lunes, 21 de diciembre de 2015

17 cosas que pensé mientras veía el último programa de Chabelo


El pasado domingo se transmitió la última emisión del programa En Familia con Chabelo, cerrando así un ciclo de 48 años al aire. Obviamente lo vi y hasta me dieron ganas de chillar al final pero me aguanté. Mientras lo checaba, pensé varias cosas...

1. El señor Jorge Alberto Aguilera, encargado de la sección Los cuates de la provincia es eterno. Supongo que toma la misma pócima mágica que Chabelo y por eso no envejece. 


2. Al final, las leyes que prohibieron que los dulces y alimentos chatarra dejaran de anunciarse en horario matutino sí afectaron al programa En Familia. Antes todos estos productos se anunciaban con Chabelo, en cambio, durante los últimos meses los patrocinadores ya eran productos médicos o dirigidos al público adulto. Eso terminó notándose en la dinámica del programa y enrareciendo. 

Supuestamente esta ley era para evitar que los niños siguieran engordando, cosa que no ha pasado, y en cambio, terminaron matando al amigo de todos los niños. Pinche gobierno, siempre descomponiendo todo.

3. Y por eso mismo, como los patrocinadores eran clínicas para personas con dolores de rodillas o sordera, pues casi ya no concursaban niños, sino papás. 

4. En Familia con Chabelo nunca se caracterizó por dar regalos muy costosos o exhorbitantes, al contrario, siempre fueron bastante austeros. La diferencia era que uno de niño veía la vida con ilusión y quisiera estar concursando para llevárselos. 

5. ¿Qué diablos es eso de ‘Agua inmaculada’ que se anuncia con Chabelo? ¿Será su elixir de la eterna juventud?


6. Se nota que hasta el final Chabelo disfrutó haciendo su programa. Siempre lo vi cómodo y feliz, y ayer no fue la excepción. Sin duda ese programa era su pasión. 

7. En la última catafixia no hubo regalos chafas, como era una tradición. Aquello se me hizo buen detalle. 

8. Chabelo es el único ser al que le perdono usar calcetín blanco con zapatos y bermudas. 


9. Pinche Televisa, te odio por haber hecho llorar a Chabelo. Ya está grande, es como pegarle a un abuelito o a un árbol gordo gigante. Culeros.



10. Me encantó que la mayoría de las personas que siempre decían no haber visto el programa y/o que siempre lo criticaban, el domingo estaban subidos al Tren del Mame por el adiós de Chabelo. Yo siempre le fui fiel y sí sentí feo, pero genuinamente, no como la mayoría de ustedes, ¡posers!

11. Siempre me ha chiflado que Chabelo se cambie varias veces de ropa durante el programa. 

12. Aunque está chido que en los últimos años Chabelo usara camisas beisboleras extra grandes, prefería cuando usaba su traje setentero.


13. Muchos le reclaman a Televisa porque el último programa estuvo algo desabrido, pero lo cierto es que quizá fue el mismo Chabelo quien escogió tener un bajo perfil en su despedida, pues así es su personalidad.

14. Chabelo siempre tuvo buen ojo para elegir a sus edecanes. 

15. Siempre quise participar en la “escalera loca”, pero como era un concurso para papás, pues nunca tuve chance. Ya me la pelé. 

16. ¿En unos años irán a sacar “Chabelo animado”?

17. Cuando Chabelo apagó las luces del Foro 2 y salió del foro, simplemente se me rompió el corazón. Ver el rostro con lágrimas de Xavier López nos habla de lo mucho que le costó despedirse de este proyecto.



Y ya, la depresión no me deja escribir más. ¡Te quiero mucho Chabelo y espero tu regreso para la segunda temporada!

miércoles, 16 de diciembre de 2015

“Michael Jackson Hot-Joto, con Bibi Gaytán", y otras incoherencias de cuando uno va en la primaria

Cuando somos niños decimos muchas estupideces -luego crecemos y decimos todavía más-. Y es que, es en esta época de nuestras vidas cuando nuestra mente inocente comienza a retorcerse de forma perturbadora. 

No digo que en la Primaria nos volvamos unos seres endemoniados, sino simplemente nuestra boca va más rápido que nuestro cerebro, y si a esto le sumamos la poca experiencia que tenemos en la vida, pues es fácil explicar por qué nuestra cabeza termina formulando pensamientos incoherentes. 

A continuación enlistaré cinco ejemplos de pensamientos o actitudes carentes de sentido, de los que fui testigo cuando iba en la primaria.

1. “Mejor cómprate unas herramientas” 

Cursaba el quinto grado de primaria y después de ahorrar por semanas me había comprado una figura o-r-i-g-i-n-a-l de uno de los Caballeros del Zódiaco. Obviamente lo quería presumir y lo llevé a la escuela. Fue en el recreo cuando un par de amigos me dijeron que había hecho muy mal por haber gastado mi dinero en un muñeco. El argumento de uno de ellos, que se llamaba Christian y le decían “Chico” (no sé si algo le conocían o le hablaban al tanteo), fue…

- No Pif (así me decían), ya no gastes en muñequitos, mejor cómprate unas herramientas.

¿¡¿¡QUÉ?!? Osea ¡¡¡no manchen!!!. Teníamos 10 años y esos niños decían que ya debía dejar de pensar y querer juguetes para empezar a comprarme herramientas de señor 

¿¡Pues qué vivimos en un país en guerra para dejar de lado mi niñez y hacerme de unas herramientas!? Si mi sueño hubiera sido ser carpintero o mecánico cuando fuera grande, pues voy de acuerdo, pero a los 10 años no tenía ni idea de qué haría con mi vida. Ahora tampoco la tengo, pero esa es otra historia. 

Total, nunca les hice caso. De haberlo hecho, quizá ahora no sería tan inútil y sabría usar un taladro, reparar autos, colgar cuadros en las paredes y esas cosas que hacen los hombres de verdad. 


2. El cuchillo

Cuando iba en segundo de primaria se decía que en la cisterna de la escuela se aparecía un cuchillo. Sí, leyeron bien. En la cisterna de la escuela se aparecía un cuchillo diabólico. 

¿Qué hacía el dichoso cuchillo? ¡Nada! 

¿Qué hacía en el supuesto interior de la cisterna? ¡Nada! 

¿Por qué nos daba miedo si la cisterna siempre estaba cerrada? Sabrá Dios. 

Ni siquiera era que el cuchillo volara, tuviera vida propia, poseyera a la gente o estuviera en la mano de un asesino… nada de eso. Es como tenerle miedo al cuchillo de la cocina y eso está muy chafa. 


3. Yo uso “Condom”, y me protejo 

Cuando era niño en las calles había un anuncio espectacular que decía “Contra el SIDA te protejo: Condón”, y había una especie de globito enojado. Nunca entendí a qué diablos se refería, ni qué era el Sida y mucho menos porqué el dichoso “Condón” era como un súper héroe. 

Entonces, iba en sexto de Primaria cuando en una plática sobre gripas y catarros, un compañero que se llamaba Julio dijo muy serio:

- “Yo nunca me enfermo de nada porque uso ‘Condom’ cuando cojo”. 

Sí, así dijo “Condom”. En ese momento, esa afirmación no tuvo la menor lógica para mí. ¿Qué era eso del ‘Condom’? ¿Acaso una medicina mágica? ¿Y qué es eso de ‘cojer’? ¿Es cómo agarrar algo?

Años después comprendí la frase, aunque no del todo, pues obviamente a los 10 años Julio no usaba condones ni cojía. Es más, seguro que la incoherencia que dijo ni siquiera tuvo sentido para él. 


4. La casa de los sustos

En la primaria teníamos una casa de los sustos: El baño. 

Sí, por algún extraño motivo éramos masoquistas y teníamos un juego extraño: Entrar al WC de niños y ver el contenido de los escusados. Y es que como en toda escuela de gobierno los baños estaban hechos un asco, por eso, ver las plastas que ahí se encontraban era peor que toparse con un fantasma o un monstruo. Al final salíamos con los ojos llorosos y ganas de vomitar. Sigo sin saber por qué hacíamos eso. 


5. Michael Jackson Hot-Joto, con Bibi Gaytán 

En primaria era muy fan de Michael Jackson. Bueno, lo sigo siendo. Sabiendo eso, una vez un compañero de nombre Miguel se me acercó para hacerme una oferta: Según él, tenía en su poder un VHS titulado “Michael Jackson Hot-Joto”, que contaba con la participación especial de Bibi Gaytán. En el dichoso video los dos salían bailando encuerados. 

WTF?!?! ¿Neta el tal Miguel pensó que alguien iba a creer semejante mentira?

Y lo mejor, es que el dichoso video podría ser mío por sólo 20 pesitos, cantidad que si bien hoy me parece de lo más accesible, a mis 10 años no era tan fácil tenerlos a la mano. 

Nunca compré el video, pues desde entonces aquello me sonaba a estafa, aunque debo admitir que a veces llego a preguntarme ¿y si ese video era real? Lástima, no aproveché la oferta y me quedé sin ese artículo de colección que seguramente hoy vale miles de dólares. 


* * * * *
Mi conclusión: Los niños de las primarias están imbeciles. O al menos así era en mi generación.

jueves, 10 de diciembre de 2015

Delincuente soy (de nuevo)


En el verano del 2006 me convertí en un delincuente, cuando en un Wal Mart me robé una botella gigante de cartón, usada como objeto promocional de Coca Cola, y que era alusiva al Mundial de Alemania 2006. Ese hecho bochornoso de mi vida lo conté hace años en este blog, y de hecho pueden leerlo dando clic aquí.

¿Por qué saco a relucir en estos momentos mi obscuro pasado? Pues porque 11 años después volví a convertirme en un delincuente, y aunque ahora sí no merezco perdón de Dios, decidí una vez más contarlo en este espacio, para dejar así constancia del horrible ser que soy.

Todo ocurrió el pasado domingo por la noche, cuando fui con Tania a un Superama para la compra semanal de la despensa. En cuanto ingresamos al estacionamiento de la tienda, Tania vio que en un rincón del estacionamiento estaba abandonada una de esas canastas de plástico para ir echando los productos que uno va eligiendo cuando se encuentra dentro de la tienda.

En broma ella dijo “Deberíamos llevárnosla”. Y pues, entre broma y broma la verdad se asoma. En ese momento no le di importancia al comentario y entramos a la tienda.

Cuando regresamos con las bolsas ‘del mandado’ y las estábamos metiendo a la cajuela del auto, Tania nuevamente vio la canasta abandonada y 'casualmente' nuevamente dijo:

- Deberíamos llevárnosla.

Mi respuesta fue la de cualquier persona honesta:

- Pues va, órale.

Lo que siguió ocurrió muy rápido. En cuestión de segundos ambos intentábamos meter la dichosa canasta en la cajuela. No cabía. Tania diciendo "apúrate, apúrate, alguien nos va a ver… ¡ay no, una señora ya se dio cuenta, ya se dio cuenta!” Y yo, como un ser enfermo de maldad, con los ojos inyectados de sangre le contestaba de forma violenta “no me importa, ahora nos la llevamos”

Para lograr nuestro plan endemoniado abrimos las puertas traseras del auto y pusimos la preciada canasta sobre el asiento trasero. Mientras Tania la cubría con algunas bolsas yo me quitaba la chamarra para tapar toda evidencia que nos delatara. Subimos al auto, arrancamos como alma que lleva el Diablo y sudamos frío cuando llegamos a la salida. Dimos el boleto del estacionamiento y la pluma se levantó, dejándonos libres. Ya en el exterior suspiramos aliviados: Oficialmente éramos unos malditos ladrones, una completa vergüenza para la sociedad.

Cuando íbamos de regreso a casa noté que detrás de nosotros iba una patrulla. Por unos segundos me imaginé inmiscuido en una persecución de película, y luego recluido tras las rejas, pasando años en las sombras pagando por mis malas acciones.

Pero luego la patrulla se detuvo en unos tacos.

Ahora la canasta -que por cierto, está manchada con las huellas de la deshonestidad- se encuentra en mi casa. La verdad no la hemos usado y no sabemos realmente para qué carajos la queremos. Aquí el botín, cada que lo veo siento que una y otra vez me dice “eres un maldito ladrón asqueroso”: 


Aunque luego se me quita.

En fin, espero que un día no llegue la justicia a tocar hasta mi puerta, o peor aún, me detengan el día que se me ocurra volver a poner un pie en ese u otro Superama.

Si termino en la cárcel por favor llévenme nueces de la india:


Y también Nueces de la India:
Ya sé lo que están pensando: Pinche Gabriel, eres un desmadre.

Y sí.

viernes, 4 de diciembre de 2015

Ya no hacen los escusados como antes


Por lo general, los avances tecnológicos le han facilitado la vida a la humanidad, haciendo que todo sea más práctico y sencillo. Sin embargo, hay un rubro donde ni todo el conocimiento científico ni las innovaciones nos han ayudado. De hecho, se ha presentado un claro retroceso del que todos somos víctimas, aunque muy pocos lo confiesen. 

Hablo, por supuesto, del escusado, taza del baño, trono, o como usted quiera llamarle… 

Si nadie tiene el valor moral de hablar del tema, lo haré yo, pues me hice consciente del tema hace unas semanas. No están ustedes para saberlo ni yo para contarlo, pero desde hace mes y medio me mudé de casa. El bonito departamento donde ahora vivo tiene dos baños, los cuales me causaron desconfianza desde la primera vez que los vi, pues al “jalarles” noté que no emplean tanta agua como los baños de antaño. 

Sí, ya sé que la poca cantidad de agua es por rollos ecológicos y de ahorro del agua, pero no son muy efectivos qué digamos. Los baños de hace unos años soltaban una poderosa descarga de agua, formando un remolino potente que se llevaba casi todo lo que estaba depositado en el interior de la taza. Pero ahora, el agua y el remolino de cada descarga es tan pinche, que en muchas ocasiones no son suficientes para llevarse los cakes. 

Y esto lo digo con conocimiento de causa, pues en los últimos diez días he tapado el baño de mi departamento no una, no dos… sino tres veces. 

Ni pongan esa cara de asco, de hecho me declaro inocente. Tampoco es que esté comiendo demasiado o que posea una potencia sobrehumana cuando voy a soltar el miedo, más bien el problema es que esos baños están hechos para niñitas que solamente comen lechuga. 

La primera vez que tapé el baño pensé: Va, la verdad sí hice un poco más de lo que acostumbro y con todo el asco del mundo me puse a vaciar varias cubetas al inodoro. Y santo remedio. 

Para evitar nuevas complicaciones, cuando nuevamente me andaba del 2 iba al otro baño. Lo malo es que unos días después también tapé es. Ya se imaginarán lo feliz que me puse. Nuevamente viví el show de destaparlo, sólo que ahora “el producto” nomás no se iba, así que debí incrementar la cantidad de cubetazos y hasta usar la bomba destapa caños. 

Cuando logré destaparlo me sentí como un gladiador que había vencido a un león gigantesco, o como Gloria Trevi en esta película:



La tercera vez que nuevamente tapé el baño ya ni siquiera me sorprendí y resignado comencé una vez más con el procedimiento para liberar la tubería obstruida. 

Desde entonces vivo en la incertidumbre y cada vez que llega el momento de jalarle al váter mi mundo se detiene unos segundos esperando que todo se vaya con facilidad. 

Ya casi llegamos a Marte, podemos saber al instante lo que ocurre del otro lado del mundo, pero como humanidad no somos capaces de hacer que un pinche inodoro genere la suficiente potencia de succión y a la vez gaste poco líquido. En otras palabras, el desarrollo de los últimos años ha servido para un carajo, pues lo que ahorramos en agua gracias a estos baños, lo acabamos usando en todas las cubetas que llenamos para lograr destapar el baño. 

Y esto no es exclusivo de mi nuevo hogar, ya que en varios lugares me he topado con esos baños ecológicos que solamente nos dejan en ridículo porque se tapan casi casi con la pura mirada. 

Ahora tengo que ir por la vida buscando dónde hay baños viejitos y confiables, en los que pueda soltar toda mi furia sin temor a las consecuencias. Podrán reírse de lo que acabo de escribir y decir que soy un marrano, pero lo cierto es que son muchos los que comparten mi sentimiento pero prefieren callar y sufrir en silencio.

lunes, 30 de noviembre de 2015

La canción de Chabelo que me rompió el corazón


Hace unos días, se anunció que el programa En Familia, que conduce Xavier López Chabelo, llegaría a su final tras casi 50 años de transmitirse cada domingo. Quienes me conocen saben que soy un maldito cursi y que éste tipo de cosas me conmueven en demasía. Y es que la mera verdad soy muy fan de Chabelo. 

Aunque muchos se creen revolucionarios-chairos-anti sistema-enemigos de Televisa y dicen cosas como “yo nunca he visto ese programa” o “de niño no estaba idiota y ni televisión veía porque es el opio del pueblo”, la verdad es que TODOS los mexicanos alguna vez han visto el programa de Chabelo. Incluso me atrevería a decir que incluso guardan un recuerdo referente a este legendaria emisión televisiva. 

En mi caso, cuando despertaba temprano los domingos y prendía la tele para ver En Familia no sólo me gustaban los concursos, sino que además me imaginaba participando en ellos y teniendo que elegir entre las distintas opciones que le daban a los participantes. 

Con mucha claridad recuerdo gran parte los concursos, los patrocinadores y los premios. ¡Hasta sufría a la hora de las catafixias! Sin embargo nunca pude ir a la grabación del programa. A pesar de que por años mi sueño fue asistir, ni mis papás ni yo mandamos nunca esa carta (era un tiempo prehistórico, antes de los correos electrónicos) para pedir boletos. 

* * * * 
Crecí, por lo tanto, teniéndole cariño a un niño que cada mañana de domingo veía en televisión y al que nunca tuve problemas para considerarlo “mi cuate”. Tampoco me conflictuaba saber que en realidad Chabelo era una persona madura. Eso sí, escucharlo hablar con su verdadera voz (la de Xavier López) nunca me gustó. Es raro, como si alguien llegara y le diera de patadas a mi niño interior. 

Todo este apego que sentía hacia Chabelo se materializó cuando asistí a una edición de Espacio -uno de los eventos para universitarios que Televisa organizaba- y entré a una conferencia magistral que estuvo engalanada por el propio Chabelo. Cuando fue presentado e irrumpió en el escenario el público se le entregó con varios minutos de aplausos. Recuerdo haber sentido un nudo en la garganta mientras me decía a mí mismo: ‘Ahí está Chabelo, ¡estás frente a una leyenda!’

Lo anterior ocurrió en el 2001 y cuando lo cuento generalmente recibo burlas o rostros de incredulidad. Francamente me vale. No planeo ir por la vida ocultando mi admiración hacia una persona sólo porque los demás no comparten mi opinión. 

* * * * 

No pude evitar ponerme nostálgico cuando el propio Chabelo confirmó lo que ya se rumoraba desde días antes: En Familia llegaría a su fin.



Pus sí, sentí bien gacho, sobre todo porque siento que parte de mi niñez se va con Chabelo. Por otro lado, seguramente los boletos para los últimos programas estarán súper cotizados y ya no podré asistir nunca al programa. Todo este asunto de su adiós me hizo recordar que una de sus canciones me gusta mucho e incluso está entre mis favoritas de todos los tiempos. 

Se llama “Vale la pena vivir” y cada que la escucho me rompe el corazón. Aunque aquí debo hacer una aclaración, pues por esta ocasión el término “me rompe el corazón” lo uso para decir que la canción me quiebra emocionalmente pero de manera positiva, y no sólo eso, pues también me pone de buen humor y me llena de esperanza el corazón. 

Ok, lo anterior suena bien cursi y hasta yo me doy asco, pero es la verdad. 

La letra de la canción es de Armando Manzanero, pero en la voz infantil de Chabelo transmite un optimismo y vitalidad que nadie más podría darle. Además, el toque de la música mexicana ayuda a redondear favorablemente la pieza.



Admito que este post, ademas de querer mostrarles una canción que siento está poco valorada, es para reivindicarme con Chabelo. Nunca iré a su programa, pero de alguna forma crecí acompañado por él, así que este texto es una forma de agradecerle por tantas horas de sana diversión y por crecer a mi lado. 

Gracias por todo cuate.

martes, 17 de noviembre de 2015

Pinche Tren Ligero


Hasta hace unos meses el Tren Ligero de la Ciudad de México (que va de Taxqueña a Xochimilco) era algo ajeno a mi vida, tanto que eran contadas las veces que me había subido en este sistema de transporte eléctrico. Mi experiencia en esas ocasiones fue bastante plana y para bien o para mal, poco memorable.

Sin embargo, de unas semanas para acá he tenido que usar con mucha más frecuencia el Tren Ligero como medio de transporte para ir al trabajo. Las primeras veces este reencuentro transcurrió con total normalidad, incluso podría decir que la combinación entre el Metro y el Tren Ligero me parecían la mejor forma de recorrer una parte de la Calzada de Tlalpan. 

Total, que todo era alegría y felicidad hasta que el pinche Tren Ligero se las ingenió para ponerme de malas. 

Ocurrió un martes. Salí de mi casa con tiempo suficiente para llegar al trabajo. Abordé el Metro y al llegar a Taxqueña me dirigí a la estación Tasqueña del Tren Ligero. Tranquilo esperé a que llegara el tren y me subí a uno de los vagones. El tren comenzó su avance y entonces me percaté de que no paró en la primera estación… ni en la siguiente… ni en la siguiente.

Por alguna extraña razón el tren seguía de largo sin detenerse en cada estación. Mi extrañeza se volvió enojo cuando pasamos la estación en la que debía bajarme y no pasó nada. Indignado veía los rostros de los demás pasajeros buscando en ellos rastros de desconcierto. Y nada. Al parecer yo era el único sacado de onda por ese comportamiento tan extraño del tren en el que íbamos. Llegué a pensar que estaba enloqueciendo. 

Finalmente el tren se detuvo tres estaciones después de aquella en la que deseaba bajar. Enchilado esperé a que llegara otro tren que me llevara en dirección contraria y me regresara al trabajo. No sé ni cómo logré evité el retardo. 

Al otro día, miércoles, volví a subirme al Tren Ligero olvidándome por completo de la experiencia del día anterior, pues según yo había sido solamente un hecho aislado. Grave error. En cuanto subí al vagón y vi que pasamos la primer estación sin detenernos sentí que aquello era una mala pesadilla. Aún así suspiré pues nuevamente iba con tiempo suficiente. 

El problema fue que en esta ocasión el Tren Ligero no sólo se siguió de lado cuando pasamos por la estación en la que me debía bajar, sino que tampoco se detuvo donde un día antes lo había hecho sino hasta el Estadio Azteca. 

Cuando el señor chofer del Tren Ligero se digno a parar ya se me hacía tarde. Para mi consuelo, esta vez fuimos muchos los que enojados nos bajamos del tren preguntándonos qué diablos había pasado. 

Poder regresar hacia mi chamba fue un infierno, pues los trenes que iban en dirección contraria iban a reventar y lograr subir en ellos era imposible. Cuando lo logré ya era demasiado tarde para evitar el retardo en mi trabajo. Por supuesto me puse a mentar madres en Twitter, esperando que los encargados del Tren Ligero me dieran una explicación de lo ocurrido. Solamente recibí una respuesta escueta que no me aclaraba realmente por qué los trenes ligeros no se detenían en cada estación:


Al salir de trabajo, de regreso a casa, fui a quejarme a la estación del Tren Ligero de Tasqueña (que al igual que las otras estaciones de este medio de transporte, están bien rascuachas). Las señoras que me atendieron se mostraron extrañadas de lo ocurrido, pues según ellas, el Jefe de Estación se pone a gritar en el andén cuando los trenes no harán paradas en las primeras estaciones.

-Un sistema modernísimo, por cierto-. 

Obviamente negué que hubiera un viejo gritón anunciando la ruta que seguiría el tren. No contento con la explicación fui con el propio Jefe de Estación y me dijo lo mismo: Cuando los trenes se van directo, él mismo lo avisa a gritos. Hasta ganas de mentarle la madre me dieron. 

En ese momento me sentí ridículo pues jamás escuché los gritos del Jefe de Estación, o bien, el dichoso Jefe de Estación tiene voz de niña de tres años. 

Al otro día nuevamente me subí al tren ligero y en esa ocasión sí fue haciendo parada en cada estación, aunque eso sí, salí de casa todavía más temprano por si nuevamente el chofer del tren hacía su graciosada. 

Desde entonces vivo en miedo constante de abordar uno de esos trenes malignos que se detienen donde les da la gana. Afortunadamente hasta ahora no he vuelto a vivir esta horrible experiencia, sin embargo, sigo sin entender por qué diablos en el Tren Ligero piensan que es una buena idea que a veces los trenes no hagan paradas y a veces sí. Con este tipo de transporte nunca llegaremos al primer mundo. 

A veces hasta me dan ganas de mejor irme diario en auto, pero luego me acuerdo del tráfico y se me pasa…

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Tras la pista de "Diseñador Ambos Sexos"


“La vida misma es un motivo para reír”
Partamos de un hecho claro: Históricamente en México eso de realizar buenos sitcoms no se nos da. Salvo honrosas excepciones, los intentos que se han hecho o han dejado mucho que desear, o bien, ni siquiera pertenecen a este género de comedia.

Supongo que antes de continuar debería explicar qué es una comedia de situación, pues bien, es un formato televisivo cómico, cuyos episodios se desarrollan regularmente en los mismos lugares y con los mismos personajes y en donde se suelen incluir risas grabadas o en vivo. Si bien cada capítulo tiene una trama independiente, poco a poco van desarrollando una historia continúa más compleja.

Como ejemplos de esto tenemos a nivel internacional Friends, Seinfield o actualmente The Big Bang Theory. Sin embargo, en nuestro país el género no ha sido tan desarrollado, pues el humorismo nacional tiende más a los sketches y a las parodias.

Desde siempre he sido un gran admirador y seguidor de la comicidad, y se podría decir que actualmente vivo de escribir cosas medianamente graciosas. De hecho, muchos de mis ídolos o son comediantes, o personas que se dedican a hacer reír a los demás.

Por eso, atesoro con especial cariño aquellos sitcoms nacionales que he tenido la oportunidad de ver y qué me han gustado, como por ejemplo La Familia P. Luche, Fonda Susilla, Amor Mío o Vecinos, por mencionar algunos. Y es aquí dónde hablaré de Diseñador Ambos Sexos, que desde mi punto de vista ha sido el mejor programa de comedia de situación mexicano de los últimos años. 



Fue estrenado a principios del 2001 por Televisa y se transmitía los miércoles a las 10 de la noche. Recuerdo que al terminar el primer capítulo, en el Noticiero de Joaquín López Dóriga se mencionó que aquella primera emisión había roto récords de audiencia para un programa de ese género. 

Y no era para menos, desde el primer capítulo este programa se notaba diferente a todo lo que entonces se hacía (y se hace) en cuanto a comedia en México. Y de hecho, ahora que lo pienso, en México actualmente la televisión de comedia está muerta y carece de programas humorísticos. 

Pero volviendo a Diseñador Ambos Sexos, este programa trataba sobre Juan Felipe (Héctor Suárez Gomís), un diseñador de modas que no encuentra trabajo pues en la industria prefieren a los diseñadores homosexuales. Por eso, decide hacerse pasar por gay (incluso se cambia el nombre a Jean Phillipe) para conseguir trabajo en Cossette’s Little Secrets, una importante empresa de ropa interior en la que entra a trabajar como diseñador ambos sexos. 

Para su sorpresa, en esa misma compañía también trabaja Carolina Carrera (Luz María Zetina), antigua novia de Juan Felipe en la universidad, con quien de inmediato rivaliza profesionalmente, aunque siempre haya tensión sexual entre ambos. Además hay otros personajes muy divertidos, como Bobby, un actor que espera ser descubierto y mientras eso pasa vive de mantenido en el departamento de Juan Felipe; Fabiola, amiga millonaria de Caro; Valente, un compañero gay de Cossette’s Little Secrets; Don Félix, dueño de Cossette’s; y Lola, una simpática española que también trabaja en la industria.

Aquí una parte del primer capítulo:


Sobra decir que como buena comedia de situación, Diseñador Ambos Sexos estaba llena de enredos, pero también de una trama que se iba desarrollando conforme avanzaban los capítulos, y que giraba alrededor de la historia de amor entre Juan Felipe y Caro.

Por aquel entonces el programa me traía estúpido. No me perdía ningún capítulo e intentaba ir desmembrando cada uno de ellos, analizando el timing de los chistes, el desarrollo de los personajes y la forma en la que se iban planteando las historias. Siempre he tenido la loca idea de qué mi vida es un sitcom, por lo que la idea de escribir uno es algo que sigue dándome vueltas en la cabeza. 

Así pasó la primera temporada, compuesta por 24 capítulos. Alejándose de lo que ocurre con los sitcoms gringos, la segunda temporada empezó un mes después del final de la primera. Esta segunda fase duró 22 capítulos. Es decir, prácticamente la serie se transmitió ininterrumpidamente durante todo el 2001. 

Y después silencio. 

Esperé que aquel último capítulo emitido el 28 de noviembre de aquel año fuera solamente un final de temporada y que la serie volviera muy pronto, pero el tiempo pasó y la serie dejó de transmitirse sin que los televidentes tuvieran ninguna explicación. La serie fue exitosa, de eso no me cabe la menor duda, aunque quizá los costos de producción eran muy altos para mantenerla al aire. El punto es que aún hoy me pregunto porque no se continuó con un producto que sin duda tenía calidad, tanto en manufactura, como en guiones y por supuesto, en actuaciones, donde además de los actores protagónicos, César Bono y Mara Escalante brillaban con luz propia. 

Un par de años después, gracias a este blog y a que él también tenía uno (tan genial que terminó siendo un libro y un show de comedia), tuve la oportunidad de conocer a Héctor Suárez Gomís. Aún así nunca pude preguntarle el por qué del final de uno de mis programas favoritos. 


Por ahí del 2011 me enteré que estaban repitiendo el programa en el canal de cable Distrito Comedia y nuevamente volví a verlo.

Y ahora, en este 2015, una vez más y de modo cíclico le estoy dando una nueva repasada. ¿Y saben? El programa me sigue gustando igual o aún más. En mi opinión ha resistido muy bien al tiempo pues sigue funcionando y siendo muy actual a pesar de los casi 15 años que han pasado desde que estuvo al aire. Todo esto me confirman que en efecto, Diseñador Ambos Sexos fue y es un gran programa.

Cuando esta serie estaba en su punto más alto, escuché que en una entrevista Luz María Zetina dijo “La vida misma es un motivo para reír” para referirse a su trabajo en Diseñador Ambos Sexos, desde entonces adopté esa frase como parte de mi estilo de vida, y si hoy sigo viendo a la comedia como un elemento elemento clave para poder enfrentar cualquier adversidad y sobrellevar la existencia, en parte fue por este gran programa.

Actualmente Diseñador Ambos Sexos se transmite en el canal Distrito Comedia, aunque también pueden encontrar todos los capítulos en YouTube, si pueden no dejen de echarle un ojo.

Los dejo con uno de mis capítulos favoritos:


domingo, 23 de agosto de 2015

Hola, mi nombre es Gabriel y no tengo papá


Me ocurre varias veces al año y me incomoda ver a la gente incomodarse porque creen que me incomodan. 

¿No me entienden? Me explico...

Hace unas semanas veíamos las fotos de la boda del hermano de mi novia. En algunas de las imágenes donde él se preparaba para la ceremonia y se pone su traje, él aparece junto a su papá (osea mi suegro). Un par de horas después, mi novia me confesó haberse sentido incomoda pues pensaba que yo me había puesto triste al ver esas fotos. Y es que yo no tengo papá. 

Como ya conté una vez en este blog, mi papá murió en febrero del 2003. Desde entonces es común que mucha gente crea que me sacó de onda cuando me hablan de él. Quienes no están muy al tanto de mi pasado o apenas están conociéndome, frecuentemente llegan diciéndome: 

- Y tu papá ¿a qué equipo le va...?

O...

- ¿Cómo te llevas con tu papá? 

O... 

- ¿Qué le vas a dar a tu papá de Día del Padre? 

Es ahí cuando respondo: Es que no tengo papá, se murió hace unos años. 

Y así la persona en cuestión pone cara seria, me dice que lo siente mucho e intenta excusarse diciendo con mucho pesar y vergüenza “perdón, no lo sabía", para luego cambiar de tema rápidamente . Y a mí todo este tema me parece de lo más simpático. 

No, no me entiendan mal: NO me parece simpático que se haya muerto mi papá, pero tampoco es un tema que me lacere el alma. Hay muchas personas que después de sufrir una pérdida pasan años en luto y emocionalmente tratan mucho en reponerse. Conmigo no fue así, los años que viví a lado de mi papá fueron tan buenos y los disfruté tanto, que acordarme de él (cosa que hago diario) lejos de entristecerme me pone de buen humor. 

Por eso me da risa cuando alguien, por algún tipo de comentario, descubre que 'no tengo papá', e intenta pedirme disculpas. Por eso, para evitarles la pena, he pensado en mandar a hacer unas etiquetas que digan "Hola, soy Gabriel Revelo y NO tengo papá (ah, y no siento feo por eso)", y usarlas cuando vaya a un lugar en el que vaya a conocer a nuevas personas. 

Si están leyendo y me conocen, no sientan pena de hablar de sus papás cuando yo esté presente. En serio, no me incomoda ni me pongo triste.

sábado, 25 de julio de 2015

Masaje del mal


De unos años para acá en muchos centros comerciales del país han sido colocados varios sillones masajeadores, a los que basta con echarle unas monedas para disfrutar de 5 minutos de un supuesto masaje relajante y terapéutico.

Muchas veces llegué a pasar junto a esos artefactos y con curiosidad veía a varias personas haciendo uso de ellos, mientras en sus rostros se dibujaba una extraña expresión de placer y tranquilidad. Toda esta experiencia por sólo 10 pesitos. 

Confieso que me daba curiosidad saber qué se siente usar estos sillones masajeadores, aunque también pena, pues en mi opinión, eso de sentarme y poner cara de placer mientras un montón de gente desconocida se me queda viendo es como de changuito exhibido en zoológico. 

Yo juraba que NUNCA iba a usar uno de esos objetos malignos. Pero como suele pasar, cualquier historia cambia cuando en la ecuación entra una mujer. En este caso fue mi novia la que tuvo la ocurrencia de que –nomás por cotorrear- probáramos la experiencia de usar uno de estos masajes. 

Sucedió hace varias semanas en el centro comercial Patio Universidad. Habíamos comprado boletos para el cine pero faltaba una hora para que empezara nuestra función. Buscábamos la manera de matar el tiempo y nos topamos con un par de estos sillones masajeadores, así que decidimos a ver qué tan efectivos son. 

No lo hubiéramos hecho… 

Por sólo 10 pesos estos artefactos del diablo prometían unos minutos de paz y relajación. El resultado fue todo lo contrario. Para quienes aún no viven la experiencia, les cuento que el dichoso sillón tiene unas raras piezas metálicas en su interior, las cuales comienzan a moverse de forma rara y siniestra en cuanto uno deposita el importe por el masaje. 

Primero cada una de tus piernas son aprisionadas, después ocurre lo mismo con tu cabeza, al mismo tiempo que en la espalda comienzas a sentir un golpeteó intenso y poco agradable (como si te estuvieran agarrando a batazos). Y lo peor, es que cuando más descuidado y vulnerable te encuentras, sientes una de estas piezas explorando de forma poco gentil tu trasero. Aquello parece examen de próstata. 

No sé qué gestos hacía mientras el dichoso sillón me violaba, pero me imagino el extraño espectáculo que le estaba dando a quienes pasaban por ahí y veían mi cara de sufrimiento y placer. Oficialmente me sentía chango exhibido en circo. 

Los minutos que duró aquel masaje se me hicieron eternos e insufribles. Para cuando todo acabó me sentía como si hubiera recibido una golpiza.

Giré la cabeza para ver a mi novia, quien también lucía como si acabara de correr un maratón. Comenzamos a platicar nuestra experiencia y coincidimos en lo raro que fue sentirse estrangulado, atacado y violado por un sillón maligno. La única diferencia fue que, a pesar de también sufrir los embates del sillón luchador, ella estaba dispuesta a volver a repetir la experiencia. Algo a lo que por supuesto me negué. Ni saliendo del cine ni otro día he querido sentarme nuevamente en uno de esos sillones de tortura. Es más, no sé cómo hay gente que es fan de usar esas cosas. 

Temo que en algún momento de mi vida tendré ir a un psiquiatra y contarle sobre los maltratos que recibí por parte de este sillón de masajes. Si ustedes no han tenido el infortunio de usar uno, no lo hagan. Si respetan su integridad mental y física huya de ellos, véanse en el espejo de este triste tipo que sigue traumado por la experiencia, y que para superarla tiene que escribirla en su blog.

domingo, 12 de julio de 2015

Netflix llegó a mi vida


Nunca le había visto chiste al Netflix, ese servicio de streaming por internet donde pueden verse series, películas y programas de televisión a la hora que uno quiera. 

- ¿Para qué si tengo televisión con cable?, pensaba. 

Sin embargo, de unos meses para acá comencé a sentirme fuera de onda cuando en varios programas de radio y televisión que suelo escuchar, o en sitios web que frecuento, se hacía referencia al contenido de las series que en exclusiva podían ver por Netflix. 

La cosa se complicó cuando en la oficina mis compañeros comentaban con mucha emoción sobre series con historias maravillosas a las cuales yo no tenía acceso. Poco a poco, escuchar nombres como Orange is the new black, House of cards o Daredevil se me hacía más común. Entonces tuve esa terrible sensación de estarme perdiendo algo importante para mi generación, como si hubiera una fiesta fenomenal y yo fuera el único que no estuviera invitado. 

El punto crítico ocurrió cuando estrenaron Sense8 en Netflix, una serie de los hermanos Wachovski cuya historia es todo un debraye, pues trata sobre 8 personas altamente sensibles que viven en distintas partes del mundo (uno de ellas en la Ciudad de México) y que están interconectadas entre sí. 

Ya no me aguanté las ganas y un lunes finalmente saqué mi cuenta. Pensé que hacerlo era poco menos que venderle mi alma al Diablo, pues siempre que hago trámites con tarjetas de crédito siento que me estoy condenando al infierno. Aunque en honor de la verdad, todos los sentimientos antes descritos desaparecieron en cuanto comencé a ver todas las series y películas que podría ver por medio de Netflix. 

Luego me puse a ver Sense8, los capítulos que no he visto de Hora de Aventura y el documental Hot girls wanted. Fue cuestión de días para que mi punto de vista sobre Netflix cambiara, y ahora opino que este sistema de streaming es lo mejor que le ha pasado al mundo. 

Ahora mi problema es que entre la chamba, mis entrenamientos para correr y la vida misma, no tengo tiempo para ver todas las maravillas que este sistema de entretenimiento me ofrece y sufro por ello. 

Escribiría más al respecto pero tengo una cita. Sí, con Netflix.

miércoles, 1 de julio de 2015

Tú, yo, y Valle de Bravo como testigo


Ocurrió un sábado de junio. Desde hace un par de años Tania y yo queríamos volar en parapente, pero por distintas circunstancias siempre terminábamos posponiéndolo . Finalmente los astros se alinearon, hicimos una reservación y nos lanzamos a vivir esa experiencia, que estaba destinada a ser una de las más importantes de nuestras vidas. 

Debido a que el vuelo sería en Valle de Bravo, tras un desayuno ligero salimos muy temprano desde la Ciudad de México hasta nuestro destino. Desgraciadamente una preocupación rondaba mi mente: El cielo estaba nublado al extremo y en ocasiones llovía en la carretera. Bajo esas condiciones, realizar un vuelo en parapente sería imposible por cuestiones de seguridad. 

Aún así decidí confiar en que el cielo se abriría al llegar a Valle de Bravo y llevar a cabo mi plan: Dar un anillo de compromiso. 

Llevaba meses posponiendo la entrega, no por falta de ganas sino porque no había encontrado el momento ideal para hacerlo. Por ello, que la lluvia obrara en mi contra para nuevamente retrasar mis planes se me hacía una mala broma del destino. Afortunadamente, en cuanto arribamos a Valle de Bravo tras dos horas de viajar, el cielo se despejó, permitiendo que el plan que mi plan siguiera en pie. 

Llegamos a las oficinas de la empresa que contraté para realizar el vuelo. Como aún teníamos una hora libre recorrimos un poco del malecón de este Pueblo Mágico, que entre sus muchos encantos, cuenta con un lago artificial que en realidad es una presa creada décadas atrás. 

Para matar el tiempo compramos unas papitas y nos pusimos a comerlas viendo al horizonte. Tania hablaba sin parar, yo apenas y decía dos palabras. Quería aparentar tranquilidad y sin embargo era un manojo de nervios, y como tic, una y otra vez tocaba la cangurera para asegurarme que traía conmigo la joya que cambiaría mi vida y la de ella para siempre. 

La hora llegó y junto con otras personas que también habían contratado el servicio fuimos llevados en camionetas hacia el cerro desde donde emprenderíamos el vuelo. En el camino Tania iba hablando con uno de los instructores. Tras tantos años de conocerla sé cuando está feliz y en esos momentos, su voz y sonrisa denotaban que estaba emocionada por finalmente poder cumplir su sueño de viajar en parapente. 


Llegamos a lo alto del cerro y nos dijeron que nos preparáramos porque en cualquier momento comenzaríamos a volar. Espontáneamente Tania pidió ser la primera y en cuestión de segundos ya le estaban colocando el equipo para hacerlo. Esto echaba abajo mis planes de salir antes que ella y esperarla abajo con el anillo. 


Ni hablar, habría que improvisar. 

Minutos después ella estaba en el aire y yo apenas recibía instrucciones para mi vuelo. 


Las cosas se retrasaron un poco más cuando mi instructor descubrió que el parapente estaba mal enredado y tuvo que acomodar todo nuevamente. 

Finalmente llegó la hora de la verdad y salí volando.

Ir en un parapente es una gran experiencia. La sensación de surcar los aires impulsado por el viento y la paz que se vive allá arriba mientras se disfruta de una vista soberbia es indescriptible. 

20 minutos después comenzamos el descenso, se acercaba la hora de la verdad… 

Aterricé en un terreno de un césped verde a un lado de la laguna. Ella estaba esperándome y se río de lo torpe de mi llegada. Mientras me quitaban el equipo con el que volé pensaba si era el momento adecuado de entregarle el anillo. Observé el escenario a mi alrededor (una inmensa presa, un día románticamente nublado, personas volando en parapente en el cielo) y me di cuenta que no habría otro momento mejor.

Le pedí a Tania que me acompañara a la orilla de la laguna y que me tomara una foto ‘pal feis’. Argumentando que tenía me quité la playera que traía. Entonces Tania vio la otra playera que traía abajo y que durante todo el día había estado ocultando, y que traía la imagen de una pareja casándose. Ella comenzó a llorar mientras yo sentía que se me iba la vida. Me puse de rodillas, saqué el anillo y le dije cuanta tontería llegó a mi mente y con las que intentaba explicar lo que sentía. Recuerdo haberle dicho que me había hecho correr, me había hecho volar, y que me había hecho tan feliz que quería pasar el resto de mi vida con ella

Entonces un abrazo, más lágrimas, un beso y todo el entorno se volvió mágico. Tania aceptó, no había más que decir. Por mi parte ya no estaba nervioso ni tenso, solamente feliz. 

El resto de la tarde fue perfecta: Fuimos por un café, tomamos un pequeño tour que nos llevó a conocer Avándaro y algunas cascadas de la zona, después comimos y al atardecer regresamos a la Ciudad de México, mientras en carretera veníamos escuchando muchas de las canciones que han marcado nuestra historia. 


Seis años después de conocernos decidimos comprometernos e iniciar una gran historia. Incierta pero emocionante. No sé que nos deparé el destino, pero tengo la certeza de que todo a su lado todo será más fácil.

domingo, 31 de mayo de 2015

Hoshi Mamoru Inu – El perro guardián de las estrellas


“Los perros siempre esperan a sus dueños”

Todos los comentarios que leí sobre este manga coincidían en algo: Quienes se adentran en esta historia invariablemente terminan llorando. Esa fue una de las cosas que me hicieron buscar esta edición especial publicada por editorial Kamite por varios días. 

Además, también estaba esa curiosa portada que de entrada parece transmitir mucha alegría, pero que después de leer Hoshi Mamoru Inu (que en México fue nombrado como El perro guardián de las estrellas), me estruja el corazón cada que vuelvo a ver ese campo lleno de girasoles con un simpático perro en el centro. 

Y es que El perro guardián de las historias dista mucho de ser un manga convencional. De hecho, su historia es muy simple y se aleja de las tramas complejas y enredadas de este tipo de publicaciones, quizá por, es más fácil que nuestras fibras más sensibles sean tocadas de forma tan contundente. Tan dolorosamente bello es este relato, que es imposible no sentir la necesidad de interrumpir la lectura para suspirar y controlar nuestras emociones con cada página que pasamos. 

Este pequeño volumen está dividido en dos partes. La primera, que le da el título al manga, trata sobre Happy, un pequeño perro que llega a casa de una familia conformada por una pareja de esposos y su hija, donde tiene una vida apacible durante sus primeros años. 

Poco a poco, Happy comienza a desarrollar una relación más cercana con “Papá” (así conoce al padre de la familia con la que vive), con quien todas las tardes sale a pasear. Tiempo después algunas circunstancias hacen que “Papá” y Happy tengan que iniciar juntos un viaje donde viven algunas aventuras y pasan varias dificultades, a pesar de las cuales ambos permanecen alegres y hacen que su relación se estreche aún más.

Aunque desde las primeras 3 páginas sabemos en qué terminará la historia, es en el cuerpo de la historia y en el camino hacia esa trágica conclusión donde radica el encanto de este manga. Son los detalles sutiles, los diálogos y las acciones en apariencia cotidianas, los que muestran esos pequeños sacrificios de amor que un hombre es capaz de hacer por su mascota y la entrega incondicional de un perro hacia su amo. 


Y es que por muchas desgracias por las que pasemos, si estamos acompañados de un fiel amigo siempre tendremos motivos para sonreír. 

Si tienes un perro no hay forma de no sentirnos aludidos en cada página, y no serán pocas las veces en las que sintamos la necesidad de ir a darle un abrazo fuerte fuerte a nuestra mascota. 

La segunda parte del manga se titula Campo de Girasoles, y está conectada de forma sutil con la primera. Ahí conocemos a otro perro igual de entrañable aunque diferente a Happy y los sentimientos le dan paso a lo lírico. Así la historia alcanza su mayor punto poético y los círculos se cierran. 

Y ya no quiero hablar más de la trama, en primer lugar porque, por más cosas que escriba no alcanzaré a transmitir la belleza y perfección de esta historia tan conmovedora; y además, porque no puedo recordar cada página de este manga sin que nuevamente quieran asomarse las lágrimas en mis ojos. 

Tardé un par de días en reponerme emocionalmente después de leer Hoshi Mamoru Inu. A una semana de recibir esa cascada emotiva, la cara sonriente de Happy en esa hermosa portada me sigue poniendo nostálgico. Y ni que decir de ver a las estrellas en una noche despejada

Mi perro Margarito tiene 15 años y a veces también se queda mirando al firmamento sin explicación alguna. después de leer esta historia creo darme una idea de lo mucho que él me quiere. Y eso me hace sentirme muy feliz pues sé que por más que pase el tiempo el siempre me estará esperando. 

Aunque no es tan sencillo encontrarlo, si se topan con Hoshi Mamoru Inu (lo venden en Sanborns) no dejen de comprarlo, les aseguro que lo disfrutarán mucho. Y sí, van a llorar. 

Hoshi Mamoru Inu
Takashi Murakami 
Editorial Kamite

martes, 5 de mayo de 2015

Huérfano de peluquería


Estoy pasando por un momento difícil en mi vida pues me encuentro confundido y sin rumbo. Supongo que todo hombre ha pasado por momentos así, y es que ahora mismo me encuentro huérfano de peluquería. 

No es la primera vez que me pasa eso de no tener dónde cortarme el cabello, aunque probablemente la situación nunca me había conflictuado tanto. Pero vamos por partes, soy un hombre rutinario y no me gusta eso de andar experimentando cosas nuevas. Por ello, cuando encuentro una peluquería de mi gusto, puedo pasar años yendo religiosamente a ella. 

1. Mi primera peluquería 

Mis recuerdos más lejanos en ese aspecto se remontan a mi niñez, en una peluquería ubicada por el rumbo de la colonia Viaducto Piedad, en la Ciudad de México, a donde iba ocasionalmente con mi papá cada que visitábamos a mis abuelos maternos. Aquella era una “peluquería de hombres”, de esas que tienen revistas de 10 o más años de antigüedad, cuadros con varios estilos de corte de cabello de los años cincuenta, y claro, el peluquero era un viejito delgado con bigotito al estilo Viruta (el de Capulina).

2. Estética Unisex Chanel

Ignoro por qué dejamos de ir ahí, pero un buen día mi papá y yo cambiamos de peluquería y comenzamos a ir a un lugar llamado “Estética Unisex Chanel”. Aunque para ser honestos, aquel negocio distaba mucho de ser una estética unisex, de hecho, era una peluquería muy similar a la que asistía antes. La única diferencia era que este negocio estaba a unas cuantas calles de distancia de mi casa. 

En este lugar siempre ponían la estación de radio del Fonógrafo, también tenían revistas bien viejas y al cortarme el cabello me ponían una especie de crema espumosa en la nuca, la cual luego me quitaban con una navaja. 

En esta estética atendían dos viejitos. Uno que siempre vestía de manera elegante, y otro, también anciano pero un poco más gordo. La verdad los dos eran a todo dar y se llevaban muy bien, pero rompieron su amistad cuando a la estética entró a trabajar un señor al que le decían La Yiyi, lo cual provocó el enojo del viejito delgado. 

Cuenta la leyenda que un día el viejito delgado y elegante le dijo al viejito más gordo y no tan elegante: 

- “Te dije que el día que metieras a trabajar a un homosexual aquí, yo renunciaría”. 

Y así fue. Por años el viejito delgado y elegante siguió cortando el cabello a domicilio y yo seguí asistiendo a la estética unisex Chanel. Por cierto, La Yiyi sólo trabajó ahí un par de semanas. 

3. Buscando la modernidad

Después de años de ir a la estética unisex Chanel dejé de frecuentarla porque el señor viejito gordo ya estaba muy grande y no siempre abría, además, a esto se sumó mi afán de querer cambiar mi peinado por uno más moderno. 

Y aquí debo hacer un paréntesis. En mi vida solamente he tenido tres cortes de cabello distintos: Raya de lado al estilo Benito Juárez (cuando era niño), Raya en medio (en la adolescencia) y el de ahora, que ni forma tiene, y que adopté cuando busqué un nuevo sitio en el cual cortarme el cabello y llegué a la estética Enchantement Profesionales en Belleza.

Aunque el nombre se escuche rimbombante, tampoco piensen que era la gran cosa, de hecho estaba medio rascuache. Aunque claro, ésta sí era una estética unisex en toda la extensión de la palabra. Ya saben, de esos lugares en donde te lavan el cabello antes de que te corten el cabello y a las señoras les ponen papeles aluminio en el cabeza para parecer astronautas. Por cierto, una de sus grandes ventajas era que se encontraba justo en la esquina de la calle donde vivo. 

Esa fue mi peluquería por unos siete años, hasta que hace unas semanas dejaron de abrir. Los rumores dicen que los asaltaron. 

4. Mi orfandad 

Después de que cerraron esa estética quedé desorientado. Intenté ir a otra estética también cercana a mi casa pero la verdad me dejaron bien gacho y me cobraron el doble (150 pesos) de lo que pagaba en Enchantement (75 pesos). 

Y así va mi vida. Tiene más de un mes que no me cortó el pelo y siento que ya parezco albañil. La bronca es que no sé a dónde ir, no tanto porque tema por el resultado del corte (pues nunca me gusta cómo quedo pues siempre parece que me mordió un burro) sino porque me da una pereza enorme eso de andar perdiendo el tiempo probando nuevos sitios. 

Por lo pronto no sé si dejarme el pelo más largo (aunque insisto, siento que me veo como cavernícola) y cambiar de corte. Ya les contaré qué pasa en los siguientes días. 

Sí, ya sé, tengo una vida muy complicada.

martes, 7 de abril de 2015

Los últimos días de nuestros padres


Hace poco más de un año iba terminando de leer La verdad sobre el caso Harry Quebert, un novelón que me voló la cabeza, del autor suizo Jöel Decker. Sobre esa gran historia, que créame, es de lo mejor que he leído en toda los últimos años, escribí un post en este blog, mismo que pueden leer aquí

Por eso, en cuanto supe que Alfaguara publicaría en español Los últimos días de nuestros padres, la primera novela de Decker, quise leerla. Por supuesto estaba latente la posibilidad de que la calidad de esta historia inédita no fuera tan buena como La verdad sobre el caso Harry Quebert. Afortunadamente pasó todo lo contrario.

Alejada totalmente de La verdad sobre el caso Harry Quebert, la trama de Los últimos días de nuestros padres está ubicada en los años finales de la Segunda Guerra Mundial. Sí, quizá muchos ya estén cansados de ver el tema de este conflicto bélico reflejado en la televisión, el cine o la literatura. Sin embargo, esta novela muestra un punto de vista poco abordado: La creación, por iniciativa de Winston Churchill, de la Special Operations Executive (SOE), una nueva sección de servicios secretos británicos, cuya principal función es el sabotaje de las líneas enemigas desde su interior.

Así, el SOE comienza a reclutar a jóvenes de las naciones ocupadas por las fuerzas nazis, para ser entrenados en total clandestinidad. Entre ellos se encuentra Paul-Émile, un joven francés que abandona su hogar en París, donde vivía con su padre, para viajar a Londres. Ahí, junto a otros elegidos, es sometido a varios entrenamientos y adiestramientos extenuantes. En esos meses, Palo (nombre de guerra que se le da a Paul-Émile) conoce y crea vínculos de amistad con Gordo, Aimé, Rana, Farón, Key, Claude o Laura, entre otros. Todos personajes entrañables y perfectamente construidos.

Aquí hacemos una pausa para comentar uno de los grandes aciertos de esta novela: Conforme se avanza en la historia van integrándose más y más personajes, hasta que el lector se pregunta si esto no terminará por hacer del argumento algo confuso, o llevarnos a un final caótico y poco logrado. Y es ahí donde Decker nos muestra sus recursos de novelista, dándole una dimensión justa a cada personaje, y al mismo tiempo mantiene una coherencia narrativa que se sostiene hasta la última página.

Volviendo a la historia. Tras meses de una brutal preparación, en donde el grupo de agentes en formación se reduce considerablemente, los elementos más capaces son enviados de regreso a la Francia dominada para desempeñar peligrosas maniobras de sabotaje y espionaje, de las que no siempre saldrán bien librados. Conforme la historia avanza el contraespionaje nazi los detecta, complicando más las cosas.

“Y no hubo más que un largo murmullo, una queja apagada: Palo, Key y los demás, hasta Rana, el huérfano, eran los hijos malditos, los hombres más solos del mundo. Se habían marchado a la guerra y habían besado apresuradamente a sus padres. Se había formado un vacío en lo más profundo de su alma. Y en la noche inglesa, en la oscuridad de una pequeña habitación de militares con olor a moho, Palo y Key se arrepentían. Juntos. Amargamente, pues quizás habían vivido ya los últimos días de sus padres”. 

Es importante aclarar que Los últimos días de nuestros padres es mucho más que una novela sobre la guerra. De hecho, es sólo el pretexto para darle paso a una historia donde la amistad y el amor brillan con luz propia en medio de la obscuridad y desolación provocada por la ocupación nazi.

El dramatismo no sólo alcanza a los integrantes del SOE, cuyas personalidades van mutando conforme son expuestos a la rudeza de la guerra; también toca a sus familiares, y aquí debemos destacar el que sin duda es de los momentos más bellos de toda la novela: La espera del papá de Palo por su hijo, siempre llena de esperanza a pesar de las dudas. Al final todos, incluso los nazis, sufren pérdidas irreparables pero también tienen oportunidad de redimirse.

El amor de aquellos que se sienten arrojados a una guerra que no comprenden del todo, pero que encaran con valentía aún sabiendo que difícilmente saldrán de ella con vida; el amor entre un padre y su hijo; los conflictos y dilemas emocionales que la guerra siembra entre sus participantes; la amistad transformada en hermandad; la importancia de aferrarse al ser amado para hacer más llevadero el infierno; la búsqueda de la aceptación como motor para seguir adelante; o el miedo a tomar decisiones que afecten a los demás. Todo esto, y aún más, hacen de esta novela un verdadero deleite.

Y sí, a pesar de lo denso del tema, es un libro lleno de alegría y belleza, efecto logrado gracias a la narración de Dicker, que muchas veces alcanza niveles líricos.

*** Este texto es una parte de artículo ¿Quién es Jöel Dicker y por qué deberías leerlo?, que publiqué originalmente en el sitio Sopitas.com.