lunes, 18 de noviembre de 2013

Previo al desvelo



Este post parece de futbol, pero no lo es, o sí, o quién sabe.

Como es por todos sabidos, la Selección Mexicana de Futbol de repente se volvió chafa y casi se queda fuera del Mundial de Brasil 2014. Aún así, como Dios es generoso y bueno con nosotros, el equipo mexicano alcanzó a calificar al repechaje y se juega el último boleto a la justa mundialista enfrentando a Nueva Zelanda. El primer partido se ganó 5-1 en el Estadio Azteca y el próximo miércoles se jugará el la vuelta en Wellington, Nueva Zelanda… y ahí está el problema.

Sucede que por diferencia de horarios, este partido se llevará a cabo a la media noche del martes para el miércoles ¿si me expliqué?. Mientras para los neozelandeses el juego será a las 7 de la noche y podrán disfrutarlo tranquilamente, los mexicanos que gustamos del futbol tendremos que desvelarnos y sufrir las consecuencias que esto conlleva, sobre todo para los que entramos a trabajar a las siete de la mañana y nos levantamos pasaditas las cinco de la mañana. 

Claro, sé muy bien que el problema podría solucionarse si durmiera a mis horas, y al levantarme tranquilamente reviso las redes sociales para enterarme del resultado. Lo malo es que me conozco y sé que aunque me lo proponga, la tentación de ver el juego o de saber cómo va el resultado terminará ganándome. Sí, también ya sé que el 5-1 prácticamente ya tiene clasificada a la Selección al Mundial y que el juego del miércoles es un mero trámite, pero qué quieren, soy “bien fans” de la Selección.

Como soy joven y se me hace fácil voy a ver el juego, ahora mi única duda es qué táctica seguiré para  que el desvelo me afecte lo menos posible.

En mis años mozos, cuando era estudiante, tenía varios métodos para cuando debía enfrentarme a un desvelo inminente a causa de la tarea o los estudios, este consistía en comprarme una Coca Cola de 600 mililitros bien fría y vaciar en su interior cuatro pastillas Halls de mora azul. Esta bomba de glucosa era suficiente para tenerme despierto por horas. Al paso de los años veo que esto puede resultar un tanto nocivo para la salud, por lo que no recomiendo que hagan lo mismo a menos de que se trate de alguna emergencia (como ver un juego de futbol).

En otras ocasiones también apliqué aquello de tomar Red Bulls, sobre todo en mi trabajo anterior al que entraba a las cinco de la mañana. Lo malo en cuanto a los Red Bull y yo, es que me despiertan por un momento, pero al paso de unas cuatro horas el efecto se me va y me da aún más sueño. El café negro también me despierta, aunque luego me cuesta mucho volver a conciliar el sueño.

Sin embargo, creo que el problema real no será mantenerme despierto durante el partido, pues estará muy vacilador y me mantendrá entretenido, el problema será cómo afrontar las 8 horas de trabajo que me esperan al otro día. Ante esto, he pensado que la mejor estrategia sería esta:

Llegar del trabajo a mi casa el martes y dormirme desde las 21:00hrs (o antes) hasta la media noche. Acabando el juego, por ahí de las 2 de la mañana, intentaré dormir tres horas más, aunque esto lo veo un tanto difícil pues después de la emoción de una calificación mundialista lo que uno quiere es celebrar, además, por la alegría sé que me costará bastante volver a conciliar el sueño.

Me levantaré a las 5 de la mañana, ya del miércoles, y antes de ir a trabajar pasaré por un café para despertarme, tampoco descarto tomarme un Red Bull, y claro, saliendo del trabajo regresar a casa y dormir un poco más.

Los dos parrafos anteriores suenan muy bien, lo malo es que cada que planeo algo siempre pasa todo lo contrario, de tal manera que dudo poder dormir en la tarde-noche del martes y que pueda conciliar el sueño cuando el juego finalice, de tal manera que el miércoles llegaré a trabajar sólo con dos horas de sueño a cuestas.

Y ahí sí, que Dios me agarre confesado.

De todas formas, seguiré dándole vueltas al asunto para encontrar la mejor manera de darme en la madre lo menos posible. Ni hablar, esto es lo que tiene que padecer un aficionado al futbol por su Selección, y nadie lo valora.

Ya les contaré cómo me fue con el desvelo. 

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