Merced


guarda una de las joyas arquitectónicas más impactantes de la Ciudad de México,


y un callejón, en dónde toda ley desaparece en nombre de la explotación sexual de las mujeres.






1. La Merced, barrio de la Soledad

Colgado en una de las percudidas y descarapeladas paredes del cuarto en el que vive, su viejo reloj marcará las 14:00hrs. Como cada tarde llega la hora de ganarse la vida. Tacones en mano, pues prefiere (una vez más) recorrer las siete cuadras que la separan de su lugar de trabajo con sus gastados pero cómodos tenis Panam.

De esta forma ‘La Yiyí’ (así es como la llaman, pues casi nadie sabe su verdadero nombre), saldrá de una vecindad contigua al metro Candelaria. Ataviada con un escotado vestido rojo se perderá entre una mar de gente formado por vendedores, cargadores, estudiantes de secundaria, amas de casa que realizan sus últimas compras y ancianos que piden limosna. Así son las calles de la Merced, llenas de vida, de olores a basura y mugre, de puestos de antojitos, de comercios establecidos y ambulantes en los que, al menos ella, siempre encuentra novedades de importación a precios ridículos. Quizá es lo único que disfruta de su trabajo: el ir y venir por este camino en el que todos la ven pero nadie la juzga.

Su estatura no rebasa el 1.65 de altura. Medida correcta para su delgado cuerpo. Su piel morena, combina a la perfección con sus intensos ojos negros y su obscuro cabello al hombro. Una mujer como ella podría pasar como hija de familia, sus veintiséis años no le han arrancado del rostro una cierta dosis de inocencia, característica que por cierto, la hace una de las más solicitadas en su ramo.

Sabiéndose en sus dominios, ‘La Yiyí’ se paseará de nuevo por las calles que en ese barrio, están llenas de historia y abandono. Rápidamente llegará al Templo de la Soledad, majestuosa iglesia del México Colonial. Su arquitectura de arrebatadora belleza, así como su espaciosa plaza será objeto de atención y elogios por parte de un trío de turistas alemanes que ni idea tienen de lo peligroso del lugar. ‘La Yiyí’ se cruzará con ellos, aunque no reparará en su presencia ni en la iglesia que tantas veces ha visto y que para ella no es más que un elemento del camino. En la plaza reconocerá al ‘Mollete’, uno de los jovencitos que por las tardes se reúnen en aquel sitio para organizar y repartirse las calles y rumbos en los que ese día habrán de robar.

‘El mollete’ le ofrecerá droga.

‘Yiyí’ dirá que es muy temprano, pero en cambio le aceptará un cigarrito.

Fumando su Malboro Rojo llegará a la esquina de La Soledad y Anillo de Circunvalación. En la esquina algunas colegas la verán con indiferencia. Sólo una de ellas la saludara. Así es su trabajo, las chicas de Manzanares a veces tienen diferencias con las de La Soledad. Ella pensará: No le puedo caer bien a todas; nada raro, así somos las putas.

Atravesará la avenida y caminará una cuadra más. Algún hombre se le quedará viendo. Una vez más se sabrá deseada, señal de que aun podrá vivir mucho tiempo más de éste negocio (a menos que la mate un cliente, un padrote, una enfermedad, o la tristeza). Por eso dará vuelta en la calle de Manzanares y entrará a la pequeña capilla que está en la esquina, le rezará al Señor de la Humildad, a la Virgencita de la Soledad y a San Judas Tadeo para que ésta tarde la proteja. Ahí dentro me verás.

Cinco minutos después, calzando sus tacones rojos, ‘Yiyí’ se reportará con uno de sus padrotes.






2. La Capillita de los Ladrones

Supe de su existencia gracias a una maestra de la Universidad ‘Es el lugar más surrealista e impactante en el que he estado’. Comentario que me bastó para caer preso de la más inquietante de las curiosidades, aquella que sólo se marcha cuando adoptamos al riesgo como estilo de vida. Tenía que ir, ver aquel sitio con mis propios ojos a sabiendas de la peligrosidad que conlleva encontrar la ‘Iglesia más pequeña del mundo’.

La conocí una tarde de Agosto. Dar con ella fue relativamente fácil. Apenas salí de la estación del metro ‘La Merced’, me interné dentro de una selva de puestos ambulantes de comida, fayuca, tenis, brujería, santería y discos piratas. Hipnotizado por las voces, los aromas y la tristeza de un barrio que parece trazado por el diablo, seguí caminando sin mucha idea de mi paradero. Algo tienen estas colonias del centro de la Ciudad de México que entristecen el corazón. Llegué al Anillo de Circunvalación.

- No sé si sea la Iglesia más pequeña del mundo, pero ahí una capillita, la del Señor de la Humildad a dos calles de aquí, en la calle de Manzanares. Me comentó un vendedor de pepitas.

Efectivamente. En aquella esquina, justo en el número 32 se divisa una pequeña capilla de un blanco limpio e intenso, con vivos colorados y de color mostaza. Lentamente rodeé la estructura exterior del inmueble rectangular, cuya fachada de estilo churrigueresco. Tiene dos elegantes torres estípites, un par de ángeles custodiando, una cruz, una pequeña puerta y preciosos adornos excelsamente labrados en cantera plateada que terminan por enamorar a cualquiera.

¿Quién y por qué construyó una iglesia tan pequeña?. Fue ni más ni menos que Hernán Cortés a su llegada (1519) a Tenochtitlán quien mandó a construir siete ermitas en diversos puntos del Valle de México. Sin embargo, la de la calle Manzanares es quizá la única sobreviviente. Su arquitectura actual corresponde a una remodelación del siglo XVIII.

Si exteriormente la capillita (el diminutivo se aplica en sentido literal) es una belleza, su interior lo es aún más: hay un minúsculo retablo dorado estilo barroco, un guardapolvo de azulejos azules y esculturas de la Virgen María, San José y Jesús. Por lo pequeño de sus dimensiones, en el interior caben aproximadamente veinte personas.

Una tendera del rumbo me comentó que después de la fiesta del 6 de agosto, día de su Santo Patrono, la capillita esta en remodelación, por lo que actualmente no es fácil encontrarla abierta. ‘Fue una gran fiesta la de hace unos días, desde muy temprano le cantamos sus mañanitas’, dijo la señora que amablemente me vendió un refresco en lata, y que espera que una vez terminados los trabajos de regeneración, la capillita de Manzanares vuelva a estar abierta las veinticuatro horas del día.

No obstante el rumbo en el que está erigida, el inmueble siempre ha estado impecable. Lleno de flores, con la pintura y los accesorios del lugar bien cuidados. Antes eran los vecinos quienes barrían y cuidaban el lugar, hasta hace poco que llegaron unas monjas carmelitas y ahora se encargan de ella.

“Aquí vienen a orar los ladrones, asesinos y ‘gallas’ (prostitutas) del barrio. A rezar, pedir perdón e implorar no ser atrapados por la policía”. Agregó.

Un día a la semana, los ladrones acuden a orar y se abstienen de robar por veinticuatro horas para no ser desamparados por su patrono.

Al preguntarle sobre si ésta era la Iglesia más pequeña del mundo, mi interlocutora contestó que lo ignoraba, pero que al menos, si era la más pequeña de la ciudad. Poco después, buscando información sobre la capillita de Manzanares sabría que su construcción pertenece al estilo churriguera-mexicano, y aunque es una capilla, su construcción sui-generis cuenta con todos los elementos para considerarla una iglesia: dos torres, coro alto, coro bajo y una cúpula.

Según la tendera, las ‘gallas’ (nombre que en este barrio ‘bravo’ se le da a las prostitutas y que data del siglo XVI) comienzan a llegar a partir de las dos de la tarde, se persignan, oran y la mayoría se van a trabajar al callejón.

- ¿Cuál callejón?
- El de Manzanares, ¿no lo conoce?
- He oído hablar de él ¿dónde está?
- Allá,
(señala al frente) a unos veinte pasos de ahí. Pero ‘agüas’ güero. Es peligroso.

Pagué mi bebida, le di las gracias a la tendera y le di un último vistazo al interior de la capillita. En la entrada me topé con una joven ataviada con un seductor traje rojo saliendo del templo. Cabello negro a los hombros, piel morena, delgada. Me miró coquetamente y siguió su camino hacía el callejón.


*** Primera de tres entregas. Si bien algunos nombres y hechos fueron alterados para darle al reportaje un toque más literario. Todo lo descrito: lugares, situaciones y datos son completamente reales.