martes, 30 de diciembre de 2008

Bye bye 2008

¿De modo que te vas así, sin despedirte ni nada, como si entre tú y yo no hubiera pasado nada? Se te olvida que, aunque no quieras, algunos de tus días quedarán grabados para siempre en mi existencia.

Querido 2008 te marchas pero permaneces ahí, guardadito en diferentes momentitos hoy tan indispensables para entenderme. Me hueles a un puerto de cuento de piratas, a una borrachera de julio, a una lagartija maldita, a un montón de encuentros y personas nuevas, a unos ojos de cielo que de plano no quisieron mirar hacia esta dirección, a noches de fiesta con finales confusos y a grandes compromisos. Me arrancaste sonrisas y también el sueño en noches de incertidumbre. De nuevo fuiste un montón de ilusiones que a la hora buena se volvieron nada. No es que quiera recriminarte lo que desde luego es mi responsabilidad, pero al menos admite que pudiste haberme tratado un poco mejor.

Aun así no hay rencores. Detrás de tu sombra quedan muchas historias y eso siempre será mejor a la nada. Después de todo la pasé bien y acabé divirtiéndome a mi manera. No puedo decir que te echaré de menos pero al menos en dos días podré recordarte con cierta nostalgia, como a esos conocidos que nos caen mejor una vez que ya se fueron. Así fue nuestra relación 2008, buena a secas. Por favor, lee estas líneas y vete, siento que estás viviendo horas extras.



Y a ti, que por distintas circunstancias te encuentras leyendo este blog, mi más grande agradecimiento por el tiempo y la atención dedicado a este espacio. De corazón te deseo que el 2009 sea maravilloso.

Nos leemos el otro año.

lunes, 29 de diciembre de 2008

Crepúsculo


Terminé cayendo, aunque como siempre, a destiempo. Vengo llegando de ver Crepúsculo en el cine, película basada en la novela de Stephenie Meyer, que junto con Luna Nueva, Eclipse y Amanecer, conforman la nueva saga de moda dentro del mundo literario en gran parte gracias a las ventas millonarias que estás obras han tenido.

A pesar de su éxito (o quizá en parte por él) siempre traté de mantenerme alejado de la fiebre que Crepúsculo había ido desatando poco a poco. No obstante que varios conocidos me han hablado con gran entusiasmo de esta moderna historia de amor y vampiros, su repentina comercialización nunca me dio la confianza suficiente como para ir corriendo por la novela y sumergirme en sus páginas. Aun así, sería una gran mentira no reconocer que la historia me inquietaba. Con esa consigna entre al cine hace unas horas deseando sinceramente que en primer lugar, la historia fuera lo más fiel posible al libro y en segundo lugar, que me atrapará; aun así después me viera en el dilema de comprar el resto de libros que completan la saga.

Como sería injusto e irresponsable hablar de la novela de Stephenie Meyer sin leerla, mis comentarios se limitarán a la adaptación cinematográfica. Pues bien, la verdad es que Crepúsculo me gustó. Fue una agradable sorpresa, a pesar de saber a grandes rasgos la línea narrativa la historia a cada momento me presentaba nuevos elementos que me hicieron permanecer atento durante las casi dos horas que duró la película. Supongo que el reto de amalgamar una temática amorosa con los siempre populares vampiros (temáticas abordadas hasta el hartazgo en el cine, la literatura y la televisión) fue todo un reto. Por eso se agradece que con Crepúsculo la brisa del refresco y la innovación nunca deje de estar presente.

Crepúsculo carece de esa lejanía que a menudo sentimos con las clásicas historias de vampiros, pues no ocurre en otra época, ni en castillos o alejados poblados europeos. Supongo que el espectador desde ahí comienza a conectar con el universo de Meyer. Después vienen los paisajes, los personajes predecibles pero aun así atractivos, la acción y como actor principal la historia de amor entre Bella y Edward. ¿Cómo no sentirse hasta cierto punto seducido por esa pasión acompañada de prohibición que le da un toque tan sensual a la atracción entre los protagonistas?... ¿cómo no ponerse en el lugar de los amantes atormentados cuando a todos el deseo y el impedimento por lo menos alguna vez nos ha puesto las entrañas en jaque?

Por más adolescente que quieran pintar la trama, para todos aquellos que vemos en el amor el placer del peligro está historia no tendría por qué pasar inadvertida.

Contrario a lo que me pasó con otras obras similares como con El Señor de los Anillos o Harry Potter, en las que primero leí el libro y después las vi en pantalla grande. Crepúsculo me plantea el reto de pausar la historia y esperar más de un año para ver la próxima entrega en cine o acudir a los libros y adentrarme, ahora sí, por completo, en la serie completa. El entusiasmo no me falta, yo por mi comenzaría ahora mismo si no fuera porque un par de proyectos y los libros que tengo a medias me terminarían mentando la madre por acabar con el poquito tiempo libre que me queda.

Si fuera más temprano seguramente acabaría comprando el siguiente libro para ‘ver que sigue’. Lo malo es que acaban de dar las 12 de la noche y los vampiros ya están sueltos.

jueves, 25 de diciembre de 2008

Ven a cantar, que ya llegó la Navidad

Lo escribí hace un año y lo sostengo: hoy es el día más flojo del año, ya sea por la cruda, por la desvelada, por la comilona que hace apenas unas horas (sin contar el recalentado) nos acabamos de engullir, por la nostalgia, por la alegría o por el frío.

El chiste es que hoy ni las gallinas ponen. Yo mismo había decidido tomarme el día libre del blog y no postear nada; sin embargo, hubiera sido un crimen no subir el video que tomé (de nuevo con mi celular pobre y de tercer mundo) anoche durante la cena de Noche Buena en casa de mi abuela. Todo iba muy bien… se cantó la tradicional letanía, se rompieron un par de piñatas, escuchamos canciones deprimentes de las ardillitas antiguas, comimos Sabritones, tomamos ponche y participamos en dinámicas cursis por regalos y juguetes chafas. Lo malo fue que después del brindis de la media noche mi mamá anunció que tenía preparada una sorpresa: traía la pista de una canción y la letra de la misma en unas hojitas que repartió.

Gravísimo error eso de poner a cantar a la familia ¡lo hacemos horrible! Lo malo es que nadie ha tenido el valor para decírnoslo. Así que para desgracia de ustedes que están a punto de ver el video, primos, abuelos, tíos, sobrinos, hermana y colados comenzaron a cantar sin imaginar el mal aspecto que dan. Lo único divertido, eso sí, fue cuando mi abuela se enojó por una ocurrencia de mi abuelo (y de paso me miró con odio por reírme). Les dejo pues, éste documental para que les sirva la lección y eviten que sus futuras navidades terminen así.



video

Ya después vinieron los abrazos y la cena que no es por dárselas a desear pero estuvo de diez. Hoy fue el recalentado (de nuevo en casa de la abuela), un primito le pegó a otro, tengo ganas de ir al cine pero nadie me invita, me dolió la panza y ya… el día y la tarde pasan muy lentamente. Por cierto, si acaso alguien que no sea mexicano lee éste texto, aprovecho para presentarles una de las tradiciones más comunes en México: el nacimiento carente de perspectiva y lógica en tiempo y espacio.

Si se fijan en la foto, el Niño Dios es más grande que el resto de las cosas (y eso que es un bebé). Hay animales más grandes que las casas y en general la proporción no existe. Lo bonito es que cada hogar mexicano tiene uno de estos.


Y ya… tengo sueño.

domingo, 21 de diciembre de 2008

Reunión Blogger


Finalmente pasó. Tras mi primer intento fallido hace unas semanas, ayer por fin fui presentado en sociedad bloguera. Y saben qué, me gustó.

La cita fue en “Tierra de nadie” un agradable bar en la calle de Belgrado, a unas calles del Ángel de la Independencia. No obstante la cruda de los mil demonios y las ojeras de mapache que me cargué toda la tarde (un día antes fui a una boda), al caer la noche sabía que esta vez nada me impediría ir al encuentro de esas personas que tantas veces he y me han leído en diversas ocasiones. Después de bañarme y comprobar que las ojeras sólo desaparecieron en un 50%, salí directo la reunión blogger navideña a la que con mucha anticipación me habían invitado
Ross y Lata.

Por más que me apuré llegué un poco tarde. Ingresé a Tierra de Nadie y me dirigí a la mesa más concurrida. Lo extraño era que, aunque de entrada no ubicaba a nadie, en el ambiente ya se respiraba una agradable camarería. En esas estaba, tratando de ubicarme en tiempo y espacio, cuando de repente escuche mi nombre. Giré y ahí estaba Ross (guapísima y con un gran sentido del humor). Le di un abrazo y estúpidamente pregunté cómo me había reconocido.

- Pues por las fotos de tu blog. Contestó un tanto divertida. (ah pues sí).

Después fue Lata la que se acercó con esa sonrisa y buena vibra que te hace quererla desde el primer momento. Fui presentado con todos los demás bloggers y amigos del lugar. Finalmente todas esas palabras, historias y personajes se fueron materializando frente a mí. Ya no eran nombres e ideas, sino personas muy agradables y diferentes que formaban un grupo más que interesante. A pesar de que la mayoría ya se habían visto en reuniones pasadas jamás me sentí extraño, al contrario. Así se pasaron los minutos, hablando de Pizzas de Huevo (juro que no es albur), de pelos de camarones (tampoco lo es), de Italia, de regalos bizarros, de cómo evitar los bloqueos de internet en la oficina, de Xochimilco, de blogs (obviamente), etc.

Fueron tres horas que se me pasaron volando. Ahora mismo me encantaría mencionar a todos y cada uno de los asistentes, pero temo omitir alguno y verme un tanto distraído o grosero. Por eso mejor quiero agradecerles así, en conjunto, a ese grupo tan unido que de a poco se va formando. Decirles que no hubo uno que no me cayera bien. Son todos unos tipazos.

Ayer mencionaban que somos todos tan diferentes, que muy probablemente, si no fuera por el blog sería muy difícil que nos conociéramos. Y he ahí uno de los encantos que tiene éste juguetito llamado blog, que no sólo te permite escribir de lo que se te pegue la gana y que otros te lean, sino que además te permite entrar en contacto con otras almas que también le encuentran sentido a eso de sentarse frente a un monitor a contar algo interesante. Un blog es parecido a un iceberg, pues s sólo nos permite conocer una pequeñísima parte (la que emerge a través del universo de la escritura) de la inmensa totalidad de una persona. Saber que me queda un mundo por descubrir en cada uno de esos nuevos amigos es simplemente excitante.

No puedo esperar a que sea la próxima reunión. Mientras tanto me quedo con las palabras de Lata cuando me despedí de ella… Que bueno que veniste, ¿cuánto hace que nos leemos? ¿más de un año? No lo sé exactamente mi querida Lata, sólo te diré que ahora más que nunca quiero seguir blogueando, y ustedes son los culpables.


Con Ross:




Con Lata:

viernes, 19 de diciembre de 2008

Juguete corriente

En estas fechas navideñas, olvídense de las Barbies, los muñecos de acción, los Playmobile, la muñeca comiditas, La máquina de raspados y de más juguetes ‘clásicos’ para los niños. Gracias a la vida (que me ha dado tanto), la empresa de artículos de fiesta “Viva la fiesta” presenta su Arca de Noé, el nuevo producto que hará las delicias de los chiquitines en estas vacaciones.

Por solo 12 pesos, pase horas y horas de diversión jugando a revivir aquel momento clásico del antiguo testamento con las figuritas de los animalitos que serán salvados de la destrucción que provocará la terrible inundación que nuestro Dios misericordioso mandará a la tierra. Cada bolsita del Arca de Noé incluye una lancha, un velero, animales de plástico (en color crema y vino) y un pedazo de papel fotocopiado con el nombre del producto.


En cuanto lo vi no pude dejar de comprarme un paquetito. Lo que no entiendo es por qué si se supone que Noé se llevó parejas de animales, la bolsita incluía 3 carneros, 3 avestruces, 7 osos polares, 1 pelicano, 1 cebra y un flamingo. Armé la lancha-velero (que por cierto, no se puede mantener en pie por si misma) y cuando me disponía a jugar mi alegría se convirtió en odio… ¿A qué malditos demonios infernales se supone que puede jugar uno? ¿La figurita de Noé se vende por separado? ¿A quién se le ocurrió que un niño medianamente sano de la mente querría comprarse algo así?

Aún así, es de los mejores juguetes corrientes que he tenido (y miren que he tenido muchos). Es educativo y seguramente me alejará de las garras del diablo y el deseo carnal. No dejen de hacerme sus pedidos cuanto antes y de paso, salve su alma. ¡Apúrense porque se acaban!


martes, 16 de diciembre de 2008

Mi trinchera navideña


A duras penas puedo escribir desde esta zona de guerra, así que de antemano les pido disculpa por la brevedad del siguiente escrito. Ayer apacible y acogedora, hoy un espacio de nadie, eso es mi casa de unos días para acá.

En mi antes ‘hogar’ están poniendo el arbolito y los adornos navideños. Todo está de cabeza. Cajas por aquí, muebles amontonados por allá, adornos encima de la mesa, esferas en el piso, series de foquitos formando una inmensa maraña en el sofá, el arbolito navideño sintético a medio armar y cuya punta está chueca, una bicicleta recargada en la pared, un balón ponchado a media escalera, etc. Nada en su lugar.

Ni siquiera pude dirigirme a la computadora desde la cual escribo, sin tener que esquivar polvo, sillas y bolsas llenas de objetos rojos aterciopelados que supongo, son gorritos de Santa Claus. Si crees que exagero al decir que estoy en una zona de guerra, es quizá porque aun no conocer el detalle más aterrador: TODAS las cortinas de mi casa se mandaron a lavar, por lo que ahora cubrimos todas las ventanas del inmueble con sabanas. Por favor, no se imaginen la imagen glamorosa y ‘nice’ que mi hogar proyecta.

Los cálculos más alentadores dicen que todo volverá a su normalidad en un par de días. Que el arbolito de navidad se verá mejor y que todo será más empalagosamente navideño que otros años. Lo cual, por cierto, me preocupa mucho más que el mismo caos domestico. El año antepasado los demás habitantes de esta casa colgaron estrellas llenas de diamantina en el techo, árbol de navidad y paredes, haciéndome sentir como osito cariñosito región 4.

Seguiré informando desde los escombros decembrinos, aquellos que cada año le quitan la calma habitual a mi vida. Hoy he tropezado cinco veces con diversos artefactos, espero sobrevivir a las caídas.

Desde su trinchera, reportó Gabriel Revelo.

sábado, 13 de diciembre de 2008

Encuentro casual


Me rio de los que no creen en casualidades. Si no, de qué otra forma explico lo que me pasó esta tarde. Si lo pienso fueron un montón de cositas las que se fueron alineando: el regresar temprano de ir a verificar el auto, no haber ido al cine, quedarme dormido 20 minutos, detenerme a comer unos tacos y llevar a componer la grabadora de mi mamá. Fue ahí, cuando cruzaba una calle rumbo al servicio eléctrico cuando el grito de ¡Revelo! me sacó de mi universo de pensamientos ñoños en el que siempre ando divagando.

Entonces se acercó a mi. Desde el principio supe de quien se trataba pero preferí que fuera él quién se presentara:

– Soy Alvi…

No sé si decir que hoy lo conocí, pues desde meses atrás leo su blog con la mayor regularidad que me es posible. Además de ser un gran bloguero, Alvi es doctor y vive a unas cuadras de mi casa. Resulta curioso que nos enteráramos de nuestra existencia al leer nuestros respectivos blogs y no por ser vecinos. Hablamos muy poco tiempo, aunque suficiente para darme cuenta que frente a mi se encontraba una persona de buen corazón. Simpático y dicharachero como sus letras, aprovechó para tomarme una foto con su cámara (que por cierto, está increíble), intercambiar unas frases más y se despidió.

Después de otros intentos fallidos, el de esta tarde fue mi primer encuentro con algún bloguero fuera de la atmosfera que brinda internet. No negaré que es un poco raro, pero la satisfacción que da el conocer a una persona a la que has leído sin un monitor de por medio es alucinante. Finalmente esto de la tecnología, a pesar de todo también sirve para acercar a las personas y conocerlas aun antes de toparse cara a cara con ellas. Por eso decía que no sé si sea correcto si decir que hoy conocí a Alvi, pues llevó meses leyendo de su vida y adentrándome de una u otra forma a su pensamiento.

Cae la noche y podría creer aquel encuentro casual nunca pasó. Afortunadamente su blog ya da testimonio de nuestro encuentro con esa foto en la que, ahora me doy cuenta, salí pésimo. A Alvi seguramente veré más seguido y en ocasiones futuras podremos hablar más tranquilamente o con unas cervezas de por medio, en el bullicio de una fiesta de esas a las que me ha invitado. Quizá nos vayamos de mujeriegos o un montón de cosas que uno hace cuando tiene un amigo.

Hasta entonces, y como le dije, nos estamos leyendo.

jueves, 11 de diciembre de 2008

Viejito anciano en auto nuevo

Estoy emocionado, por primera vez subo un video en blogger tomado por mí. La verdad fue más fácil de lo que pensé. Tenía tiempo buscando un pretexto para subir alguna grabación, hasta que hoy, el destino hizo que me cruzara con una de esas imágenes que unos simplemente no puede dejar pasar. Es curioso, estas cosas siempre me pasan cuando no tengo nada de que escribir.

El siguiente video fue tomado hace apenas unas horas en un bonito centro comercial del oriente de la ciudad. La calidad no es muy buena pues soy pobre y mi celular no cuenta con tecnología de primer mundo. (Nota personal: traer siempre la cámara digital).

video
¿Qué pasa con ese señor? En un principio creí que estaba muerto y que su ataúd era un automóvil nuevo. Después pensé que era un chofer incluido en la compra del auto, como parte de una ingeniosa oferta de la agencia automotriz. ¿Y si era una momia traída desde Guanajuato para ser exhibida como una instalación artística moderna contemporánea, de esas que nadie entiende?

Entré a una tienda. Minutos después el muerto viviente estaba afuera del auto y atendía a un posible cliente. Por esas políticas de empleados es que quiero trabajar en Nissan cuando sea más grande. Se ve que sus trabajadores llevan una vida tan tranquila y nada les quita el sueño.

Me voy a dormir a mi carro (igual y es la gran cosa y yo, para variar, ni por enterado).

lunes, 8 de diciembre de 2008

Yo pecador


"De nuevo acabo de decirle que ‘no’... y no me siento ni tantito culpable de haberlo hecho"- Ave María Purísima...

- Sin pecado concebida...

- Dime hijo, ¿cuáles son tus pecados?

- Acúseme Padre, de tener la suficiente desvergüenza de venir ante usted y entrar a éste confesionario, sin tener la menor voluntad de contar con la absolución de Dios. Peor aún, me declaro inocente de los hechos que estoy a punto de contarle. De no encontrar pecado alguno en mis acciones. .. No. No me interrumpa Padre. Por favor déjeme contarle todo. Y después, emita su juicio en el nombre del Creador. Soy arista del pincel. Pinto paisajes, momentos históricos, escenarios improbables cargados de realismo. Crear otros mundos en un lienzo es mi pasión, nada me atrae más en la vida. Fuera de mi desordenado estudio, no concibo el menor atractivo en la vida externa, ni en las personas, ni en el amor, ni en nada. No cuento con amigos y los pocos familiares que tengo se han hecho a la idea de sólo verme un par de horas el 25 de diciembre. El resto del año, para ellos y el resto del mundo no existo.

Tampoco piense que a mis treinta y cinco años soy un ermitaño. De algo tengo que vivir ¿o no? Sólo salgo de mi estudio los sábados y domingos, días en los que vendo algunas de mis pinturas en la Plaza de San Jacinto, por el rumbo de San Ángel. Ahí me encontré con Estrella. Recién terminaba la misa dominical, ella y su pequeña hermana se acercaron a ver algunos de mis cuadros. Me pareció atractiva, aunque demasiado joven. Tan sólo diecinueve años. Pensándolo bien, aparenta ser más grande. Alta, portadora de un cuerpo hermoso, casi divino. Su impecable cabellera rubia a media espalda y su piel blanquísima pueden mentirle a cualquiera. Sus ojos grises se cruzaron con mi mirada. Hacía tanto que una mujer no me veía así. Fueron un par de segundos. Suficientes para adivinar un dejo de coquetería en sus hermosas pupilas. No sé si hago bien en contarle éstas cosas Padre. Quizá sea un sacrilegio describir su cuerpo tan detalladamente en la Casa de Dios. Si es así discúlpeme y sume el primer Padre Nuestro a mi futura penitencia. Esa primera vez me preguntó por el precio de una pintura. Sabía que no podría pagarme un cuadro como ese. Aun así se contento con sonreírme y marcharse con su hermana, antes de que yo pudiera decirle el precio de aquella obra.

A la siguiente semana volvió. Con una amiga de su edad, ya no con su pequeña hermana. Arreglada atractivamente, con un vestido entallado de flores amarillas y no con el conjunto deportivo de siete días atrás. De nuevo me preguntó por el mismo cuadro. Doce mil pesos, respondí. Ella no se marchó. Se sentó a mi lado junto con su amiga. Me dijo su nombre, su edad, sus sueños de convertirse en pintora y vender sus obras como yo. Vi tanta pasión en sus ojos y tanta emoción en su voz, que después de pasar más de tres horas platicando le regalé aquel cuadro que tanto le gustó. Así, el lienzo con una casa estilo colonial y una fuente que pinté en una noche de lluvia se fue con ella.



Ese cuadro es el culpable de la desgracia de Estrella. Cada domingo por la tarde llegaba hasta mi sitio en aquel parquecito apacible. Arreglada. Sola. Perfumada. Se sentaba a mi lado. Aprovechaba cualquier pretexto para tocarme y acercar su cuerpo juvenil al mío. Al principio su presencia me era indiferente, después comencé a disfrutarla cuando hablábamos por largos periodos de pintura. ¿El nacimiento de una amistad? No. Por mi parte ella no era más que una mujer más. Interesada en mi trabajo, sí, pero sin mayor significado para mí.

Ahora Padre, supongamos que ella buscaba solo ser mi amiga, ¿es posible que haya amistad entre un hombre y una mujer? Yo digo que no. Estoy convencido que tarde o temprano uno de los dos termina admirando demasiado al otro, y así, enamorándose irremediablemente. Como podrá adivinar, fue ella la que poco a poco se enamoró de mi. Ella. No yo. ¿Ve por qué yo no puedo ser el culpable? La que decidió creer que aquel regalo desinteresado por mi parte era la respuesta a sus coqueteos fue ella. Quién me frecuentaba cada fin de semana, me platicaba su vida privada y vestía provocativamente fue ella. No yo.

Justo cuando, medio año después, Estrella comenzó a visitarme en mi estudio su presencia empezó a fastidiarme. A esas alturas sus sentimientos para conmigo eran más que obvios. Un día intento besarme. La rechace. Así es Padre. Lo que para muchos jóvenes de la edad de Estrella habría sido algo inolvidable para mí sólo representó repugnancia. Sus pequeños labios de rojo intenso que podrían derretir a cualquier hombre no surtían el menor efecto en mi. No es que sea una mala persona, solamente que ella y yo pertenecemos a mundos completamente opuestos. Ella ama la pintura, pero no más que al amor. Yo puedo prescindir del amor, pero no de la pintura. Por eso nunca me he enamorado de una mujer. No lo necesito. No me hace falta. Sensualidad, pasión, belleza. Eso y más lo encuentro en el Arte.

La primera vez que me pidió que fuéramos novios, Estrella ya estaba obsesionada conmigo. Aquel sábado en la tarde le dije que no. Supongo que también dije todas esas palabritas nefastas ‘no eres tú soy yo’, ‘eres demasiado joven para mí’, ‘mereces a alguien mejor’. Ni siquiera lloró. Lejos de entenderlo creyó que sólo le estaba haciendo las cosas difíciles, y que mi verdadera intención era probar su amor. Siguió buscándome. Irrumpía por sorpresa en mi estudio, diario, a todas horas. Y así empecé a sentir despreció por ella Padre. No soportaba que se apareciera sin avisar y me robara los momentos de inspiración que tanto necesitamos los artistas del pincel. Me quitaba las horas de soledad que tanto atesoro y disfruto. ¿Qué sería de un pintor sin esos instantes en los que, a solas consigo mismo crea en su mente universos enteros de líneas y color? Decidí armarme de valor. Pedirle que me dejara en paz.

Estrella enfureció. Revolvió mi estudio. Manchó algunas obras. Llorando decía que me amaba con locura, que estaba perdidamente enamorada de mí y que sin mí, su vida carecía de valor. Le tuve mucha paciencia Padre. No le grité, toleré su reacción y sin usar excesivamente mi fuerza la saqué.

Tres días después allí estaba, en la Plaza de San Jacinto, vigilándome a lo lejos. Una joven se acercó a pedir informes de mi trabajo. Estrella, enferma de celos, salió de su puesto de vigía y comenzó a gritarme en medio del Parque. De una patada tiró una pintura y comenzó a lanzarme golpes que con dificultad esquivé. Mis colegas pintores me ayudaron a controlarla unos minutos. Un par de policías detuvieron a Estrella y se la llevaron detenida a la Delegación. Como no quise levantar cargos, salió esa misma tarde aunque con la advertencia, --por parte de la autoridad, la mía y de sus padres--, de no acercarse nunca más a mí.

No volví a verla ni a saber nada de ella durante las siguientes semanas. Dejé de frecuentar la Plaza de San Jacinto y mudé mi puesto de venta al centro de Coyoacán. Por un mes me olvide de los penosos incidentes con Estrella y logré olvidarla. Pensé que todo quedaría ahí, en una simple anécdota de tintes desagradables. Hasta que una noche en mi departamento apareció Paulina, su madre. Una señora bastante orgullosa Padre. Se veía que le pesaba estar ahí. Me pidió que fuera a ver a su hija. Estrella, me dijo, está irreconocible. No come, no duerme, no sale de su cuarto. Sólo llora. Es como si se hubieran robado su voluntad.

Paulina me suplicó que interviniera inmediatamente. Que tan sólo le marcara por teléfono y que con el tiempo Estrella iría dejándome de lado. No me convenció. Le expliqué lo complicado de mi estilo de vida y al final me dio la razón.

Al otro día, Estrella me mandó una carta en la que me pedía perdón por haberme obligado a quererla. No le respondí. Por la noche intentó suicidarse. Se cortó las venas de la muñeca con un cuchillo de cocina y fue internada de emergencia en un hospital de Avenida Universidad, mismo del que escapó para dirigirse a mi Estudio-departamento. Llegó a las cinco de la mañana, con las venas ensangrentadas y el suero del hospital aun pendiendo de su brazo izquierdo. Me amenazó con quitarse las vendas y desangrarse ahí mismo a menos que aceptara escaparme con ella a otra ciudad. Juraba que con el tiempo la amaría. De lo contrario su muerte sería mi culpa. ¿Usted que haría Padre? ¿Condenarse a vivir con alguien a quién no ama y que da claras muestras de inestabilidad mental o abandonarla a su suerte, a sabiendas de que es capaz de atentar contra su vida?

No lo pensé dos veces. Di media vuelta. Detrás de mi escuchaba sus gritos. De reojo vi cómo se despojaba violentamente de sus vendas. La sangre rápidamente manchó de rojo su bata blanca de hospital. Entonces Estrella hizo lo que jamás imaginé: tomó uno de los candelabros que con velas iluminaban mi estudio y las arrojó directamente a una de las cubetas de solvente que uso para limpiar mis pinceles. Súbitamente las llamas se avivaron y comenzaron a extenderse y devorar cada espacio, cada una de mis pertenencias, cada una de mis pinturas. Y le juro que casi me muero Padre. Dejé de preocuparme por Estrella. En medio del humo y el fuego sólo tenía una preocupación: salvar mis creaciones, sacarlas de ese infierno que amenazaba con aniquilar el fruto del esfuerzo de toda mi vida. Perdí el conocimiento.

Desperté en la calle, en medio de una muchedumbre que en medio de la calle veían como un grupo de bomberos sofocaban el incendio. Dos paramédicos me atendían y un oficial de la Policía me informaba que el fuego ya estaba controlado, pero que lamentablemente todas mis pertenencias habían quedado reducidas a cenizas. Tuve quemaduras de primero y segundo grado por lo que permanecí varios días en el Hospital. Al salir, algunos de mis familiares me ayudaron a re decorar mi estudio-departamento que hasta ese momento no era más que escombros y desastre. Uno de mis sobrinos me comentó que la causante del incendio, la mismísima Estrella no había muerto. Fue internada en una clínica psiquiátrica de Tlahuac.

No sé si odiar sea pecado. Pero desde entonces la odio con toda la fuerza de mi ser. Por sus obsesiones infundadas perdí todo lo que era, todo lo que por años me ayudó a encontrarle sentido a mi vida. Sí. Puedo volver a pintar. Pero aquellos trazos, aquellas sensaciones que sentí al forjar las imágenes que formaban mis antiguos cuadros jamás las recuperaré. Y eso me duele mucho Padre. Es como ver morir a un hijo. Uno nunca vuelve a ser igual, hay un vacío de pura nostalgia ocupando el lugar de mi corazón. Después del incendio pensé alejarme para siempre de ella... después llegó el odio y decidí destruirle la vida así como hizo conmigo ¿En dónde estaba escrito que debía quererla? ¿Por qué nunca pudo entender que habemos personas negadas para el amor? ¿Por qué no quererla significo mi ruina, si se supone que me amaba con locura? Supongo que se hiere a lo que más se ama, consiguiendo así la sumisión de nuestro amante al advertirle que su corazón está fieramente sujeto en nuestras manos. De alejarnos, nuestro pecho se desangra en miles de flagelos y venas que como nuestra integridad, se romperán violentamente. Morir desangrados. Morir quemados. Morir locos. Pero morir juntos.

Desde entonces la visito cada semana. Sí Padre, adivinó bien: los domingos. La atormento diciéndole que estoy enamorado de otra mujer. Y ella, dentro de aquella cabina blanca, ataviada en una camisa de fuerza, siempre se desgarra en llanto y me hace la misma pregunta: ¿Quieres ser mi novio? Yo río. Estrepitosamente. A carcajadas. Y me marcho. Ahora mismo vengo de verla. De nuevo acabo de decirle que ‘no’... y no me siento ni tantito culpable de haberlo hecho. Quiero que pague con su locura mi propio desconsuelo. Hasta que alguno de los dos muera a causa de su odio por el otro.

Ya escuchó mi historia Padre. ¿Soy inocente, culpable, victima, pecador o demonio?. Además del Padre Nuestro que ya le debo, ¿Cuál será mi penitencia por el pecado de huir del amor?

Gabriel Revelo - Enero 2007

viernes, 5 de diciembre de 2008

La verde


Éste es un post de futbol, pero sin futbol; de amor, pero sin amor. Si ya es complicado describirlo más lo es escribirlo (chequen el verso sin esfuerzo). Debido a que no sé dónde comenzó todo y menos aún, dónde terminará, esta narración comenzará el pasado 19 de noviembre, día en el que por ciento, México jugó contra Honduras.

Tal y como ocurre cada que juega la Selección Mexicana, desde muy temprano me puse mi playera verde. La oficial, ya saben. Gracias a que a mi trabajo puedo ir vestido como se me pegue la gana, algunos compañeros del trabajo hicieron lo mismo (bueno, en realidad sólo éramos tres los ridículos). Además, el autor de éste blog decidió llevar un jersey extra para que ‘alguien más’ se nos uniera a la causa. No tarde mucho en decidir que ese ‘alguien más’ sería la chica más guapa del lugar dónde ‘quesque’ trabajo.

No recuerdo ni que le dije para convencerla de la importancia que tenía que ese día se pusiera la playera verde y apoyara al equipo Tricolor. El chiste es que se veía excesivamente bien. Algún extraño poder tienen ciertas mujeres, que son capaces de convertir una simple prenda futbolera en la más sexy de las vestimentas. Sigo sin descifrar la ecuación de su atractivo por más evidente. Tal vez el juego de su piel canela con el verde obscuro o lo negro de sus ojos contrastando con los vivos rojos de aquella camisa Adidas. Lo cierto es que toda la mañana ella tuvo toda mi atención. Iba y venía por la oficina uniformada mientras un extraño e incomprensible orgullo se apoderó de mi. Como pocas veces las horas se me fueron volando. Al despedirme pensé que me devolvería el jersey. Idea que fue sepultada con la losa de su dulce voz que me dijo ‘mañana te la traigo’.

Así han pasado los días, y estos se han convertido en semanas. Varios compañeros del trabajo me han dicho que le pida mi playera que en su momento me costó muy cara. Me comentan que es un abuso, y una que otra compañera ha amenazado con pedírsela. He de confesar que en un principio el paradero de mi playera verde me importaba mucho, pues como muchos sabrán el futbol es una de mis pasiones. Peeeeeerooooo… paulatinamente las cosas han ido cambiando. Lo importante de hablar diario con ella ya no es insinuarle de una manera sutil que me regresé la playera. Al contrario, lo importante es verla, hablar con ella. Hacerla reír.

Dos semanas después la tendencia sigue siendo la misma. Estas letras son el mejor ejemplo de lo que pasa. Puse a La Verde como pretexto para hablar de ella. Honestamente la playera no me importa tanto, vamos, ni siquiera tantito. Podría decirse que hasta me siento bien de que ella me la guarde el tiempo que sea. Si yo fuera la playera me encantaría mi destino.

En el trabajo nos llevamos de maravilla. Ella es la luz de la oficina. A todos les cae bien. Además de guapa, es una chica con un carácter increíble y que siempre está de buena. Van dos días que la espero para irnos juntos. En el camino de regreso (descubrí que vivimos muy cerca) hemos conversado de perros, conejos, vomito, ropa tendida en la calle, del gordo de Monterrey, borracheras, ranas, fiestas del año, del trabajo, y muchas cosas más.

¿Cuándo sabe uno que otra persona comienza a volverse importante? ¿En qué momento se toma la decisión de lanzarse al ruedo para convertir la atracción en realidad? Ella sigue siendo en muchos aspectos un maravilloso misterio, es en parte lo que me incentiva a seguir adelante por más que mis estadísticas en el campo del romance no han sido de las más favorecedoras. Lo raro es que no estoy babeando ni cacheteando las banquetas como en otras ocasiones. No estoy obsesionado ni detengo mi mundo. Sin embargo estoy tranquilo, demasiado diría yo. Me emociona mucho lo que pueda pasar. La aventura de cada día atreverme a un poco más… y a ver para qué me alcanza, a ver hasta dónde me alcanzan las fuerzas para descifrar todo lo que sigue desconcertándome de ella. El tiempo apremia, estoy seguro que ya ella se dio cuenta de mis intenciones y yo sin ningún plan para quitarle a mi suerte la etiqueta de imposible. Lo insoportable de este fin de semana, es que no la veré hasta el lunes.

¿Y la verde? Ni idea. Perdóname futbol, te usé como pretexto para hablar de otra cosa… juro que no lo vuelvo a hacer. Soy un cursi.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Eso es lo que consigues cuando dejas que tu corazón gane


Un día los escuché en la radio. Después vi uno de sus videos. Lo siguiente fue inevitable: comprar su disco. Así llegó a mi vida el disco Riot! del grupo Paramore. Seré honesto. Más allá de que el disco me parece un buen ejemplo de pop-rock de calidad, y de que Halley Williams me parece la mujer perfecta, la verdadera razón por la que decidí prestarles atención fue por su canción ‘That’s what you get’ que me tiene prisionero entre sus acordes. No importa el momento. Ya sea en el iPod, en el auto, mientras escribo o cuando estoy de ocioso, la canción me tiene poco menos que estúpido.

Se le podrían dar muchas interpretaciones y vueltas de tuerca a su letra y aun así el mensaje es el mismo: el corazón, además de latir, sirve para jodernos la existencia; incluso podríamos catalogarlo como el peor enemigo de la razón. Por eso esta canción me gusta, pues deja explicito el deseo (imposible, por cierto) de mandarlo al demonio, pedirle que se siente y que por una vez en la vida, no interfiera en nuestras decisiones.

Ir detrás de un imposible. Luchar por una relación insalvable. Rogar por amor. Sufrir de celos. Ponernos en segundo término e incluso volverse esclavo de otra voluntad. Todo eso pasa cuando dejas que tu corazón gane.

¿Repetir la canción con tanta vehemencia tiene alguna intención extra? Puede ser, pero no se lo digan a mi corazón, espero que capte la indirecta.


domingo, 30 de noviembre de 2008

El fantasma peninsular


No será la primera vez que escriba algo, sabiendo de antemano que nadie me creerá. En esta ocasión no los culpo, si yo fuera uno de los lectores del siguiente relato lo calificaría de previsible, trillado y carente de toda lógica. Y sin embargo me pasó. Los hechos fueron tan reales que en mi memoria siguen estando tan nítidos y acuden a mi cada que lo deseo, como un recordatorio de lo frágil que es la coherencia de la realidad. Como por más que lo intento no encuentro respuesta alguna y si muchas interrogantes más lo escribiré, dejaré que el relato de una historia sin comprensión se pierda y sea juzgada por cada quién.

Hace año y medio estaba en la Ciudad de Mérida, en el estado de Yucatán. Cerca del mediodía de un jueves soleado y sofocante me encontraba en una de las colonias más desoladas, a las afueras de la urbe. Estaba rodeada de terrenos baldíos, algunas casas y calles muy largas, como si se tratara de una zona residencial apenas en planeación. Ahí estaba yo, jugando con mi cámara digital, esperando por casi media hora a que algún camión o taxi pasará por dónde me encontraba y me acercara a la zona centro, cerca del Hotel en el que estaba hospedado.

De repente, podría decirse que de la nada, apareció un taxi. Le hice la parada, lo abordé y le pedí al chofer que me llevara a mi hotel. Durante el trayecto charlé amenamente con él.

- ¿Qué centro comercial me recomienda visitar, cuál es el mejor de Mérida? Pregunté.
- Bueno, yo voy a la Comercial Mexicana, a veces a Wal Mart, aunque a mi señora no le gusta mucho ir ahí. Contestó.
- Ya veo, pero ¿Centro Comercial?- Por eso, la Comercial Mexicana. O bueno, está un tal ‘Chedrauli’ o algo así, pero a penas lo están construyendo.- Imposible. Inquirí. - Ayer fui a un Chedraui a comprarme una bebida, creo que ya lo abrieron.
- No joven, apenas están fincando el terreno.

No quise seguir debatiendo, yo estaba seguro de haber ido a esa tienda y haberla encontrado funcionando al cien por ciento. Seguí platicando con aquel hombre bonachón sobre zonas arqueológicas, museos y sitios turísticos del estado de Yucatán. Aquel personaje me había caído bien, por lo que el viaje de casi veinte minutos se me fue en un abrir y cerrar de ojos. Al llegar a mi destino, le pedí que me imprimiera un ticket para comprobar aquel gasto. Pagué lo que debía y me bajé del taxi. Ya en mi cuarto de hotel, recibí la llamada de mi amigo Isaac informándome que llegaría en un par de horas, procedente del poblado de Valladolid para pasar juntos nuestro último día en el estado de Yucatán. Casi al instante de colgarle caí en la cuenta de que mi cámara digital no estaba en mi cuarto.

Después de vaciar cajones, muebles y maletas confirmé el peor de mis pronósticos: había dejado mi Cyber Shot en aquel taxi que hace unas horas había tomado. Medio desesperado salí a la calle y paré otro taxi. Le informé mi situación y me dijo que lo mejor era acudir al Sindicato de Trabajadores del Volante de Mérida y con el ticket en mano (el que me dio el taxista del vehículo en el que dejé la cámara), les dijera que lo rastrearan por medio del número de placa de la unidad y lo hicieran traer para que le preguntara sobre el paradero de la cámara.

Cuando minutos después llegó Isaac, le pedí que me acompañara al dichoso sindicato, en donde nos trataron muy bien e hicieron todo lo que estaba a su alcance para ayudarnos. Intentaron establecer comunicación por medio del radio con aquella unidad pero nunca obtuvieron respuesta. Al final me dijeron que seguirían buscándolo y me dieron un papel con el nombre del taxista a cargo del auto con el número de placas que abordé: Juan Manuel Puigcerver Sauri. Le di las gracias a todos, y regresé al hotel repitiéndome lo idiota que había sido por dejar mi adorada cámara digital en aquel carro.

Ya en el cuarto de hotel tomé el directorio telefónico local, busqué a los habitantes con el apellido ‘Puigcerver’. Sólo cinco personas en toda la ciudad tienen ese apellido, uno de ellos, además, se llama Juan Manuel, y su segundo apellido es Sauri. Sintiéndome satisfecho arranqué la hoja del directorio (de seguro nadie le echará de menos), subrayé el nombre encontrado y marqué aquel teléfono. Uno, dos repiquetes y una voz femenina y mayor me contestó:

- ¿Bueno?
- Buenas tardes, por favor con Juan Manuel Puigcerver.
- ¿Quién lo busca?... él falleció hace tres años.

¿Qué puede decir uno ante un argumento así? ¿Valdría decir que un escalofrió recorrió mi cuerpo en aquel momento en el que el tiempo se congeló? Aun así, tras diez segundos de un incomodo silencio decidí indagar más...

- Verá, creo que olvidé mi cámara en el taxi que era del señor Juan Manuel, ¿no sabe cómo puedo localizar a su actual dueño?
- No señor. Desde que Juan murió el taxi ha estado en el patio de la casa. No nos hemos atrevido a moverlo... ¿Le puedo servir en algo más?

Ahora el silencio fue de mi parte. Tímidamente di las gracias y colgué. Sudaba frió y lo peor, no sabía qué hacer, decir o pensar. Me dije que era una casualidad, aunque el apellido Puigcerver no fuera común, y la posibilidad de qué en una ciudad tan pequeña aquel nombre se repitiera no sólo en los apellidos sino en los nombres y en el oficio de taxista era insultantemente remota. Al otro día, antes de abordar el autobús que me traería de regreso a la Ciudad de México regresé al Sindicato de Trabajadores del Volante. Ahí me informaron que era probable que el conductor de la unidad ya no estuviera en activo, pues la base de datos no se actualizaba desde hace cinco años.

- Quizá por eso no nos contesta. Dijeron.

Puede ser, pero eso no me explica quién era el conductor de aquel taxi al que me subí y que se supone, lleva un par de años parado en el interior de una casa. Tampoco explica quién se quedó con mi cámara, o quién emitió ese ticket electrónico cuyo número de placas (14-94) y de taxi coinciden con el de Juan Manuel Puigcerver. Abandoné el Sindicato, comí con Isaac en el Vips y regresamos al DF. La cámara no apareció.

Una semana después, ya en la Ciudad de México, recibí una llamada del Sindicato de Trabajadores del Volante de Mérida. Una noche antes alguien había dejado la cámara en el buzón de objetos perdidos. Nadie se acreditó su descubrimiento. Acordé pagar los gastos de envío por medio de un depósito bancario. Dos días después recibí la cámara intacta.

Días después platiqué la experiencia a un par de amigos que dijeron creerme, aunque no sé por qué siento que no es así. Aunque tengo a mi amigo Isaac como testigo de lo ocurrido, y dos datos más, sin los cuales ésta experiencia no sería tan intrigante: El Chedraui de Mérida empezó a construirse tres años atrás, más o menos cuando Juan Puigcerver murió, y el ticket que me expidió aquel taxi, días después se puso amarillo (como un papel muy viejo) y las letras y datos se le borraron. La hoja del directorio de Mérida está en mi poder, para quien quiera hablar y corroborar que todo es verdad. Y a todo esto ¿para qué querría un fantasma una cámara digital?.

Esta fue la foto que me tomé en un solitario paraje en Mérida, unos minutos antes de abordar el taxi.


martes, 25 de noviembre de 2008

El eterno Carlos Fuentes


Lunes 24 de noviembre, 19:00hrs… Lunes 24 de noviembre, 19:00hrs… Lunes 24 de noviembre, 19:00hrs… Lunes 24 de noviembre, 19:00hrs… Lunes 24 de noviembre, 19:00hrs… Lunes 24 de noviembre, 19:00hrs… Lunes 24 de noviembre, 19:00hrs…

Casi un mes tuve la fecha dándome vueltas en la cabeza de forma medio obsesiva. Repitiéndose una y otra vez de distintas maneras, como preparándome para el juego de sensaciones que sin piedad se abalanzarían tarde o temprano sobre mí. Fueron muchas las tardes que dediqué a pensar en mi encuentro con aquel hombre que desde siempre merece el adjetivo de maestro. Imaginar lo qué sería verlo, escucharlo hablar o simplemente compartir el mismo tiempo y espacio con él se volvió cotidiano.

Por eso, la noche de anoche arribé al Auditorio Nacional con los nervios a flor de piel. Él estaría ahí, en el marco del Homenaje Nacional por sus 80 años. Él daría una conferencia magistral. Él hablaría de cómo escribió alguna de sus novelas. Él leería fragmentos de algunos de los libros que más me han cautivado. Él, escritor más eternos que inolvidable, más vigente que clásico, más universal que Mexicano. Tras una larga espera, el 24 de noviembre traería consigo mi encuentro con Carlos Fuentes. No importa que haya más de 4,500 asistentes al coloso de Reforma, tal y como ocurre con la literatura, uno siente que el encuentro con el maestro será personal, aislado, íntimo.

Fuera del escenario nada más existía. No importaban las docenas de personajes de la vida cultural que ocupaban a tan solo unos metros de mi lugar, ni las imágenes de las pantallas gigantes o la música con la que se amenizaba la recepción de los invitados. Escritores, diplomáticos, políticos, escultores, músicos, lectores, autores de blog, estudiantes, oficinistas, profesionistas… todos con la mirada fija en aquel atrio elevado.

Cuando Jorge Volpi anunció la entrada de Carlos Fuentes el tiempo se detuvo en una ovación conmovedora. Cuando me di cuenta ya estaba de pie, aplaudiendo con todas mis fuerzas y sintiendo como en segundos se me enchinaba la piel. Por más que lo haya visto en televisión y fotografías, en nada se compara con tener a Carlos Fuentes enfrente. Qué decir de escuchar su voz potente y dejarse llevar por sus palabras. Escuchar fragmentos de Aura y la manera en la que Fuentes concibió su portento de novela fue el inicio de aquellos segundos que se volvieron fugaces y a la vez inmortales. Después hablo del poder, de la historia de México. Dio paso a fragmentos de “Terra Nostra”, de “La voluntad y la fortuna” y de “La muerte de Artemio Cruz”. Cuando su reflexión se centró en las raíces de la Ciudad de México me sentí afortunado por estar en ese lugar, en un momento irrepetible y del que aprendí mucho. Sólo el podría haberle dado vida a Ixca Cienfuegos. Nadie tan conocedor de la identidad del mexicano, pocos con su autoridad para decir que el nuevo reto de Latinoamérica es darle cabida a la creciente diversidad.

El maestro finalizó con un fragmento de “La región más transparente”. Una ovación más fuerte rompió el encanto en el que nos encontrábamos los espectadores. De nuevo me sorprendí de pie. Aplaudí con más fuerza, queriendo que las palmas de mis manos transmitieran mi admiración y agradecimiento a un hombre capaz de crear un universo de personajes más reales que cualquier verdad. A pasado un día y las ideas expuestas por Fuentes siguen acomodándose en mi entendimiento, adquiriendo nuevas formas, hablándome de un mundo entero en el que todo está dicho pero en cuya forma está el infinito.

No puedo esperar, me urge subir a mi cuarto para seguirme maravillando con una novela sublime (sí, estoy leyendo “La Región más transparente”). Jamás olvidaré que la noche de anoche conocí la eternidad de manos de uno de los escritores vivos más importantes a nivel mundial.

Maestro, le sigo aplaudiendo.

sábado, 22 de noviembre de 2008

El arte de novelar

¿Qué se puede decir, que no se haya comentado ya, en torno a Carlos Fuentes? ¿Quién no ha oído hablar de él? Quienes nos hemos dejado seducir alguna vez por sus letras sabemos que del maestro se podrá decir todo y siempre quedará algo más en el tintero, pues la obra de Fuentes tiene cabida tantos aspectos, que su universo se extiende ilimitadamente hacia cualquier campo de la vida.

Tomando en cuenta lo anterior, resulta comprensible que en el marco del Homenaje Nacional a Carlos Fuentes en sus 80 años, lejos de hablar del homenajeado, las mesas redondas y expositores se dediquen a hablar de los escenarios en los que su obra se desarrolló, y no en su obra como tal. Hablar de periodismo, de la vida cultural de México y de los cuentos, ensayos y novelas en general, es la mejor manera de rendirle honores a uno de los escritores más importantes a nivel mundial.

Por más que sea imposible por cuestiones de tiempo y espacio, uno como aspirante a escritor, quisiera estar presente en cada uno de los eventos que se han celebrado en el país durante las últimas semanas. Aun así se tiene que estar. De alguna u otra forma no participar en este homenaje a uno de los escritores que más admiro no me lo perdonaría mucho. No lo pensé dos veces cuando me enteré que la UAM (Universidad Autónoma Metropolitana) preparaba una serie de mesas redondas tituladas “El Arte de Novelar”, en las que participarían varias de las más grandes figuras de la literatura latinoamericana, elegidas por el mismo Fuentes.



Una de ellas se celebró ayer en la tarde en el precioso y recientemente remodelado Centro Cultural del México Contemporáneo , con una plantilla de escritores de primer nivel: Elena Poniatowska (Francia), Xavier Velasco (México), José Ramón Ruíz Sánchez (México), Wendy Guerra (Cuba), Vicente Herrasti (México), Adrián Curiel Rivera (México) y Jorge Volpi (México), todos ellos presididos por Carlos Montemayor (México).

Aunque el evento estaba anunciado para dar inicio a las 4 de la tarde, llegué unos minutos después de las 3. Con el tiempo a mi favor me dediqué a recorrer las calles aledañas al lugar (República de Brasil, República de Perú y la Plaza de Santo Domingo), mítica zona de la Ciudad de México en el que el aroma a surrealismo se respira en cada palacio, en cada piedra, en cada rostro de los muchos que transitan la zona. Una vez dentro del Centro Cultural Universitario uno se da cuenta que esa tarde está invitado a un gran evento. Un escenario imponente, las cámaras de distintas televisoras, fotógrafos de prensa, distintas figuras de la cultura nacional y la expectación de quienes como yo, decidieron acudir esa tarde a una fiesta literaria que prometía.

Como sucede cuando algo impacta nuestra vida y no sabemos cómo o qué fue lo que pasó. Dar una lista detallada de cómo se fueron sucediendo los eventos en aquella mesa redonda me resulta imposible pues todo fue como un sueño, como asistir a una ceremonia en la que cada minuto se vuelve memorable. Recuerdo, en cambio, un sinfín de estampas: El inicio de la mesa sin la presencia de Xavier y Elena; lo guapa que me resultó Wendy Guerra; el impacto inicial de ver a Volpi y a Joserra, idénticos a como se ven en televisión y en fotos; la elegancia y porte con la que Carlos Montemayor comenzó a prescindir el evento; la repentina llegada de Xavier, siempre tan desfachatado y tan divertido como siempre es él; el turno en el que cada uno de los exponentes hizo suyo y le impregnó su estilo personal ya fuera leyendo o hablando sobre literatura; la aparición de Elena Poniatowska y el cálido recibimiento que tuvo… y así, en medio de un frío que Ruiz Sánchez definiría como digno de Helsinki la tarde se convirtió en noche.

¿Qué mejor homenaje a Fuentes que hablar de la novela como arte indiscutible?

Herrasti rememoró como gracias a la transcripción de textos llegó a la vocación novelística. Volpi, educado en un hogar en el que su padre veneraba la literatura clásica, descubrió en el estilo de Allan Poe el camino que en adelante deberían seguir sus textos. Wendy Guerra, con su acento cubano lleno de sensualidad, leyó un pequeño texto acerca de sus aventuras aduanales que desemboca en la importancia de contar historias para explicarse mejor la vida. Adrián Curiel improvisó una charla sobre la manera en la que escribió alguna de sus novelas, particularmente como las apariciones nocturnas que veía en su cuarto de un hombre durante su infancia le dictaron el estilo que haría suyo a partir de ese instante. Xavier, cosa rara, hizo su tarea y leyó un texto memorable (que se encuentra en su blog) sobre las venturas y desventuras del novelista y su continua lucha por sobrevivir al jugarse el todo por el todo en cada línea que escribe. José Ramón habló sobre la literatura del bien, que también tiene su atracción a pesar de percibirse menos atractiva que la del mal. Finalmente Elena Poniatowska lanzó al aire un sinfín de anécdotas no sólo de su amistad con Carlos Fuentes (al cual conoció desde antes de que éste se volviera escritor), sino de otros grandes escritores como Juan Rulfo y José Emilio Pacheco. Carlos Montemayor cerró el evento deseando que la luz de la creación novelística no se termine nunca.

Y ahí estaba yo, en un lugar mágico en pleno centro histórico de la ciudad. Con varios de los mejores escritores de la lengua española a unos pasos de mi. Verlos, palparlos, saberlos tan humanos como cualquiera y percibir su sencillez. Ninguno se retiró de inmediato. Tanto escritores como lectores querían seguir prolongando esas horas en las que todos fuimos uno. Tal es una de las dichas del arte de novelar.

La literatura termina siendo indispensable a la vida. Más que un retrato, en la escritura la existencia se recrea y acompaña al hombre en todas sus sensaciones. Sana dolencias. Termina con los temores. Por más que cada autor tenga su idea de concebir el milagro de la creación narrativa todos coinciden en que fuera de ella nada tiene explicación ni coherencia.

De regresó caminaba por la plaza de la constitución. La noche de viernes ya era diferente en esta ciudad en la que como dijo Xavier Velasco, nada es imposible pero en cambio, todo es probable.

jueves, 20 de noviembre de 2008

Pornografía + Infantil NO


Lo paradójico es que haya palabras que causen tanto daño:

“Angels”, “lolitas”, “boylover”, “preteens”, “girllover”, “childlover”, “pedoboy”, “boyboy”, “fetishboy” o “feet boy”; son algunos de los términos con los que varios depravados realizan búsquedas de pornografía infantil en internet. Ahora mismo, estas imágenes enfermizas y deplorables para el género humano pueden ser expuestas, comercializadas y peor aún, producidas por seres sin escrúpulos.

Los esfuerzos para combatir este mal nunca serán suficientes. Es por eso que el 20 de noviembre de 2008, a iniciativa de La Huella Digital, más de 900 blogs de Europa y América Latina se sumarán a la Blog-Campaña contra la pornografía infantil. Buscando impactar en las ciberbúsquedas y en las conciencias de este tipo de material visual.

Este blog se suma a la iniciativa. Generemos ruido, digamos no a la propagación de la pornografía infantil y defendamos la inocencia de los niños y bebés del mundo.

martes, 18 de noviembre de 2008

Día D


Dicen por ahí, que el futbol es lo más importante de lo menos importante. Podría ser, aunque en estos momentos, dicha frase se me antoja ridícula: durante las próximas 24 horas, al menos para miles de mexicanos y hondureños, el futbol será lo más importante. Olvidemos la crisis económica a nivel mundial, los problemas de inseguridad o el desempleo. Cualquier dolencia física, dolor del corazón o carencia puede esperar hasta el jueves.

Mañana juega Honduras vs. México en la ciudad de San Pedro Sula. Fuera de eso nada más ocupa mi mente. Jugarse el pase a una Copa Mundial nunca será poca cosa para un mexicano.

Estas palabras no sólo van para los 11 jugadores que mañana saldrán a romperse la cara ante un ambiente hostil; van para todos los que vibramos cada que nuestra Selección salta a la cancha, que nos emocionamos con cada jugada, que gritamos con el alma cada gol, que sufrimos en carne propia cada derrota.

Por orgullo, por tradición, por amor a la camiseta, por esos miles de mexicanos que ven en la Selección una salida a su dura realidad. Por la historia de un pueblo que siempre es más cuando está unido. Por los niños que empiezan a creer en el 'si se puede', por quienes hemos visto gestas heroicas de los nuestros. Por los que mañana desde muy temprana hora traeremos la playera verde bien puesta. Por los que mañana pasaran sufriendo 90 minutos frente al televisor. Por quienes ya rezan para que todo salga bien. Por los que ya tienen la bandera tricolor lista. Por quienes al momento de escuchar el Himno Nacional sentirán la piel chinita. Por mi, por ti, por nosotros. Por todos los que somos mexicanos. Por los que no lo son pero aman a esta tierra como a ninguna. Por los que ya estamos nerviosos. Por los que sin problema alguno dicen sin empacho ‘somos mejores y vamos a ganar’. Por cada una de esas ciudades, de esos pueblos y esos puertos que mañana esperan ansiosos para explotar con un grito de júbilo. Por que mañana todos somos verdes. Por eso y catorce mil motivos más, este miércoles…

¡Vamos con todo México!
Porque no somos 11, sino millones de mexicanos los que mañana nos pondremos la playera.

domingo, 16 de noviembre de 2008

Seguir en el anonimato


Parte del encanto y desencanto de un blog es el navegar, hasta cierto punto, con la bandera del anonimato. Si bien nuestro nombre y nuestra foto pueden aparecer en un perfil, nuestro verdadero yo permanece oculto del mundo real. Se es un personaje, nadie nos garantiza que seamos los mismos fuera de la complicidad que brindan las letras.

Hasta ahora, el escritor del blog nunca se había atrevido a cruzar la frontera de la realidad. El contacto con otros blogueros o con lectores de éste espacio era hasta cierto punto utópico. Salvo las personas que me conocen de toda la vida (familiares y amigos), y que a veces se dan una paseadita por aquí, nadie conoce en realidad quién es Gabriel Revelo. Pensé que siempre sería así, hasta que recibí una invitación vía Facebook. Sucedía que la Lata y Ross (ambas ingeniosas, guapas y divertidas) organizaban una reunión entre varios blogueros el fin de semana. No tuve que pensarlo dos veces. Por dónde se viera el plan resultaba atractivo: hablar con otros autores de blog, conocer gente nueva, pasármela bien y de paso, salir del anonimato. Gabriel Revelo saldría, por primera vez, de su Incomprensible Mundo.

Pase dos días esperando a que llegara esa noche. Una mezcla de emoción y nerviosismo recorrían mi cuerpo cada que pensaba cómo sería ese momento en el que uno deja de ser blog y se transforma en individuo. Aunque a la mayoría de los invitados los he leído, con algunos he tenido intercambio de correos y comentarios, seguramente la sensación de platicas sin usar un teclado y mirando a otros ojos sería muy diferente. Comenzaban así las típicas preguntas que persiguen a todo inseguro: ¿y si soy menos de lo que esperan?, ¿y si mis letras han dado la idea de un personaje con el que simplemente no coincido?... ¿y si mejor ya no pienso tantas tonterías y simplemente me dejo llevar por las circunstancias?

Llegado el anhelado viernes, el destino me jugó la primera de muchas malas pasadas, cuando el Tour Garnacho Gastronómico 2008 en el que participo finalmente me cobró la factura por comer tanto. Quién sabe si fue la torta de carne al pastor que comí con mis compañeros de trabajo el que me provocó esa diarrea repentina o algún otro alimento de horas atrás. El chiste es que pasaban y pasaban las horas sin que mis escapadas al baño se detuvieran. Sólo un milagro haría que asistiera a la reunión de esa noche.

Y el milagro lo hicieron unas varias pastillas de Pepto Bismol.

De la nada la diarrea se detuvo, y si bien todavía me dolía el estomago, el malestar era soportable. Entusiasmado vi el reloj: aun no daban las 9 de la noche, de apurarme llegaría a tiempo. Me bañé lo más rápido posible, me puse mis mejores ropas, me perfume y salí como alma que lleva el diablo hacía La Bodeguita del Medio, mítico bar ubicado en el sur de la ciudad. Lo malo fue que me agarró el tráfico de viernes de quincena, provocado por el viernes de quincena y las desviaciones ocasionadas por tantas obras en la ciudad. Pasé más de una hora dentro del automóvil. Para cuando logré llegar a Avenida Insurgentes eran casi las 10:25 de la noche. Lo que sigue de la historia es una idiotez mía, pues olvidé apuntar la dirección del lugar y mi necedad por preguntar sobre la ubicación del sitio al que me dirigía hizo que me pasara más de media hora recorriendo varias veces la avenida arriba mencionada. Ya estaba medio harto cuando en una de las aceras de mi camino se atravesó un letrero amarillo que me indicaba que por fin había llegado a La Bodeguita.

Como la aguja de la gasolina rayaba ya la parte más baja del indicador de reserva, decidí desviarme a cargar combustible y regresar para ahora sí, ya sin interrupciones, pasármelo de lo lindo con Ross, Lata y compañía. La Gasolineria estaba unos 500 metros adelante. Mientras me atendían, las dudas sobre asistir a la reunión volvieron a tomarme por sorpresa, una vez más me pregunté si era correcto llegar tan tarde (la cita era a las 9) y de paso, desafiar mis inseguridades. Pagué y mandé mis dudas a la fregada, iría. Tenía mucho que ganar.

Deben haber sido poco más de las 11 cuando deje el auto en el Valet Parking de La Bodeguita y entré al restaurante-bar. En la recepción me preguntaron si había alguien esperándome y yo, muy seguro de mi, di el nombre real de Lata, pues se supone que la reservación estaría a su nombre. El encargado revisó varias veces su lista hasta que convencido me dijo que no había ninguna mesa apartada con ese nombre. Obviamente me indigné y puse cara de pocos amigos, gracias a lo cual me dejaron pasar para ver si ‘veía a mis conocidos’. Lo malo era que a mis conocidos sólo les conocía las letras, y alguna que otra foto de sus perfiles en diferentes páginas personales. Mi ingenuidad me hizo creer que los identificaría fácilmente con sólo verlos y para mi sorpresa-decepción, cada que pasaba por una mesa veía rostros que potencialmente podían ser Lata y Ross. En algunas ocasiones algunos comensales se detenían a verme con cierto fastidio o curiosidad.

Sin el teléfono celular de alguno de los otros blogueros, mi última opción era pasar de mesa en mesa preguntando ‘¿disculpen, esta es una reunión de autores de blogs? ¿Es usted la inteligente Lata o la carismática Ross?' La descarté en cuanto un retortijón me recordó que me dolía el estomago. Salí, pedí mi auto al Valet Parking y emprendí el camino de regreso a casa.

Aun no sé bien qué pasó. Puede que haya llegado a otra sucursal de La Bodeguita del Medio, es bien probable pues no soy nada orientado al andar por la ciudad. También puede ser que haya llegado demasiado tarde o que la reservación hubiera cambiado de nombre. De cualquier manera, el destino no quería que esa noche saliera del anonimato y se empeño en ponerme una infección estomacal, tráfico y desviaciones en el camino. Seguramente habrá otra ocasión para que éste que ahora escribe abandone el blog y sea cómo es, para conocer a esas otras personas que también dan vida a otros blogs y que estoy seguro, son increíbles. Por lo pronto seguiré acá, escribiendo y tratando que estas palabras no sean tan diferentes al Gabriel que va al supermercado, se enferma, saca a pasear a su perro y que a veces le da por perderse en la ciudad.

jueves, 13 de noviembre de 2008

Sexed up


"De todas formas te elegí y todo se ha ido al carajo. Es sábado, saldré y encontraré a otra tú".

Una canción debería ser sólo eso. Unas liricas acompañadas de armonías para pasar el rato, divertirnos o hasta bailar. Una canción debería escucharse una, dos veces, y ya, parar o seguir así, sin sentimientos ni emociones de por medio. Oír otra y otra y otra. La mayor parte de las veces que a nuestros oídos llega una nueva le damos una oportunidad y la dejamos ir. Canciones que sólo son canciones, inofensivas para el alma. El problema es cuándo alguna se sale del esquema y decide ser algo más.

Por más que en nuestro interior sepamos cuándo esto ocurre, describir el por qué determinadas melodías rebasan la frontera entré la simpleza y el arte es imposible. Todos tenemos nuestra selecta lista de canciones que se salen del esquema. Las atesoramos como algo invaluable pues en parte, gracias a ellas podemos encapsular momentos en la eternidad y regresar, gracias a unos cuantos acordes, el tiempo hacía emociones que van desde la felicidad hasta el sufrimiento. Volver a respirar olores, cambiar el clima o estremecerse de la nada; no hay imposibles para una canción con la que el destino nos ha unido.

Incluida en el álbum Escapology, ‘Sexed up’ de Robbie Williams es una de las canciones que ocupan un lugar privilegiado en el soundtrack de mi vida. La primera vez que la escuché me estremecí por la intensidad de la interpretación y la fuerza que en primera instancia transmite. Pasé los siguientes días escuchándola quién sabe cuántas veces seguidas. Incansable devoré su esencia. Recorrí con el esmero de un explorador cada renglón de su letra y me encontré con una historia triste, cruel por momentos, pero con la que todos alguna vez nos identificaremos.

Amar y odiar a la vez. Saber que una relación ya no da para más y aún así seguir unidos a pesar del hartazgo. ¿Qué se hace cuándo la ilusión ya no alcanza ni para una caricia?, ¿cómo afrontar, y más aun, aceptar, que el corazón también se puede suicidar? Robbie Williams tuvo el descaro de escribir una canción que plasma la agonía del amor.

I can’t awaken the dead day after day
Why don’t we talk about it?
Why do you always doubt that there can be a better way?
It doesn’t make me wanna stay

You say we’re fatally flawed
Well I’m easily bored, is that ok?
Write me off your list, make this the last kiss
I’ll walk away

Frases crudas adaptables a cualquier circunstancia y que lejos de ponernos bien nos hunden en la desilusión. ‘Sexed up’ lo mismo encaja con un rompimiento que con el desamor. Incluso, no encuentro una canción que vaya mejor con esta noche. Me duele, me pone mal, y aun así Dios sabrá ya cuántas veces, como hace un par de años, llevo oyéndola una y otra vez. Hay algo de masoquismo en poner Play tantas veces. Aun así, nadie me entiende en estos momentos tanto como está canción. Las canciones también son para encontrarnos y sentirnos acompañados en el viaje. El arte es comprensión… por eso nos refugiamos en ella.

Bastan los primeros acordes de la guitarra para que el aire se enrarezca y me repita la historia de un amor que aún no termina, pero al que le cuesta tanto mantenerse en pie.

“Estoy solo aquí, no lo grites.
Con el tiempo olvidaremos.
Finjamos que nunca nos hemos conocido.
Vete lejos,
desaparece”





lunes, 10 de noviembre de 2008

Amaneceres del Husar


Inteligente y simplemente divertida, así es “Amaneceres del Husar”, la primera novela del no menos genial Eduardo Casar, ensayista, profesor, guionista y conductor del programa La Dichosa Palabra (por cierto, uno de mis favoritos).

Éste libro tiene varias complicaciones, empezando por encontrarlo. Pasé semanas enteras recorriendo varias librerías de la Ciudad hasta que por mera casualidad lo encontré en la Librería del Sótano de Coyoacán. Inmediatamente lo compré, pues Eduardo Casar siempre me ha parecido un tipazo lleno de buen humor y leer una obra de su autoría me causaba mucha curiosidad. La verdad no me decepcionó ni tantito, la novela es verdaderamente entretenida y llena de ingenio.

En apariencia el argumento es sencillo: la historia trata sobre las peripecias de un Husar (así, sin acento) que da clases de judo en el Colegio Militar y un día se descubre embarazado (intelectual y literalmente). Entonces acompañamos al Husar en sus diversos encuentros con el ritmo de la vida cotidiana y el lenguaje, éste último, elemento central de la historia que hace de cada párrafo, de cada línea, una autentica fiesta narrativa. Paradójicamente, en esa creatividad radica otra de las complicaciones de la novela, ya que a ratos su lectura no es fácil y demanda más atención de la cuenta tanto en los juegos de palabras como con los capítulos poéticos denominados ‘Husar adentro’.
Aun así vale la pena leer ‘Amaneces del Husar’, sobre todo si lo que se busca es pasar un buen rato y finalizar cada capítulo con una sonrisa en la boca. Personajes como la Susodicha, el General, el Coronel Aguilar y el Adelantado, entre otros, le dan el toque perfecto a la novela. Un libro diferente, original como su autor, que apuesta por un personaje extravagante que va y viene por la Ciudad de México, descubriendo otras realidades y otorgándole al lector diversos enfoques de un mismo escenario.

El siguiente es un fragmento del capítulo ‘Encuentro con el Trolebús’:

"El trolebús se hizo a la parada. El Husar, al abordaje, afanoso como un elefante equivocado. Pagó. Otra vez. Una vez más. De nuevo. Ahora sintió que algo se traía entre manos: era el boleto. (...) Una viejita le clavó muy hondo su mirada azul. El Husar tuvo que aprovechar la quietud de un alto para extirpársela del ojo donde se le había clavado, muy lente de contacto.

La viejita se levantó para cederle el asiento, diciendo algo completamente intraducible (hay que tomar en cuenta la edad de la señora y la ley de Quilis según la cual es el mínimo esfuerzo el que empuja la lengua).

--Gracias señora --se defendió el aumentado aceptando agregando: --Ya no hay caballeros.

--Ya no --contestó la viejita con un dejo de firme tristeza en la voz y en el gesto otro dejo más o menos igual.

--¿Le llevo sus cosas? --correspondió el Husar.

--Sí --le dijo la viejita, entregándole dos divorcios, un hijo muerto, un chevrolet azul modelo 47, una noche en la azotea de un hotel en Puerto Vallarta, una nieta violinista, la Historia general de México en dos tomos, un hombre aburrido, una foto en el periódico donde está con Adela, un florero de Tonalá que le había regalado José Antonio, la excurción de Bojórquez al Cañón del Sumidero, una mañana anaranjada del 32, lo del eclipse, un cuento de Bertold Brecht, un tocadiscos Philco con la aguja original, un beso, una nevada, unas flores, la borrachera en la que quiso vomitar en el closet, una libreta de Florencia, una declaración en una servilleta, la noticia del suicidio de Roque, la serenata, los langostinos al chipocle, el sermón de la montaña, el accidente, aquel café fuerte y fragante, dos partos naturales, dos botellas grabadas, un intento de diario, un tono exacto y el mar, con sus punzantes cordilleras azules."

Siempre se me complica reseñar un libro. El sentimiento de que no le hago la menor justicia a una obra literaria siempre queda flotando en el aire. Ahora, con ‘Amaneceres del Husar’ esa sensación es aún mayor; por eso, si ya los enredé de más no me hagan caso y lean lo que el mismo Eduardo opina de su novela.

En conclusión, un libro disfrutable.

viernes, 7 de noviembre de 2008

La noche en la que a los imposibles les dió por volverse realidad

Cuando de alguna manera se trabaja o vive atado a los medios de comunicación y los hechos noticiosos son las que dictan el ritmo de la propia rutina, se sabe que estos momentos más tarde que temprano llegarán y que en cierta forma se vive para ellos. El curso de la historia cambia y uno, testigo a fin de cuentas, poco puede hacer por no caer en la vorágine de sentir sacudido su presente.

Estos días han sido así. Toda la semana de la nada se volvió gris. La vida nacional ha girado en torno a esas imágenes que una y otra vez se reproducen en los noticieros sin que por eso se hagan más digeribles. Imágenes que he visto hasta el cansancio y que contribuyen poco a despojarme la idea de que todo es ficción.

Ahora las fotografías, videos y audios son elementos que respaldan la realidad y que borran todo escepticismo probable. Ahí está repitiéndose: uno de los trayectos de la avenida más hermosa y representativa de la Ciudad de México envuelta en llamas debido a la estrepitosa caía de un pequeño avión. No, no es una escena de película hollywoodense, ni el capítulo de una novela que se me antojaría exagerado e improbable. A veces a la vida le gusta exagerar y con ello dejarnos pasmados y sin capacidad de reacción. En parte escribo estas palabras para medio comprender lo que tanto le está costando entender al país entero.

Incomprensible es que un avión proveniente de San Luis Potosí caiga de la nada en el corazón de la capital mexicana. Improbable que esta nave caiga en una de las avenidas más transitadas en horas pico, con cientos de peatones y automóviles como blancos potenciales al impacto. Por si fuera poco, la inverosimilidad de la situación raya en lo ridículo cuando la noticia se hace pública: en el vehículo aéreo viajaba Juan Camilo Mouriño, secretario de Gobernación del Gobierno Federal y otros funcionarios de alta envergadura. Los tripulantes de aquel avión gubernamental y varios civiles murieron. Más de cuarenta heridos en la tragedia. Decenas de historias de los testigos. Aquella noche, a un grupo de imposibles les dio por unirse y volverse realidad.

La noche del martes 4 de noviembre la televisión suspendió su programación para transmitir lo que en un principio se creyó, era un incendio. La información comenzó a fluir y a un ritmo acelerado fuimos entendiendo la gravedad de la situación y las implicaciones que está tendría. La cobertura de las elecciones en EE.UU. pasaron a un segundo punto. La noche estaba despejada y la belleza de las luces de la ciudad contrastaban con el caos que reinaba en las calles de Polanco. Después el Presidente de la República, visiblemente afectado, daría un sentido mensaje a la nación en el que lamentaba la muerte de su funcionario y amigo. Su confusión y desolación no nos fue ajena, al contrario, el sentimiento en el país es el mismo desde hace casi 72 horas: no nos reponemos del mal sueño que se tiño con tintes surrealistas y que al despertar seguía ahí, tenemos cientos de preguntas y carecemos de la seguridad de encontrarlas.

Los expertos dicen que todo apunta a que lo sucedido se debió a un accidente, pues así apuntan las imágenes del radar y las grabaciones del centro de mando del aeropuerto con la aeronave. La caja negra será analizada por varios expertos nacionales y extranjeros a fin de dar con la verdad. De nada sirven ahora las palabras cuando en el ambiente popular se siente que detrás de estos acontecimientos se esconde algo más. No me atrevo a hacer conjeturas irresponsables pero son demasiadas coincidencias en tiempos en los que el gobierno federal se encuentra librando una guerra sin tregua contra el narcotráfico. El mismo discurso del Presidente deja varios mensajes entre líneas que intentan dar la impresión de seguir en pie de lucha.

Cuesta descubrir que la ciudad en la que vivo es el escenario de un accidente así. Siempre pensé que en esta ciudad cualquier cosa podría pasar, pero jamás imaginé que escribiría algo así. Aquellas calles por las que tantas veces he pasado ahora están cercadas, llenas de autos quemados y trozos de avión en varios metros a la redonda. Ayer se realizaron los funerales de estado que reunieron a toda la clase política del país, logrando la unión de fuerzas y diversas ideologías que pocos creerían posible.

Soy uno de tantos que sintió un hueco en el corazón en el momento en el que el Presidente Felipe Calderón, entregaba a los familiares de las victimas la bandera que cubría cada uno de los féretros. Cuando el pequeño hijo de Juan Camilo Mouriño abrazaba el retrato de su padre fui golpeado por un profundo pesar del que aun no me repongo. Y es que ya no se trata de hablar bien o mal de un político de carrera prometedora sino de pérdidas humanas, de familias a las que la muerte sorprendió de una manera caprichosa y eso debe doler en el alma.

Quería publicar más fotos, pero estos ya abundan en la red y no le vería mucho caso. Además el ánimo no me alcanza para otra cosa que no sea guardar un mínimo respeto hacía el sentimiento de luto que se apoderó del corazón de cada mexicano.

martes, 4 de noviembre de 2008

Feliz aniversario señorita nostalgia


Nublado a ratos, pero en su mayoría soleado, así es este mediodía de martes. Es 4 de Noviembre, y apostaría que soy una de las pocas almas que recorren los pasillos de esta universidad en la que hace un par de años estudié. Así, sentado en una jardinera del llamado ‘edificio H’, solo, escribiendo en un viejo cuaderno estas palabras que hoy me parecen sin sentido. ¿Qué hago en este recinto de estudios que me vio terminar una carrera universitaria hace casi cuatro años un día entre semana a una hora que muchos se tomaron libre?, ¿encontrar respuestas?, ¿comprender una historia que desde hace años quedó inconclusa? La verdad, estoy aquí para celebrar nuestro aniversario.

Sopla un airecillo fresco. Intento escribir pero no me sale nada. Si vieras mi cuaderno: palabras rayadas, tachadas... cosas que no sirven. Si he de ser sincero contigo, te diré que fallidamente pretendo redactarte una par de palabras coherentes, porque debes saber que hoy sólo quiero pensar en ti ¿algún día leerás estas palabras que sólo son tuyas?, ¿te incomodo si menciono tu nombre, que por años para mí fue oración? Dicen que los caballeros no tenemos memoria, pero sabes, yo sí que la tengo. Por eso estoy aquí. Por necio. Porque no te quise. Te amé. Si el resto del mundo no quiere recordar ni mirar atrás yo lo haré: hoy, hace cinco años me hiciste la persona más feliz del universo.

Tenía meses tras de ti. Algunas veces salimos. A veces cerca, a veces lejos, pero tú siempre diferente. Imagínate mi sorpresa el 4 de noviembre de ese caótico 2003, cuando me preguntaste si quería andar contigo. ¿Te acuerdas? (por favor, dime que sí) era martes. ‘El punto es’ que no sé qué cara habré hecho, pero tiré al suelo mi mochila y mi bata blanca de laboratorio para mi clase de fotografía. ¿Te abracé o primero te dije que ‘sí’? No me acuerdo. Prefiero guardar en mi mente la alegría que en ese momento recorría cada parte de mi cuerpo. No olías a ningún perfume. Olías a ti, al amor más delicado que se consume en un segundo y es capaz de perder en la tormenta de tu ternura al más incauto de los mortales. Te di ¿o me diste? un tímido beso en los labios. Si cierro los ojos aun siento la finura de tus labios, la suavidad y calidez de tu boca que me regaló un segundo en el cielo. Hoy en cambio, si pienso en ti sigo sintiendo ese cosquilleo en mi boca, pero con un pequeño toque insoportable de dolor. Aun a la distancia, puedes hacerme bien, puedes hacerme mal, y ni siquiera te importa.

Esa misma noche cuando se enteraron, mis amigos dijeron que mis ojos tenían un brillo especial. Hoy más que nunca confirmo que esa chispa que me iluminaba era el reflejo del azul de tu mirada. Y fui feliz, muy feliz, como pocas veces, como casi nunca. Al otro día estuvimos tomados de la mano, esperé a que salieras y te llevé a tu casa. El viernes de esa semana te compré un ramo de flores rojas. Una semana después cortamos y me rompiste el corazón. Meses después anduvimos, y rompimos de nuevo. Nuestra historia no se reduce a un día, pero hoy sólo quiero hablar del martes de ese noviembre, de esa noche en aquel tercer piso que observo desde donde estoy sentado. Solo en esta escuela me siento extraviado en el recuerdo. Haciendo preguntas al aire, a Dios y sobre todo a ti. ¿Dónde estarás ahora?

No te preocupes. Ya no siento nada por ti, o eso quiero creer... aunque sólo por hoy estas ganas de escribir tu nombre me está matando. Como hace cinco años, hoy por primera vez sentí frío invernal.

Siento mis ojos rojos, una lágrima está a punto de escaparse para siempre de mí. Así fuiste tú, como una lagrima que amenaza, suavemente acaricia mi mejilla y lentamente se pierde para siempre. ¿Por qué me afectó tanto este día, cuando hace uno o dos años ni me acorde de lo que había pasado?, ¿Serás tú o será que pasan los años y sigo solo, añorando? No quiero ni pensar que ha pasado en tu vida o si compartes con sentimientos con alguien, mientras yo sigo igual, estancado y en pausa esperando quién sabe qué cosa. De cualquier manera, por más que quiera no podré ocultar lo mucho que me lastimaste... aunque te empeñes en hacerme ver a mi como el malo de la historia.

Ha pasado una hora en la que más que escribir recordé cosas. Retrocedí el tiempo y ahí estás tú conmigo, yo contigo. Fundidos en un abrazo eterno. Le doy la vuelta al edificio 'H’ y al recuerdo. Que se quede ahí, como guarida para refugiarme cada 4 de noviembre. Cierro el cuadernito y le pongo punto final a esta narración con unas palabras para ti: Sí, a veces pienso en ti. Sí, aun guardo las cartas y cosas que alguna vez te di y me regresaste. No me atrevo a verlas, las estoy guardando para cuando quiera hacerme mucho daño.