miércoles, 29 de abril de 2009

El amor en los tiempos de la influenza



Llegó la dichosa fase 5 y estamos a un paso de la pandemia. Los restaurantes han cerrado, la OMS ha declarado que a la ‘influenza porcina’ se le llame ‘influenza humana’, el virus se expande por la república mexicana y varios países del mundo. Todo eso pasa sin que uno pueda hacer nada que no sea el seguir las instrucciones para evitar cualquier contagio. Sin embargo hay algo inmune a todo esto. En medio de este encierro de nuestros ánimos y esperanzas sigo pensando en ti.

Aunque el mundo se haya vuelto otro hay cosas que no cambian. ¿Te has fijado que nuestra relación es cíclica? Has el recuento y verás que no miento. Siempre pasa algo en primavera, llega a la intensidad en verano, se enfría en otoño e inverna en diciembre. La gripe porcina o humana o porcina humana no impide que mis atardeceres encadenen tu recuerdo a mi mente, ni ha sido capaz de hacer que mis preocupaciones tengan como primer invitado la divinidad de tu nombre.

Amar en tiempos en los que una epidemia nos amenaza no varía el sentimiento, pero hace que las circunstancias sean diferentes. Hace que no verte ni poderte saludar sea el verdadero castigo de esta contingencia y que hasta en las horas de auto explorar mi conciencia sigas en cada una de las cosas que valen la pena. Va a sonar anti romántico pero es la pura verdad: eres un virus aun más mortal que cualquier influenza. Te cuelas por los ojos, por la boca o por la piel de uno, te apoderas de mi sangre y llegas al corazón para colonizarlo, amoldarlo a ti y después abandonarlo para volver sólo de vez en cuando.

La epidemia saca la psicosis y angustia de todos, eleva a la decima potencia nuestros miedos e inseguridades. A ti, en cambio, te dota de un brillo especial. Hablas de la situación y eres capaz de reír. Te pones sería y tu rostro adquiere un rostro de valentía que dan ganas de seguir. Estas consciente de la gravedad de las cosas pero no dejas doblegar tu alma. Si quisiera estar acompañado por alguien en el fin de los tiempos, te elegiría a ti. De seguro me harías ser valiente. De seguro saldríamos delante de cualquier imposible. De seguro, estaría seguro.

Por ti me estoy pensando muy seriamente el dejar de lado las recomendaciones y jugármela por estar a tu lado aunque sea un ratito. El contagio virulento me da miedo, el que te ausentes de mi mirada, me da temor. La gripe porcina me da miedo, pero… ¿y los celos?

El amor en los tiempos de la influenza no es tan diferente al amor en los tiempos de mundial, de vacaciones, de navidad o de pascua. Te tienen a ti como común denominador.

lunes, 27 de abril de 2009

La función social de un blog


4 días han pasado desde el inicio de la crisis bacteriológica por el virus de gripe porcina en la Ciudad de México y las cosas no pintan nada bien. La vida en la capital mexicana dista mucho de ser normal y en el ánimo de la gente prevalece una tensa calma. Hoy la rutina son las calles vacías, los centros de reunión y esparcimiento abandonados; los noticieros de radio y televisión transmitiendo ininterrumpidamente; las actividades económicas y laborales que de a poco van disminuyendo y ese halo de intranquilidad flotando en el ambiente. Por si fuera poco, un temblor de seis grados cimbro esta mañana gran parte del país. Sí. El pueblo mexicano enfrenta una de esas pruebas que ocasionalmente el destino nos manda para recordarnos que unidos somos más fuertes.

Que si según la Organización Mundial de la Salud ya pasamos de fase 3 a 4, que si ya se suspendieron las clases en todo el país, que si la epidemia ya se extendió a Estados Unidos y Canadá. Es imposible encontrar algún sector de la sociedad que se muestre ajeno a la situación. La misma vida en internet se encuentra más activa que nunca: foros, blogs, twitters, podcasts, páginas personales y estaciones de radio on-line, han dedicado cientos de líneas al tema de la influenza porcina y todo lo que de ella va derivándose, y aunque en la red se puede encontrar los más diversos puntos de vista, básicamente pueden encontrarse dos tendencias: la seria, cuya preocupación es informar y discutir de manera veraz e inteligente los acontecimientos; y la irreverente, que tiende a tomar las cosas de una forma más ligera y divertida, haciendo mofa de la situación y evitando a toda costa ver el lado crudo del entorno. Ambos son validos, y en este momento, igualmente necesarios. No podemos cerrar los ojos a la realidad, pero tampoco podemos dejar que esta nos rebase.

Justo hoy este blog se debate entre ambos frentes. Traté que el tema de la epidemia no se apoderada de esté espacio, pero me vi rebasado por esta necesidad de narrar en la medida de lo posible lo sucedido y ahora la pregunta es ¿qué tanta responsabilidad con la sociedad tiene un blog, que si bien es un medio de comunicación de bajo impacto, puede ser leído por cientos de personas? Por más que no diga nada nuevo y repita lo que todos, me siento comprometido a escribir sobre los hechos y ayudar desde éste humilde blog en lo posible. De algo servirá y si no, al menos, entre tantos cibernautas nos acompañamos y vamos sacando temores.

Lo confieso: estoy preocupado. No sólo por mi sino por mi familia, amigos y mi país. A pesar de eso he tenido mis ratos de diversión, de no tomarme las cosas tan en serio y de hasta bromear. Quizá es inmadurez o mis genes mexicanos, que me impiden no hacer un chiste de la peor tragedia. Un ejemplo ha sido la proliferación de chascarrillos y burlas ingeniosas sobre la gripe porcina que desde hace un par de días ha invadido Twitter y en el cual he participado alegremente ante la condena de otras personas que con menos sentido del humor, consideran que burlarse en estos momentos es peor que una mentada de madre.

Sabrá Dios cuánto tiempo dure esta situación y en qué forma irá mermando lo poco de normalidad que le queda al país. Trataré de escribir en este blog y desahogarme lo más seguido que pueda al menos mientras estos días álgidos continúen. Si es en el más serio de los planes o haciendo chistes al por mayor es lo de menos. Lo que no puedo es quedarme quieto y dejar que el blog sirva como pararrayos y no se paralice al igual que el resto de la ciudad. Así que leamos otros blogs, escribamos en el nuestro, opinemos, bromeemos, pero no dejemos que se nos vayan las ganas de pelear.

Hasta el momento como sociedad nos hemos sacado un 10. Las autoridades se están coordinando adecuadamente y los medios de comunicación han llevado a cabo una cobertura sobresaliente y exhaustiva. No me queda de otra más que recomendarles que se cuiden mucho y sigan las indicaciones, que esa es la mejor manera de cuidar a los nuestros y salir lo más pronto posible de esto. Estoy seguro de que nos leeremos muy pronto aquí en mi twitter.

sábado, 25 de abril de 2009

Mi ciudad, la gripe porcina y yo


Peligroso. No aconsejable. Pero también atrayente. Así fue salir este día a las calles de la Ciudad de México y recorrerla, sentirla rara. Al menos hoy, vivir aquí equivale a estar en medio de una película de ciencia ficción con un guión un tanto exagerado. Lo cierto, es que los habitantes de esta urbe estamos en medio de un raro brote epidémico de gripe porcina.

No importa cuántas veces se piense que aquí ha pasado de todo. Siempre hay algo más. De nuevo la capital mexicana se salta la barrera de lo imposible para entregarnos, una vez más, un escenario sui generis. Al menos un servidor no recuerda algo así. La velocidad con la que se han suscitado hace que la situación sea aun más inverosímil. No tiene ni una semana de que se reportaron los primeros casos de influenza en algunos hospitales de la Ciudad. El martes la cantidad de casos iba en aumento. Para el miércoles la situación ya era preocupante. Ayer jueves, por la noche, se anunció la suspensión de clases en las escuelas y universidades de todos los niveles en el Distrito Federal y se decretaron medidas de prevención en la población. El viernes, se anunció que el brote epidemiológico no es de influenza, sino de un extraño virus mutante llamado Gripe porcina.

Para quienes estamos en esta ciudad, las últimas horas han sido una locura. Intenso tráfico automovilístico en algunas zonas, en otras, calles desoladas. Mensajes a la nación por parte del Presidente y de distintas autoridades competentes. Decenas de personas con cubre bocas (los cuales, se agotaron en tiendas y farmacias), un ambiente de preocupación en el ánimo capitalino, horas y horas de programas dedicados a la problemática en la radio y televisión. Conciertos, museos, cines, partidos de futbol, teatros… todos suspendidos hasta nuevo aviso. Los centros de salud atiborrados, paranoia en algunos casos, incredulidad en otros. En resumen, las cosas distan mucho de ser comunes.

Escribo estas líneas y aparentemente van 1002 personas contagiadas en todo el país. Las cantidades del número de contagios y decesos a causa de la gripe porcina varían a cada instante. Lo mismo sucede con las versiones del origen del virus. Que si procede de un turista canadiense, que si surgió en el continente asiático, que si los primeros casos se reportaron hace unos meses en Estados Unidos. A estas alturas los síntomas son por todos conocidos: temperatura de más de 39 grados, tos seca, secreción nasal, intenso dolor de cabeza. Quizá esta sea la causa de que inevitablemente, uno termine sugestionándose. Al menos en mi caso, varias veces me he sorprendido exagerando y sintiendo que he caído preso de la epidemia. Por más que siga las instrucciones de no saludar a los demás ni de beso o mano, evite los lugares concurridos, me lave las manos continuamente y en general estoy evitando salir de casa, la idea de que el lugar en donde vivo está en medio de una crisis epidemiológica simplemente me inquieta.

Un virus nuevo, poco estudiado y sin vacuna. La amenaza de una pandemia no es descabellada. No existe un periodo determinado que nos diga cuando podía solucionarse del todo. Para un narrador situaciones así son irresistibles. Salir de la rutina y caer en lo extraordinario. Palpar con nuestros sentidos lo que bien podrían ser las líneas de una novela. Disfrutar, a pesar de los pesares, los múltiples escenarios que una contingencia así va generando.

La Organización Mundial de la Salud ha externado su preocupación, y en cientos de sitios noticiosos de internet se pueden leer las diversas reacciones que la opinión mundial ha generado en diferentes países. Lo extraño es que uno está aquí, en medio del epicentro. Y aun así, hasta en las crisis los mexicanos somos pintorescos, únicos. Los chistes sobre la situación no se han hecho esperar y a pesar de la falta de experiencia de la población en casos así, la reacción de las personas ha sido muy aceptable. Hay preocupación, sí, pero también hay calma y optimismo. La información oportuna ha hecho que la Ciudad camine y que contrario a lo que muchos medios manejan en el extranjero, México está en calma.

Y en esas andamos, escribiendo sobre lo que sucede, dándole sentido a esto de narrar lo increíble para entenderlo. Nos estamos leyendo. Desde la Ciudad de México, Gabriel Revelo. (Me sentí corresponsal de guerra).

miércoles, 22 de abril de 2009

Todos los de mi generación iremos al infierno por herejes


Ahí va uno de esos post que nacen de la mente retorcida de un servidor. En esta ocasión (y a sabiendas de correr el riesgo de herir susceptibilidades) vamos a hablar de Dios… y de sus partes intimas.

Procedo de una generación extraña. Acostumbrada a que los frutsis se abren al revés, a que las abejas se pueden atrapar con bolsas de plástico o a cosas tan extrañas como afirmar que los muñequitos de los Pitufos de noche cobraban vida y mataban niñitos, por mencionar algunas. No es de extrañar, entonces, que quienes vivimos nuestra tierna infancia a finales de los ochenta y principios de los ochenta seamos un tanto diferentes. Por un lado, aun alcanzamos a vivir ese México en el que se podía jugar en las calles toda la tarde y por el otro, formamos parte de una generación a la que los videojuegos, celulares e internet no nos son del todo ajenos. Un hibrido así puede dar como resultado un cumulo de individuos brillantes. Lástima que mis contemporáneos y yo probablemente estemos condenados al infierno. Todo por irrespetuosos.

De todas las religiones, sectas y grupos creyentes, ninguno me causa tanta curiosidad como el de los llamados “Los Testigos de Jehová”. Dicho grupo basa su credo en la creencia del retorno triunfal de Jehová a la tierra para convertirla en un paraíso y salvar a sus verdaderos creyentes. O eso creo, la verdad no estoy muy seguro. Lo importante es que desde que tengo memoria, los sábados es de lo más común verlos recorrer las calles con sus vestimentas elegantes invitando a los vecinos a escuchar la palabra de Jehová, profesarla y alcanzar así la salvación en el momento en el que a éste se le ocurra juzgarnos.

Aunque soy católico (disqué) las veces que me los he encontrado he sido respetuoso con ellos, he sido testigo de cómo en innumerables ocasiones han sido rechazados. El peor fue un vecino que tenía sus copas de más, al ser visitado por los Testigos de Jehová este salió de su casa y les respondió con la pintoresca y mexicanísima frase: ‘¿qué pedo?' Aun ahora sufro de ataques de risa al recordar la cara de aquellas respetables señores al escucharlo. A mi mente llegan mis años en la primaria en los que tanto mis compañeros como yo nos referíamos a los Testigos como ‘Los testículos de Jehová’. Antes me causaba gracia pero no tanta como ahora. Analicemos el término detenidamente. ¡Es una herejía! Porque, osea, nos estamos refiriendo a Dios, al creador omnipotente de todo lo existente, aquel ser perfecto cuya voluntad rige el Universo ¿y qué hacen un grupo de escuincles? ¡burlarse de sus partes íntimas! En mis tiempos el nombrecito ese era todo un éxito. No había amiguito o compañero de mi edad que no lo conociera y peor aún, que no hiciera algún tipo de mofa.

Pareciera que nadie respeta a los Testículos (perdón, testigos) de Jehová y eso es lo preocupante. No sólo porque en una sociedad debe imperar el respeto a las creencias y a cualquier grupo de personas, sino porque ¿y si tienen razón? ¿qué tal si un día a Jehová le da por bajar del Reino de los Cielos y castigar a todos sus hijos malcriados que se burlaron tanto de sus Testigos como de sus testículos? ¿acaso tendrá piedad de una generación que, como dicen por ahí, ‘no sabía lo que hacía'?. Mi consuelo es que si a Jehová le da por mandarme al infierno no me iré solo. Junto conmigo vendrán cientos de personas de mi edad. Si tú que lees esto tienes entre los 20 y 30 años muy probablemente sufrirás en el fuego eterno junto conmigo. Si en cambio eres un Testigo de Jehová, despreocúpate, terminarás en el paraíso acompañado de otras tres personas.

La verdad me siento medio culpable por haber escrito esto. Carece de lógica, ética y respeto. Pero como ya he dicho en otras ocasiones, lo hice porque estoy seguro que Dios tiene tan buen sentido del humor, que hasta gracia le causo… espero.

(toco madera)

domingo, 19 de abril de 2009

El mismo güey de siempre


“...ya no chupo tanto, pero sigo siendo el mismo güey de siempre”, dijo Javier Aguirre de forma desfachatada y sincera hace unos días al ser presentado como nuevo entrenador de la Selección Mexicana de futbol. En mi caso podría aplicar la misma frase, sobre todo un día después de mi cumpleaños.

Ya tengo 27 años, pero no se lo digan a nadie. Tras algunas celebraciones algo me dice que debo reflexionar un poco sobre mi vida. Aunque por lo general estas fechas sirven como parteaguas para replantear el camino y dejar malos hábitos o conductas, yo no estoy muy seguro de querer hacerlo de ese modo. Por eso se me ocurre ¿y si en lugar de plantearme mis errores, me centro mejor en mis aciertos, en aquellas cosas que me hacen ser ‘el mismo güey de siempre?

Soy aquel que desde hace año persigue sus sueños de siempre, por más que la realidad a veces se empecine en arrancarme de ellos al menos ahora la experiencia me ha enseñado a que el trabajo es el mejor camino para tarde o temprano llegar. Sigo deprimiéndome los fines de semana pero a cambio no dejo de disfrutar asistir a los partidos del Atlante y de la Selección. Compro libros compulsivamente aunque a veces tarde meses en leerlos. Me preocupo por todo pero a la vez no me tomo las cosas en serio, todo depende del humor que ese día tenga. Me encanta viajar, ir al cine, manejar en carretera, ver programas de comedia en televisión y tener un blog. Continúo siendo extremadamente infantil e inmaduro. No suelo ir a misa cada domingo pero procuro hablar con Dios lo más seguido que puedo. Todavía evito decir groserías si hay alguna mujer presente y no salgo de casa sin celular, llaves y dinero (unas monedas, no vaya a leer esto el crimen organizado).

27 y sigo comiendo tacos, escuchado canciones cursis que siempre adapto a mi vida y dejando todo a última hora. El amor me sigue ocasionando dolores de cabeza pues no sé que espera mi corazón para despabilarse… soy un caso en asuntos sentimentales. Soy hogareño y detesto los días lluviosos pues me impiden sacar a pasear a Margarito. De mi sensibilidad ya ni hablamos, no hay una semana en la que una película, un libro, un programa de televisión o una canción me arrebaten una lágrima.

He cambiado pero la esencia sigue ahí. A veces no sé si para que mi vida de un giro debería de cambiar un poco más y dejar de ser el ‘mismo güey de siempre'. Tener 27 años es un término medio algo incomodo: no soy un jovencito pero tampoco encajo completamente en el término ‘adulto’, quizá ya debería de tener encaminada mi vida pero aun no es nada tarde para iniciar cualquier proyecto. A mis 27 aun tengo una vida por delante y eso hace que desde ayer todo tenga un sentido diferente. Quiero un cambio, eso es seguro. Estoy en el momento y a diferencia de otros cumpleaños, tengo ganas de vivir lo que el destino me ha quedado a deber.

Sigo siendo el mismo güey de siempre... aquel que desea que cada día valga la pena y sea un paso hacia adelante.

El autor del blog con sus mejores amigos en la celebración de su cumpleaños.

miércoles, 15 de abril de 2009

La región más transparente


Toda mi vida aquí y sigo sin comprender este lugar que con cada paso, con cada minuto, se me presenta como totalmente nuevo. Aquí a los imposibles les da por volverse realidad y a las calles por ser escenario de un sinfín de historias que ni en un millón de años se alcanzarían a contar. Aquí dónde cada centímetro cubico, cada partícula, vive y muere a la vez con una prisa que nadie entendería. Aquí, en uno de los lugares más peculiares que tiene el mundo la tristeza lacera y el sol quema melancolía.

Vivo en la Ciudad de México. La más grande del mundo, que para bien o para mal, no se parece a ninguna otra. Esta ciudad es una galaxia con muchas estrellas conformándola. Esta la ciudad de los grandes palacios coloniales; la de la vida cultural con más museos y exposiciones que cualquier otra; la de los suburbios y barrios bravos; la de las grandes avenidas, puentes y pisos a desnivel en la que es imposible caminar; la desértica; la de los grandes jardines, parques y bosques; la de pueblitos pintorescos; la de los grandes edificios; la de los monumentos históricos; la de los puestos de tacos en cada esquina; la de los grandes conciertos y eventos deportivos; la azotada por la delincuencia; la que nunca duerme; la que fue hogar de Frida; la de las fiestas; la retratada en películas; la contaminada; la que se reinventa en la moda y adquiere un estilo propio, la que renació después de un terremoto; la de los corporativos y hoteles elegantes; la de Guadalupe; la que nunca está en silencio; la que se multiplica; las otras que aun no conozco pero que están.

Vivir aquí es el regalo de regalos para un escritor. Una ciudad así tenía que tener su propia novela en la que no nada más fuera el escenario de una historia sino la protagonista. Así nació ‘La Región más transparente´.

Escrita por Carlos Fuentes en los años cincuenta del pasado siglo, fue su primera novela, la que lo puso en la escena de la literatura mundial. No es para menos. Leerla es un prodigio que tontamente pospuse varios. Aun ahora, después de haber devorado las más de quinientas páginas que la conforman sigo extasiado. Uno puede ir leyendo historias en las que más o menos se encuentra, pero toparse con una novela en la que cada una de las realidades que nos rodean es desnudada hasta los huesos es fantasmagórico. No sólo es toparse de frente con lo que somos como individuos sino como sociedad. Todos en algún momento somos parte de alguna de las entrañables historias que se van entretejiendo ante el amparo y complicidad de una ciudad que siempre termina por cambiarle la vida a quien se cruza con ella.

Federico Robles, Norma Larragoiti, Rodrigo Pola, Pimpinela de Ovando, Manuel Zamacona, Roberto Regules, Hortensia Chacón, Rosa Morales, etc. Hablar de la historia central de la novela con tantos personajes es casi como querer describir de golpe todo lo que pasa en cada hogar de una orbe gigantesca. Todos en su soledad pero unidos en las venas palpitantes de la Ciudad de México. Todos bajo el amparo de Ixca Cienfuegos, personaje enigmático y misterioso, básico de la literatura mexicana.

Confieso que los meses que tardé en leer ‘La Región más transparente’ transformaron mi perspectiva de mi ciudad. Si antes ya la amaba por bella y excéntrica ahora la vivo más, la. No importa que tenga medio siglo de haber sido escrita, pues sigue siendo tan o aun más vigente que en aquel entonces. No sólo es una novela de calidad mundial escrita por uno de los mejores escritores del mundo, es además un tratado sobre la mexicanidad desde perspectivas que van desde la idiosincrasia hasta la psicología de nuestro país y una denuncia no hacía los círculos del poder sino hacía los defectos y virtudes de nosotros mismos. El florecimiento del México post revolucionario y el nacimiento del chic, la creación de grandes fortunas, la clase alta en decadencia. Esta novela podría llamarse ‘México’ y no le faltaría nada.

Otro detalle fascinante de esta novela es que no es necesario vivir o conocer la Ciudad de México para entenderla. El autor supo dotarla de un lenguaje y acciones universales que la hacen que igual se apasione un lector defeño que uno alemán. Por eso la recomiendo mucho. Siempre que puedo presumo mi ciudad… este libro les hará entender el por qué.

Hace unos meses estuve en la conferencia magistral de Carlos Fuentes por motivo del Homenaje Nacional por sus 80 años. Una emoción que aun no puedo dimensionar invadió mi cuerpo cuando el mismo Fuentes concluyó la conferencia leyendo uno de los párrafos más significativos de ‘La Región más transparente’:

Aquí nos tocó. Qué le vamos a hacer. En la región más transparente del aire.

Después todo el Auditorio Nacional se puso de pie y le aplaudió por minutos. La tarde que terminé de leer ‘La Región más transparente’ quise hacer lo mismo.

domingo, 12 de abril de 2009

Montepío... 9 años después


La crisis le ha pegado hasta a la gramática. Palabras que en antaño tenían su valor e importancia ahora se han vuelto de uso común. Tal es el caso del termino ‘surrealista’, antes tan exclusivo y especial, hoy tan manoseado. Basta que cualquier cosa tenga aunque sea algo diferente para hacerse acreedor al singular calificativo. Aun así, caeré en el lugar común de nombrar como surrealista la siguiente experiencia, pues créanme, en esta ocasión, está más que justificado.

Y siguen los post sobre mis vacaciones en Catemaco.

Tras años y años de recorrer cada milímetro de esa región veracruzana creía haberlo visto todo. Uno de los tantos lugares que tiene la zona para visitar es la playa de Montepio, ubicada a unos 50 kilómetros de Catemaco. El camino por carretera es espectacular al entregarnos paisajes selváticos y de las lagunas de Los Tuxtlas. No visitaba aquella playa desde el años 2000, en esa ocasión estaba semidesierta, tan solitaria que estremecía encontrarse en un lugar así, en el que el río se desemboca en el Atlántico. La visión en aquellos tiempos era esta:





Para el 2009 todo, absolutamente todo cambio. El camino ya no era de terracería. La afluencia de turistas se había elevado al infinito y la paz y tranquilidad sencillamente dejó de existir. Me bastaron unos cuantos minutos en aquella playa para saber que de vez en cuando uno encuentra cosas que merecen ser llamadas ‘surrealistas’ porque no hay otra manera de describirlas. El nuevo Montepío es la versión corregida, mejorada y aumentada de lo que es una playa populosa a la mexicana (con las ventajas y desventajas que esto conlleva). Quienes por azares del destino han conocen las playas de Caleta o Puerto Márquez, en Acapulco, saben de qué les hablo. Aun así, este Montepío hace que esas dos playas guerrerenses parezcan la mismísima Riviera francesa.

Ahora Montepío ofrece este aspecto:



Describirlo es imposible. Aun así en mi mente continúan varías imágenes: demasiada gente en la playa y en la alberca, señoras con vestidos y hasta pantalones de mezclilla en el mar, música popular en todos lados, perros callejeros, niños corriendo por todos lados, mucha basura, cervezas por todos lados, casas de acampar armadas rudimentariamente con alfombras de casa, gente tirada durmiendo, groserías, papás que les dicen a sus hijos que si quieren hacer del baño entren al mar, celulares sin señal, cuatrimotos, desnudos parciales indeseables, bananas inflables para recorrer el mar atados a una lancha, el autor de un blog con una playera del Atlante, olor a comida, solo un par de baños públicos para un mundo de personas, vendedores ambulantes, dos soldados cuidando el orden (mejor dicho desorden), más basura, un niño gordo con un erizo de mar en un vaso de plástico, cielo medio nublado pues ‘ya va entrar el norte’, viejitas pidiendo limosas, una señora con muletas en el mar, y un larguísimo y angustiante etcétera.

Mis primos y hermana, entre sorprendidos y fastidiados:



Reitero lo que dije en el post anterior, una imagen vale más que mil palabras. Por eso con mi celular todo destartalado y viejito tomé algunos videos de baja calidad pero que espero ayuden a que la idea de lo que vi se complete y acerque a la realidad, a esa que hacía que me faltaran ojos para sorprenderme de la cantidad de cosas increíbles y fuera de la imaginación que observé.

Video 1. Atención con la basura y la cantidad de cuerpos esculturales.



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Video 2. No se pierdan hacía el final las sandalias corte griego de una muchacha.

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Video 3. Cocinaron mojarras.


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Sí, Montepío ya no es lo mismo, y por más que visitarlo haya sido pintoresco, anecdótico y hasta pintoresco no puedo evitar ponerme triste. Que un lugar casi virgen se haya convertido en un tianguis cuyo común denominador es la suciedad es para hacernos pensar como sociedad. Simplemente no es posible que nos comportemos así. Por primera vez veo amenazado al Catemaco y zonas aledañas que tanto amo. Falta educación, conciencia, responsabilidad y sobre todo, el aprender a cuidar lo que amamos.

Lo peor es que este post que pretendía ser divertido termine así: preocupado y avergonzado de lo que vi.

miércoles, 8 de abril de 2009

De escapes, viajes y brujos de dudosa reputación

Descuidé el blog un par de días. El período vacacional no debería ser una excusa para dejar este espacio al abandono por más de tres días. Juro solemnemente que he intentado postear algo, pero mi agenda y horarios son, al menos en esta semana santa, un caos.

Para empezar me la he estado pasando viajando. Como cada año cumplí religiosamente con la tradición familiar de ir al poblado de Catemaco, en Veracruz. Aunque en mi trabajo no den permiso de faltar por casi nada del mundo, no me importó y me tomé un par de días. Al igual que hace un año me fui sin importarme el regaño o hasta la posibilidad de que me corrieran, si no qué chiste, dónde queda la aventura. La diferencia es que hace un año inventé que una tía se había muerto, en cambio para éste 2009 no recurrí a ninguna historia fantástica. No fui y punto. Que me descuenten los días, total, lo vacacionado nadie me lo quita.

La ‘vacación’ comenzó el sábado muy temprano. Un viaje por carretera que me llevó de la Ciudad de México al Puerto de Veracruz, en donde estuve un par de horas caminando por el Malecón, visitando familiares que viven en aquella ciudad y comiendo en un McDonald’s (lo sé, soy un naco). Y ya que hablamos del famoso restaurante de la M… ¿sabían que ya cobran las bolsitas de cátsup a 3 por un peso? Esa misma tarde manejé hasta Tlacotalpan, uno de los poblados más hermosos del país, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y del que próximamente hablaré en otro post. Por la noche llegué a Catemaco, dónde estuve hasta el pasado martes por la tarde.

Podría hablar de lo mucho que es Catemaco en mi vida, pero siento que cada año posteo sobre lo mismo. No basta con decir que es una tierra mágica, llena de leyendas y famosa por los brujos y curanderos que habitan esa región. Catemaco es, además, un camino que no me canso de recorrer, una inmensa cascada o una cueva habitada por el Diablo. Por eso y mucho, pero mucho más, cada año me es imposible faltar a esa cita con la selvática región de Los Tuxtlas. Como sería ocioso narrarles lo que hice día con día, y como dicen que una imagen dice más que mil palabras, posteo tres videos tomados con mi antiquísimo teléfono celular.

La historia es la siguiente: estaba revisando mi correo en un café internet del pueblo cuando mi hermana entró y me pidió que dejara lo que estaba haciendo pues según ella, un brujo estaba diciendo unas cosas en plena calle que daban miedo. La curiosidad pudo más y me salí en busca de aquel individuo. Efectivamente, aquel personaje lanzaba plegarias y acompañado de su alumna (que según, había ganado el primer lugar en un congreso de brujos) adivinaba la vida de los presentes y, a pesar de traer los ojos vendados, decía el color de la ropa y accesorios de los presentes.


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Quizá en el primer video no se note, pero efectivamente, las tres muchachas se metieron en la cantina. Una hora después entré por curiosidad y efectivamente, las tres seguían ahí, soportando las injurias de los borrachos del lugar.

En el segundo video el supuesto Brujo habla de la Virgen del Carmen (patrona de Catemaco) y le dice sus verdades a los presentes. Por cierto, en el video se ve mi mano.
Otro por cierto, a mi me gustó la chica del pantalón blanco y blusa naranja.

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En el tercer video el brujo nos dio su bendición. (Mi hermana se ríe en una parte).


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Después el brujo-shamán-hechicero-curandero sacó unos amuletos (un simple cuarzo) según él muy efectivos y los regalaría. Peeeeeeero… para que pudieran protegernos de las malas vibras él tenía que prender tres veladoras por cada amuleto que diera. Según cada veladora le cuesta 33 pesos… entonces, quienes quisieran el amuleto “gratis” tenían que donar 100 pesos. ¡¡¡Pero qué conste que el buen hombre obraba de buena voluntad!!! Después de más de veinte años de venir a Catemaco me queda claro que hay demasiados charlatanes, aunque no por esto le quitemos su esencia, pues la zona, efectivamente, es habitada por brujos auténticos, tanto de magia blanca como de magia negra. ¿Cómo reconocerlos? Fácil, un verdadero brujo jamás cobra.

Sólo porque tengo que trabajar regresé ayer en camión a la Ciudad de México. Me hubiera tomado más días pero hubiera sido un descaro. Aun así, en cuanto pueda el viernes tomo el primer camión que encuentre para regresar a Catemaco, estar ahí todo el fin de semana y regresar, ya en mi auto el domingo por la tarde.

Siempre he sido responsable con el trabajo, pero hay aventuras que uno simplemente no puede rechazar… lo siento si alguien del trabajo lee esto y se siente ofendido.

viernes, 3 de abril de 2009

Dancing Night


Sucedió no hace mucho, y no sé por qué. O más bien sí sé, pero me gusta hacerle al idiota de vez en cuando (o de vez en mucho). De cualquier manera siempre término haciendo todo lo posible por verla feliz, saltándome así las trancas que mi pena, bolsillos vacíos o gustos personales me imponen.

Era viernes. Salimos entre amigos. Corrección... Salimos ELLA, yo y los demás. Aunque pensándolo bien, eso sólo lo sabía yo, pues si se lo preguntarán, ELLA diría: Salimos los amigos; o Salimos él, los amigos y yo. ------> y justamente ese ‘los amigos’ colocado en medio me da la impresión de a veces estar separados kilométricamente.
(por qué siento que el párrafo anterior esta pésimamente escrito y es sumamente confuso. No sé, no sé).

Voy a sonar repetitivo, pero no me importa (de hecho casi nada, fuera de ELLA). Lo haría todo por verla feliz. La gente puede decir que no tengo voluntad para ‘desenamorarme’, que tengo que conocer a más mujeres porque ‘un clavo saca a otro clavo’ y cosas por el estilo: prefiero preferir preferirla. Por eso cuando esa noche ELLA varias veces me sacó a bailar yo acepté. Aunque esta actividad no me guste ni tantito, aunque tengo dos píes izquierdos y la gracia de un Manatí, lo hice... por ELLA.

Por ELLA, por ELLA, por ELLA, por ELLA
¿Exagero si digo que éste pensamiento me ronda a cada instante?

No sé de dónde viene esta aberración mía por el baile. Es más, durante mi infancia era el típico ‘niño gordo’ que se ponía a bailar con las tías (igual o más gordas), y adivinen qué, era la sensación familiar. Pasó el tiempo y dejé de ser el niño bailador. No sé por qué, supongo que un día un espíritu maligno del bosque se llevó mi animo y talento bailador. Desde entonces vivo secretamente aterrorizado de aquellos eventos sociales dónde la atracción principal es la pista de baile: XV años, bodas, graduaciones; todas son un suplicio para mí. En menor grado, ‘salir de antro’ con los amigos también requiere un esfuerzo. Si bien, uno por estar con amigos se la pasa hasta bien, al final me queda claro que la pasaría mejor en un café o bar.

Si de plano ya no queda otra opción, prefiero bailar música moderna a popular. Pues siento que me veo menos ‘pintoresco’ moviéndome yo solo, a tener que guiar a una pareja (cosa que hago fatal). Incluso, recuerdo que hace muchos años, cuando preparábamos un baile para el día de las madres en la primaria, al intentar hacer girar a mi pareja del brazo, lo único que conseguí fue torcerle el brazo gracias a la ‘manita de puerco’ que le apliqué magistralmente. Pero esa noche de viernes lo que sonó fue merengue, cumbia, boleros, rancheras, charanga. En otras palabras, un ramillete de ritmos que me gustan, pero que no domino ni tantito.

Yo me hubiera pasado toda la noche sentado, tomando a veces cerveza, a veces Coca Cola, a veces Tequila. Me hubiera contentado con verla de lejos en la pista y de cerca, cuando entre canción y canción viniera a sentarse a mi lado. Pero esa noche ELLA quería bailar. Y cada que decía ‘vente, vamos a bailar’ su voz era como un imán que con invisible fuerza me ponía de píe y me llevaba a la temible pista, en la que claro, no di una. ¿Cómo decirle que no? ¿Cómo negarte a compartir aunque sea esa noche, esa pieza romántica con alguien como ELLA?. No es la primera vez que me pasa, y que bueno.

Pasamos así unas cuatro horas más. Los amigos, ELLA y yo. Y aunque en la pista no di bien ni un sólo paso ELLA me volvió loco. Tomar su mano, su cintura, verla a los ojos... esas cosas que sólo una mujer puede hacerte sentir y hacen que cuando llegas a la soledad de tu habitación, te quedes pensando como tonto en su olor, en sus ojos miel, en su cabello y en esa forma de ser tan alegre, tan suya.

Todo lo hago por ELLA: Vestirme de astronauta, cantar a media calle, comer hígado, no ver un partido de la selección, leer un libro de Carlos Cuauhtémoc Sánchez. Días después compruebo que mi repulsión al baile sigue intacta, no obstante, sería correcto aclarar que de ahora en adelante, tiene una variante: todo depende de la pareja. Por eso, si ELLA ahora mismo me lo pidiera, bailaría como loco todo lo que fuese necesario, y en una de esas ¿por qué no?, el asuntito hasta termine gustándome.

Fue maravilloso bailar con ELLA. Le doy las gracias.